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Ana reflexiona valientemente sobre su posición personal en el controvertido tema del aborto, como ejemplo de lo difícil, por no decir imposible, que es mantenerse objetivo a la hora de opinar o legislar sobre un tema si además te sientes implicado en él.

Creo que la empatia es necesaria para comprender mejor el comportamiento de los demás, para entender sus problemas, necesidades y sentimientos, es decir, me parece indispensable para ser tolerante con los que no piensan como tu. Y supongo que los jueces la tienen lo suficientemente controlada para poder dictar sentencias ante delitos que están tipificados en el código Penal aunque a ellos no les parezcan merecedores de castigo. De ellos se espera profesionalidad para hacer cumplir las leyes, hasta las que no son justas.

Por eso no soy partidaria del jurado popular, queda bien en las películas americanas donde el protagonista es inocente y gracias a un jurado cómplice y a un abogado defensor elocuente vence la verdad y la justicia. Pero en general somos demasiado influenciables, tenemos demasiados prejuicios como para ser imparciales.

En los casos de corrupción muchos se dejan llevar por sus afinidades políticas, así que dependiendo de quien comete el desfalco nos parece más o menos grave. Pongo por ejemplo el caso de los trajes del Sr. Camps que se juzgó en esta mi masoquista ciudad. Tras escuchar muchas de las declaraciones de los testigos, grabaciones de conversaciones telefónicas y pruebas documentales no me quedaba la menor duda de que dicho señor sería declarado culpable, así que cuando el veredicto fue la absolución la única explicación que me quedó fue que si el jurado popular estaba compuesto por una representación de la población valenciana lo extraño sería que lo hubieran condenado, ya que llevan veinte años ganando una elección tras otra con una amplia mayoría de votantes. Me da miedo suponer que por esa misma regla de tres, si el encausado hubiera sido del partido de la oposición habría salido de la Sala con un veredicto de culpabilidad.

Otro caso: la Pantoja. Sus fans la arropaban y le demostraban su cariño a la entrada de la Audiencia donde se la iba a juzgar por su participación en el blanqueo de dinero del caso Malaya. Pobrecilla, seguro que todo fue culpa de Julián Muñoz, que la lió. Si por ese mismo pasillo hubiera hecho su entrada el Sr. Barcenas, o cualquier otro imputado por este mismo delito seguro que no le habrían llovido alabanzas ni mucho menos.

La fina línea de los prejuicios se extiende más allá de la ideología política, todo nos puede influir, inconscientemente una persona de determinada constitución física nos parece más amenazante que otra, o su color, su mirada, su edad, su sexo, su nivel de formación… Para cada individuo esta línea varía dependiendo de su entorno, sus miedos, su educación, su experiencia vital…

Así que yo, como Ana, prefiero no legislar ni juzgar, no solo profesionalmente sino en la vida diaria. Intento ser tolerante con las ideas que son distintas a las mías, incluso con aquellas que quieren interferir en mi propia libertad individual. Porque yo entiendo que debido a las creencias religiosas haya cosas que a unos les parezcan condenables, pero lo único que tienen que hacer es no practicarlas, nadie les obliga a ser homosexuales y además casarse y lo peor, adoptar niños, como tampoco tendrían que hacerse la circuncisión porque vivieran en un país de confesión judía o musulmana.

Creo que había una asignatura que iba de esto, lástima que el ministro de turno se haya dejado llevar por sus prejuicios ideológicos…

prejuicio

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