Home

Explicar la violencia, qué difícil. Intentar llegar a conocer por qué ocurre para aspirar a evitarla. A la violencia incongruente (si es que hay alguna congruente), a esa que se ejerce sobre quién se ha de querer y en su propio refugio, quizá por eso es tan difícil huir de ella.

Busca Patricia razones y, en parte, las encuentra en la ausencia de una correcta educación emocional, y coincide que ayer el capítulo de Redes trataba de la educación emocional y social en los niños y las denominaba habilidades para la vida. Las más útiles, seguro, que se solapan siempre tras las materias curriculares en los coles de todo el mundo. Y, mientras tanto, formamos eminencias intelectuales incapaces de moverse en su círculo social o emocional y eso nos parece un éxito. Porque ¿cómo se mide el éxito social y emocional? No es evaluable numéricamente, así que no se evalúa. Y, de paso, ya ni se enseña. Proponen en el programa de ayer la conveniencia de una hora lectiva a la semana dedicada a estas habilidades, a las más importantes, a las habilidades para vivir, pero, a pesar de lo rentable que explican sería, me temo falta mucho para que esa hora se incluya en el horario lectivo de nuestros hijos.

Después de leer el artículo de Patricia, he visto una película en el cine y no puedo por menos que relacionarlo. Esa violencia en el domicilio, ese intentar analizar el por qué de Patricia y del director de la peli (y de la escritora de la obra teatral en la que se basa), esa referencia a la mujer, a los hijos… Es Maternity Blues, una dura película que pone en duda la aparición automática del instinto maternal en cuanto ponen a un bebé en tus brazos y enfrenta al espectador al más aberrante de los crímenes para que se plantee si, de verdad en la vida hay algo que sea totalmente blanco o totalmente negro, algo tan fácil de juzgar como parece desde fuera. ¿Quiénes son los verdugos?, ¿quiénes las víctimas? ¿Quiénes los culpables?… Esas preguntas no siempre tienen una única respuesta.

Y, mientras tanto, sigue habiendo muertos, y víctimas y verdugos… y quizá todos somos un poquito culpables, pero no lo queremos ver. Cómo vamos a querer verlo, con el miedo que da ser responsable de algo…

Anuncios