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Ana ponía de relieve un hecho que a su juicio ocurría cada vez más a menudo y en todos los entornos, y es la forma poco adecuada que tenemos en general de manifestar nuestras opiniones.

Supongo que hasta eso es opinable, y una opinión expresada por una misma persona puede ser recibida otras personas de forma completamente distinta, y lo que para uno es agresivo para otro es vehemente, o lo que uno percibe como sosegado otro puede interpretarlo como edulcorado o falto de fuerza. Supongo que la forma adecuada de dar a opinión varía, no existe una única forma de acertar. Lo que no es aceptable es la falta de respeto.

Para dar la opinión de forma correcta se puede aprender a mejorar la argumentación, la expresión oral o escrita, se puede aprender lenguaje corporal, dicción, recursos de énfasis… pero sobre todo se debe aprender respeto. Y no sólo a la hora de expresar una opinión, sino también a la hora de escucharlas. Muchas veces tampoco sabemos escuchar opiniones diferentes de las nuestras. Interpretamos una forma diferente de ver las cosas con un ataque personal. Y no.

Por ejemplo aquí, en este sitio, en el que opinamos sin parar Ana, Carmen y yo. Muchas veces coincidimos y otras muchas veces o en algunos aspectos sin embargo, tenemos puntos de vista y opiniones diferentes. Muchas veces no somos conscientes pero interpretamos una opinión en contra como una agresión. Y no es eso. Si hablamos de polítia hablamos de política, si hablamos de un sistema económico, si hablamos de la naturaleza humana, hablamos de la naturaleza humana, pero no de lo que pensamos las unas de las otras. Yo cuando opino sobre un tema, piensen lo que piensen mis compañeras, mi respeto y mi admiración hacia ellas se mantiene intacto. Y cuando leo de ellas algo con lo que no comulgo, tengo que mantener la seguridad de que sus sentimientos hacia mí también están al margen de una opinión. Y de hecho, el mero hecho de que sean ellas las que lo han escrito me hacen reflexionar y replantearme las cosas, o analizarlas con mayor profundidad. A veces mi opinión se modifica, otras se matiza, otras se mantiene igual. Y eso nos enriquece.

Hoy leía en un blog la amarga queja de su autor acerca de los cuestionamientos que se le hacen al recién nombrado papa en los tiempos de la dictadura argentina, y decía que todas las críticas se vertían siempre sobre la iglesia católica. Su opinión es respetable, pero sin embargo yo creo que está desenfocada. O sólo ha leído parte de lo que se ha opinado sobre el nuevo papa, o sólo se ha quedado con las que le han resultado agresivas, porque quizás se encuentre a la defensiva con respecto a opiniones que son contrarias a su fe.

El caso y para concluir, tan importante es saber dar la opinión, y como mínimo mantener el respeto, como saber recibir opiniones, y no sentirnos agredidos por el mero hecho de que no coincidan con las nuestras o con las que esperásemos de una persona en concreto.

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