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Yo voy a continuar con la metáfora de la vuelta al cole para hacerla literal. Desde hace ocho años, todos los meses de septiembre sufro un engrosamiento de mi yugular por el mismo motivo: no soy capaz de entender que para una buena educación (en realidad y, según PISA, una educación tirando a mediocrilla) un niño de educación infantil y primaria necesite comprar cada curso una media de 27 libros, más los cuadernos, diccionarios, y demás material escolar. Los de secundaria han sido 12. Casi trescientos euros me ha costado cada hijo. Eso, y muchas horas forrando. Yo no he necesitado tal cantidad de libros para prepararme mi licenciatura. Vamos, ni la mitad. Además, está todo pensado, porque las editoriales los conciben para que el trabajo del alumno se realice sobre los propios libros, de forma que no puedan ser reutilizados gracias por supuesto a la complicidad de colegios y profesores.

Cuando preparé oposiciones para secundaria tuve que elaborar una programación del curso que escogiera y defernderla ante un tribunal. Elegí segundo de bachillerato. Y elaboré mi programa y mi método, y en él no existía libro de texto. Con el traje de docente, no se me ocurría nada más terrible que impartir mi asignatura ciñéndome a un libro de texto. Yo prefería ir buscando los contenidos, partir de lecturas que yo mismo proponía a mis alumnos de los que extraer contenidos que ellos mismos tendrían que desarrollar investigando en bibliotecas e internet. Los textos los iríamos haciendo entre todos en clase, con esfuerzo personal de todos. El tribunal se quedó un tanto perplejo. Como también cuando a su pregunta de “y no les va a facilitar esquemas a sus alumnos?” les contesté indignada que no, los esquemas los harían ellos mismos. Si un alumno de 17-18 años no sabe hacerse un esquema y necesita que su profesor se lo haga, apaga y vámonos. Ni qué decir tiene que aunque aprobara el tribunal no saqué la oposición.

El caso es que en un momento de alegato indignado contra editoriales, profesores y colegios, una compañera de trabajo me cortó el speach de raíz diciendo que el futuro estaba en las tabletas, y que en muchos colegios ya las usaban. Era mucho más barato, tanto que de hecho muchos colegios las ponían a disposición de los alumnos a condición de un buen uso.  Mi talante antitecnológico y mi amor por el papel  posiblemente condicionaron mi opinión al respecto, pero como no se puede vivir de espaldas a la realidad traté de hacer una valoración de cómo las tecnologías van a influir y revolucionar las formas de estudiar.

En una tableta se cargan los contenidos de todas las asignaturas y los chavales estudian directamente con ella.  A mí me surge una duda. Yo no leo igual en papel que en el ordenador (libro electrónico no tengo, ni tableta). Cuando leo en un libro me concentro mejor. En un ordenador leo en diagonal, los hiperenlaces me invitan a ir saltando de un lado a otro, hay tantas posibilidades que leo acerca de mucho pero profundizo poco. En general creo que se lee de diferente cuando se hace sobre papel que cuando el medio es digital. Me pregunto cómo será estudiar directamente sobre contenidos y medios digitales.

A raíz de las nuevas tecnologías estamos viviendo unas transformaciones vertiginosas en los patrones de comportamiento social, especialmente llamativas en el caso del uso diario de dispositivos móviles. No dejo de asombrarme por la rapidez del cambio en la forma que tenemos de comunicarnos y relacionarnos, y aunque parezca paradójico, ahora podemos estar conectados todo el día y en todo momento con todo el mundo, y sin embargo las sensaciones de soledad, de incomunicación y de vacío están en auge. Y esto no ha hecho más que empezar. Y yo, por mucho que trato de imaginarlo, creo que no llego ni a aproximarme a visualizar el aprendizaje del futuro. Se admiten apuestas. Aunque me temo que la mía es la de una nueva paradoja.

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4 pensamientos en “El aprendizaje del futuro y las paradojas

  1. Concuerdo contigo Pat aunque muchas veces las mochilas pesen y tengamos que forrar una montaña de libros y libretas para mi es preferible a cambiarlo por una Tableta, ademas de que no han analizado a fondo la cuestión del cansancio visual, una tableta emite luz, por lo tanto calor eso afecta los ojos provocando re sequedad, enrojecimiento, lo conocido como síndrome por sobreuso de computadora , se dice que un niño para tener una buena Higiene visual debe ver un monitor cinco minutos por año de vida, así un niño de diez años como máximo deberá verlo cincuenta minutos , en consulta cada vez son más los pequeños que nos visitan con esos síntomas. Y con problemas visuales realcionados a el uso de computadoras y videojuegos. Yo también abogo por usar la tecnología pero con sus límites,fomentar en un niño a que lea solo en la computadora seria tanto como pretender que solo hablen a través del móvil. Un abrazo

  2. Está claro que el uso de las tecnologías se impondrá. Quién sabe si dentro de unos cuantos años bolígrafos y lapiceros sólo se encontrarán en anticuarios. A mí, más que el tema de la vista me interesa la posible repercusión en la forma de aprender, en la forma de concentrarnos y lo que eso puede influir socialmente. No sé si será mejor o peor. También me preocupa, más que el material didáctico que se utilice, el vlver a fomentar la creatividad, el razonamiento, y el análisis crítico en los alumnos. En general, lo que abunda es ceñirse a un texto, que los alumnos realicen las actividades ahí propuestas, memoricen los párrafos en negrita, y pasen un exámen de rellenar espacios en blanco. Pero de razonar, investigar y crear se hace poco, y se valora nada.

  3. No sé si es más cómodo o no, pero lo que es seguro es que a nada que la tableta dure un par de años sale el tema mucho más barato, para quienes tenemos más de un hijo, hijas en mi caso, en edad escolar, lo de los libros de texto es una inversión más bien cara, y hablo de inversión, y hablo de educación pública, en teoría gratuita.

    Pero llega un punto en el que ves que no, que como sigan las cosas asi no llegas, la beca para estas edades te da para cuatro bolis y una goma de borrar, si los compras en los chinos, llega septiembre y te encuentras con mil pavazos de bellón, lo dicho, benditas tabletas si lo miro por ese lado.

  4. Ahora sí que estoy seguro, es “mi Pat” 😀

    Qué grandísima eres coño, a tí no se te puede leer en una tableta porque no cabes, tendrían que dar teles de 40 pulgadas y aun así entraría tu talento justito justito.

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