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Incluso los soportes o las herramientas digitales cambian. Me di cuenta cuando ayer le envié un sms a mi hermana y ella, usuaria y defensora a ultranza del whatsapp me contestó “¡un sms! ¡cuánto tiempo hacía que no recibía uno!”. Yo a mi vez le contesté que un día de estos le iba a enviar una postal, escrita de puño y letra. Ojalá no olvide hacerlo.

No soy usuaria de libro electrónico, aún imprimo fotografías, tengo un cuaderno y un bolígrafo en el bolso para escribir mis notas, no tengo tableta, escucho discos de vinilo, cuando me acuerdo de un cumpleaños llamo a la persona para felicitarla y escuchar su voz  en lugar de escribir mensajes en muros, y no tengo instalado el whatsapp. Soy lo que se denomina una auténtica marciana.

Siendo así, el otro día, charlando con una amiga me hizo un comentario que me va a servir para rellenar hoy este espacio. Se mostraba indignada ante el poco valor que se le da a las ideas frente a los soportes. A nadie le importa gastarse lo que haga falta en un terminal móvil, pero sin embargo, estaba cansada de escuchar las quejas por doquier debido a que la aplicación whatsapp dejará de ser gratuita en muy poco tiempo. El coste del servicio será de 89 céntimos de euro al año. Y reflexionaba en voz alta ¿tan escandaloso resulta pagar 89 céntimos al año a un señor cuya idea ha revolucionado el sistema de comunicaciones?

Y es que, si nos ponemos a analizarlo, es curioso nuestro sistema de valoración. Damos por hecho que hay muchas cosas que han de ser gratuítas. Especialmente las que tienen que ver con el conocimiento y el arte. Si hay algo que yo valoro de Internet como herramienta es esa facilidad que ha dado para compartir. Cualquier cosa que uno quiera saber la encuentra en Internet. No deja de asombrarme la cantidad de personas que regalan su savoir faire, y no de cualquier manera. La gente enseña lo que sabe, y además se preocupa de hacerlo de la mejor forma posible, atendiendo a estética, a presentación, al uso de imágenes, de música, de más tecnología… Y a mí me parece que el hecho de que Internet haya promovido ese afán de regalar lo que uno sabe hacer a los demás me conmueve. Pero a veces se nos olvida que son regalos. Y que no todo lo podemos regalar. O sí. Y entonces el panadero regalaría el pan, y el arrendador la vivienda, e Iberdrola la electricidad. Y volveríamos al trueque -y parecerá que estoy hablando en broma si digo que la idea me seduce, y más si la alternativa es el capitalismo neoliberal actual, pero es que de los marcianos se puede esperar cualquier cosa…

Quizás hemos pasado de derribar las barreras del arte y el conocimiento, queriendo acercarlas a todo el mundo, que deje de ser un privilegio para unos pocos, para quitarles absolutamente todo el valor. Supongo que no se trata de que una persona, por el hecho de haber desarrollado un gran software, o haber compuesto canciones que emocionarán durante siglos, o ideado cualquier clase de cosa que nos facilite o embellezca la vida sea colmado de oro y riqueza. Pero parece que tiene lógica que pueda exigir un precio que haga que su obra siga siendo accesible, y que pueda seguir comprando el pan, pagando su alquiler y sus facturas. Pero dónde está el equilibrio, dónde está el precio de la justicia, o la cantidad, eso ya no lo sé.

Y yo, en este caso concreto, no soy usuaria de whatsapp, y desde luego no creo que ni Jan Koum ni su socio estén padeciendo hambruna, pero pagar por un servicio que se utiliza constantemente en el día a día -o eso dicen-, 89 céntimos de euro, me parece razonable. Aunque quizás, teniendo en cuenta que lo usan millones de personas, con 5 ó 6 céntimos anuales ya sería suficiente como para que los creadores y su empresa vivieran de forma holgada. Pero bueno, ese ya es otro tema. Y en realidad, y para dejarlo claro del todo, esto no iba del coste de una app.

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7 pensamientos en “Pagar o no.

  1. De marciano a marciana te digo que si ofreces algo como un regalo, la peña se lo esperará como un derecho y si llegado el momento, no tienes posibilidad o voluntad de seguir dando, el malvado de la situación serás siempre serás tú.
    La obra de intelecto se menosprecia porque todo el mundo se siente capaz, las cosas como son. Ahora, del creer al crear hay bastante más que una A de diferencia: hay una vocación escuchada, tiempo invertido en el estudio, dinero invertido en los estudios… pruebas, inseguridades, buscar oportunidades, colaboradores, estar a la altura, insistir… todas partes indispensables de un proceso (independientemente del resultado) que no vemos y que algunos prefieren ni mirar. Es como el dolor: se entiende más fácilmente una fractura expuesta que una depresión. Somos asín de bestias.
    ¿Cuál es el valor de las cosas? No lo sé, lo determina el mercado y no creo que tenga nada que ver con la justicia. Para seguir con tu ejemplo del pan… si te gustan unos zapatos Dior y te los mangas eres una rata, lo mismo con la obra de intelecto. Que entre Jean Valjean y quien cómodamente se descarga lo-que-sea de internet porque el anonimato se lo permite, hay una diferencia muy grande. Cada quien es muy libre de robar el trabajo de otros, peropordios, que lo reconozca con todas las letras que conlleva. Un abrazo, hermosa.

    • (a dess y triste) Seguía dándole vueltas, en concreto a qye si no se valoraba o se incentivaba la creación se dejaría de crear, pero rápidamente he caído en lo erróneo del razonamiento, y al mismo tiempo en el por qué de crear. Yo hago mi trabajo cada día porque me pagan. Si no lo hicieran no lo haría jamás. Porque no soy economista aunque viva de ello. Pero quien es creativo, crea. Por necesidad, por esencia. Porque no puede no hacerlo, ni dejar de pensar, de tener ideas, de inventar, de probar, de hacer. Gracias a dios, nuestra ingratitud y nuestra falta de aprecio no terminarán con una de las grandezas del ser humano. Qué bien veros por aqui, amigos

  2. Estando de acuerdo me da que al whatsapp le quedan dos telediarios, por muy barato que sea a nada que cualquier otra empresa ofrezca algo muy similar y gratis se llevará toda la clientela.

    Cuando estás acostumbrado a lo gratis todo te parece un robo, cuando surgieron los primeros correos tenía yo uno en una página,da igual cuál, tenía un montón de usuarios, la empresa hizo cuentas, un euro por cada uno y tanta pasta sacamos al año, no contó conque al querer cobrar lo que pasara es que todos nos cambiáramos a otro correo que siguiera siendo gratis y la primera página tuvo que cerrar.

    Saludo.

  3. Saludos de otro marciano, Patricia. A mi me gustaría ganar dinero con lo que escribo; de hecho no todo lo que escribo lo publico en el blog, con la idea de que algún día algun editor piense que vale la pena ponerlo en el mercado.
    Ahora bien, teniendo en cuenta que un editor te paga un 10% de la venta de un libro, si publicas un libro de poesía que se vende a diez euros te llevas uno por cada venta. Ponte que vendes 1.000 ejemplares en un año y las ganancias no te dan para comer.
    Mientras tanto, una pila de poemas aguardan en un cajón y a lo mejor se quedan allí para siempre.
    Ahora bien, si vendes como Dan Brown, puedes llegar a ser millonario. El mercado no es justo, como ha dicho Triste Sina, y además, añado, es bastante inhumano.
    Disculpa mi desahogo.

    • Hola Santiago, a mí me gustaría vivir haciendo algo que me gustara más, y que probablemente haría mejor que lo que hago, porque sin pasión las cosas no son lo mismo. Pero ni se me ha pasado por la cabeza que la literatura pueda darme de comer. Fíjate en muchos grandes. Casi todos compaginan la escritura con otros trabajos: clases en la universidad, periodismo, etc… Y no es de ahora: históricamente, salvo honrosas excepciones, los artistas que sólo han vivido de su obra han malvivido, y además se han visto forzados muchas veces a crear por encargo cosas que no les gustaban porque era lo que se vendía. A mí me gustaría que alguna vez algo se publicara en papel, no por ganar dinero, sino para darle a lo que escribo el soporte que me gusta, y para que quien lo lea, lo lea como me gusta. Y que el precio sea el coste del soporte. Pero vuelve a ser lo mismo: se paga el soporte pero no la idea, la idea es regalo. Y aunque no tenga un precio es lo más valioso, siempre. Siempre pienso que en un mundo de recursos limitados, el hecho de que alguien disfrute de más de lo que necesita para vivir implica necesariamente que alguien no tiene lo suficiente. Si ya me parece obsceno el volumen absurdo de necesidades que nos hemos creado para poder vivir bien en este modelo de sociedad que tenemos (que nos andamos quejando todo el día y se nos olvida que vivimos en zona privilegiada del planeta), imagina lo que pienso de quienes atesoran más recursos de los que podrán gastar en toda su vida ¿y para qué tanto? Si hay algo que para mí define el funcionamiento de las cosas es el sinsentido y la injusticia. Yo, marciana, miro lo que hay y no comprendo su lógica ni sus por qués. Y que no se nos olvide que el mercado somos cada uno de nosotros. Lo maravilloso de encontrar el error que hay en nuestra mano es que en nuestra mano está también el acierto.
      La idea de un montón de poemas y lo que cada uno implica, encerrados en un cajón, para siempre, muertos allí, sin poder vivir en nadie más, me ha producido tristeza.
      Un abrazo fuerte

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