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Es verdad que, como dice Patricia, no siempre tenemos un espejo a mano para reconocernos, para aprender a conocernos mejor, y esa ausencia dificulta el que la idea que tenemos de nosotros mismos coincida con la realidad.

Una forma de paliar esa carencia de espejos reales es usar los espejos humanos parciales que nos rodean, un montón. Porque, si es verdad que los estados de ánimo son contagiosos, que recogemos lo que sembramos, que la vida nos da lo que la entregamos… y lo que dicen tantos mensajes que retuiteamos, reenviamos por correo electrónico o recibimos insistentemente en whatsapp, si todo esto es verdad, digo, la gente que nos rodea es un pequeño espejo de parte de nosotros.

Yo compruebo que hay días que a la gente le da por enfadarse conmigo, así, como por deporte, y la primera vez puede ser casual, la segunda quizá también, a la tercera es para sospechar y a la cuarta ya es fácil que me dé por deducir que ha habido una curiosa coincidencia con que yo me levantara con el genio cruzado. También es posible que no me dé por deducir nada y me acueste con la idea de que el mundo está en contra mía, como si el mundo no tuviera una cosa más relevante que hacer que pensar en mí para fastidiarme.

Por ventura hay otros días en los que estoy tranquila, contenta, sonrío con facilidad y el mundo suele portarse mejor conmigo, aunque también es verdad que, si se porta regular, esos días me importa menos.

Y si eso me pasa según los días, y con conocidos en mayor y menor grado ¿no será verdad que la gente que convive más tiempo con nosotros reflejará más de lo que somos?

Al menos reflejarán lo que somos con ellos y, juntando los trocitos de lo que muestran todos esos nuestros pequeños espejos, seguro podemos hacernos una idea muy aproximada de lo que somos para los demás.

Luego habrá que ver si el puzle completo coincide con lo que creemos ser. Pero ahí la “razón” creo no está de nuestra parte, porque ¿de qué sirve lo que creemos ser si nadie se da cuenta de ello?

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Un pensamiento en “Nuestros espejos

  1. Lúcida reflexión.¿Somos lo que los demás ven de nosotros o somos incapaces de reflejar lo que en realidad somos, por desconocimiento, incapacidad, inmadurez o, simplemente, miedo?

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