Home

Hoy llego tarde, y eso que al final voy a hablar del tiempo, pero no del meteorológico, sino del otro, el que se nos queda corto la mayoría de los días, el que pasa demasiado rápido por nuestras vidas.

Hoy se vota en la subcomisión de Igualdad del Congreso la propuesta de racionalización de horarios, y la medida más comentada es la de adelantar una hora en España para equipararse con el huso horario del meridiano de Greenwich. Desconocía que esa diferencia horaria se debiera a que en la segunda guerra mundial varios países y por distintas razones se alinearon con la hora de Europa Central, y que al finalizar la contienda algunos volvieron al huso horario y otros no. Francia por tener la mayor parte del territorio en el huso central, pero Franco lo hizo como simpatía hacía Hitler. Y ahí nos quedamos, viviendo por delante de la hora solar.

Los expertos dicen que esa diferencia es la que causa los desajustes horarios que solemos tener en este país y que sobre todo afectan a la hora de compaginar la jornada laboral con el tiempo libre. Porque desayunamos pronto, pero comemos muy tarde, por lo que hay que parar a almorzar, lo que conlleva retrasar más todavía la salida por la tarde. Cenamos más tarde que ningún otro país europeo y ya no te cuento si te quieres quedar viendo alguna película o programa de televisión, se te hace la una de la madrugada sin darte cuenta.

Yo he pasado muchos años con la típica jornada de nueve a dos y de cuatro a siete de la tarde, que luego se alargaba hasta las ocho o más dependiendo del volumen de trabajo, y como además no vivía cerca del trabajo solía comer algo rápido y seguir trabajando a mediodía con lo que si sumaba horas pasaba más tiempo en la oficina que en casa. Y siempre había cosas que hacer en el despacho.

Hace años propuse un cambio de horario en el despacho, tenemos un par de días de atención al público por la tarde en los que salimos a las siete, y esos mediodías aprovecho para comer con mis hijos y descansar un rato (ahora si, tengo el lujo de vivir al lado del trabajo), pero los otros tres días son intensivos, de nueve de la mañana a cinco de la tarde. Nos traemos comida y hacemos la jornada continua, de tirón. Hubo voces que protestaron, “perderemos clientes, llamaran y no estaremos…”, se informó debidamente y los clientes se nos han quejado por otras cosas pero desde luego no por el horario.

Por mi experiencia, somos dos mujeres y dos hombres trabajando juntos, y a las mujeres nos cuesta menos adaptarnos a este horario, quizás porque somos las que más lo necesitamos: hijos, compras, casa, gimnasio… salir a las cinco de la tarde y tener varias horas por delante es un lujo al que me sería muy difícil renunciar a día de hoy. Los hombres sin embargo siguen este horario según su comodidad diaria, si tienen algo que hacer por la tarde hacen la intensiva, si prefieren ir a casa a comer para echarse una siesta hacen la jornada partida.

Ignacio Buqueras, economista y presidente en sus ratos libres de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles y su Normalización con los demás Países de la UE dijo el otro día en una entrevista: “Algunos altos directivos me han confesado: ¿Qué quieres, que a  las cinco de la tarde esté en mi casa para que mi mujer me ponga las pilas?” y sostiene que “si mandaran más mujeres habría mejores horarios”.

No sé cual será el resultado de la votación que se está desarrollando esta mañana en el Congreso, pero tanto si aprueban la propuesta como si no espero que no se queden ahí, que realmente tomen conciencia de que hay que cambiar patrones y costumbres ya demasiado arraigadas en nuestra manera de vivir y trabajar. Se da demasiada importancia al presencialismo en el trabajo antes que a la productividad, cuando lo razonable sería premiar al que realiza su tarea en menos tiempo y no al que se pasa diez horas para sacar el mismo trabajo que en ocho, casi nadie puede compatibilizar los horarios laborales con los horarios escolares de sus hijos, llevarlos o traerlos del colegio cuando los dos padres trabajan es tarea imposible, por no hablar de asistir a reuniones y tutorías.

De los horarios comerciales implantados últimamente mejor ni hablar, con la de horas y días que hay en la semana, hasta para los que acaban tarde en sus propios trabajos, no entiendo la necesidad de tener abiertos centros comerciales y tiendas los domingos, y me parece un acto terrible de insolidaridad a las personas que acuden los festivos a comprar a ellos.

Pues eso, que hoy Euler se ha comido mi mediodía, pero es que no tenía otro momento.

Anuncios