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En estos días hay una enorme polémica ante el Real Decreto con que la Junta de Andalucía pretende la expropiación temporal a los bancos del uso de viviendas vacías para alojar familias desahuciadas y en riesgo de exclusión social. Y a mí algunas veces me da la impresión de que el escándalo se ha magnificado por la forma más que por el fondo. En el momento en que salen a la palestra palabras como “intervencionismo” o “expropiación” pierden semántica para cargarse de ideología, las escuchamos y ya no analizamos nada más porque todo se ha teñido de rojo o de azul, y poco importa lo que digan porque se trata de defender algo mucho más elevado que el derecho a la propiedad privada o el derecho a la vivienda, es decir, se trata de socialismo versus liberalismo.

Pero si dejamos lo abstracto (el mundo de las ideas, o los ideales) para centrarnos en lo concreto (la realidad) lo cierto es que utilizamos términos ideológicos en función de que los hechos reales nos convengan o no. En palabras claras: si el estado interviene para evitar la quiebra de un banco hablamos de reestructuración, pero ante la posibilidad de que el estado intervenga para evitar un drama social se habla de intervencionismo.

Yo, que no trato de pecar de objetiva, no puedo evitar, si es que hay dos colores, teñirme de rojo. Pero a pesar del filtro procuro cuestionármelo todo. Me parece muy loable el espíritu de la Junta de Andalucía, pero no sé -al margen de matices constitucionales que me importan poco- hasta qué punto el permitir que unas personas que no pueden pagar el piso puedan ocuparlo durante tres años a cambio de un alquiler social es la solución. ¿Eso resuelve el problema? ¿Y qué ocurre cuando pasen tres años? ¿Y si en tres años siguen sin trabajo? ¿Y si tienen trabajo pero con un sueldo mísero de esos que tanto se estilan y más que se van a estilar de aquí en adelante?

Creo que tras el drama de los desahucios subyace un problema fundamental, y es el alto precio de la vivienda, ya hablemos de alquileres o de compra. Odio las estadísticas, pero a veces son útiles. Resulta que el precio medio del alquiler en España, según Idealista, es de 7,24 euros el metro cuadrado, y que si bien el salario medio -según Idealista en 2010- , es de unos 22.700 euros, el más frecuente es de unos 16.500 euros. Parece evidente que con los rangos de salarios en que nos movemos, el precio de la vivienda es obsceno, y la única justicia sería que el Estado interviniera, quiero decir, actuara para impedir que el mecanismo del libre mercado imposibilite el acceso a la vivienda a millones de personas, porque es un bien de primera necesidad, un derecho constitucional. Creo que no hacen falta muchos más argumentos para justificar una intervención -o reestructuración, o reequilibrio, o reajuste, o actuación; que cada cual use la palabra que más le ponga según ideología.

¿Pero cómo podría hacerse esto? Bien, la solución que propongo a partir de ahora está basada en una explicación inexacta pero bastante próxima a la realidad, y para poder entenderlo yo creo que es legítima. Resulta que hay bancos y cajas (que han recibido ayudas estatales, es decir, que nosotros, pequeños españolitos de a pie hemos rescatado) que tienen unos activos tóxicos. ¿Qué son los activos tóxicos? Son casas. Casas que se han tenido que quedar tras ejecutar una hipoteca y que no pueden vender. Esas casas perjudican sus balances, porque ya no valen lo que valían, sino mucho menos. Entonces, papá Estado, para evitar que se desestabilicen –más- y necesiten más dinero público, dice “vamos a hacer un banco “malo” que se lleve los activos tóxicos –las casas-”. Entonces, con nuestros impuestos, se compran las casas a los bancos y ese banco malo –de los contribuyentes- se las queda hasta que con el paso del tiempo el mercado se recupere, se vuelvan a comprar casas y se recupere el dinero público invertido en tanta casa vacía. Así, gracias al dinero de todos, los bancos quedan a salvo y miles de personas sin hogar y sin posibilidad de acceder a uno, al amparo de sus familiares, de albergues o servicios sociales (que también pagamos los contribuyentes). Y digo yo, ¿no sería mejor que todos esos activos tóxicos –CASAS- que hemos comprado con dinero público, se convirtieran en un enorme parque de viviendas sociales? Pero no durante tres años, sino para siempre, con titularidad pública ya que con fondos públicos se han costeado, y no en edificios vacíos a la espera de tiempos mejores para la especulación inmobiliaria?

Ventajas:

– El estado, vía alquileres sociales, iría recuperando poco a poco la inversión.

– Se garantizaría que todos los españoles tuvieran acceso a la vivienda.

– Desplomaría los precios en el mercado de viviendas de alquiler, puesto que si yo tuviera acceso a un alquiler social proporcional a mis ingresos, considerablemente inferior a lo que me cobra mi casero, a mi casero le han visto el pelo.

– Desplomaría los precios de las viviendas. Probablemente en este país dejaríamos a un lado ese empeño enfermizo por comprar, que tenía sentido cuando una letra era tan cuantiosa como un alquiler. Si muchas más personas deciden vivir de alquiler bajaría la demanda de compra de vivienda y por tanto también los precios.

– El derecho a una vivienda dejaría de ser una bonita declaración de intenciones en una carta magna sólo aplicable a quien tenga un nivel de ingresos que se ajuste a los indecentes precios de mercado, para convertirse en una realidad.

– Y voy más allá, si los ciudadanos tuviéramos que gastarnos menos en vivienda, quizá nos sobraría algo al mes para incrementar el consumo, reactivar la economía, y todo eso que según dicen tan bien le vendría a la maltrecha economía española….

Desventajas:

– Salvo para aquellos ciudadanos que tienen intereses en hacer negocios y especulaciones con un bien de primera necesidad como es la vivienda, no encuentro ninguna.

Aquí además no se ha expropiado a nadie, simplemente se han nacionalizado unos bienes que se han pagado con dinero público, para revertirlos en la sociedad. (Mierda, nunca debí haber utilizado la palabra “nacionalizar”, ahora mismo a ese rojo ya le están saliendo cuerno y rabo….)

En fin, modestia aparte, a mí me parece una idea estupenda que aplicaré el día que sea ministra. Aunque si De Guindos la quiere, se la regalo, en forma de idea CC en la que ni siquiera exijo mención a la autoría. Lo que exijo es menos debate abstracto y más solución real de problemas. Pero problemas de todos, no sólo de los más débiles (a saber: bancos, cajas, multinacionales…). Se nos está acabando la empatía.

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2 pensamientos en “De desahucios, expropiaciones e intervencionismos

  1. Y sería posible que metieras esto en un sobre, le pusieras un sello y se lo enviaras al ministro pertinente en esta cuestión? porque parece mentira con tanto asistente y asesor que a nadie se le ocurran estas brillantes a la par que sencillas ideas! 🙂

  2. No sé, Karmen, el que otra ideas de puro sentido común, mucho menos ambiciosas, y reconocidas en las legislaciones de la mayor parte de nuestros socios europeos como es la dación en pago, se hayan enviado en un sobre firmadas por un millón y medio de personas, y hayan caído en saco roto, me desanima en la empresa, pero por intentarlo… 😉

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