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Si atendemos a la RAE el verbo conciliar se refiere a componer, ajustar o acercar posturas, ánimos, ideas o doctrinas, siempre que estas sean opuestas o contrarias. En general últimamente cuando hablamos de conciliar nos referimos a hacer compatible la vida personal o familiar de cada uno, con la laboral. Si nos atenemos a los significados que marca la Real Academia, el usar ese verbo concreto querría decir que damos por entendido que ambas “vidas” son opuestas  o contrarias. Pero ¿cómo pueden ser contrarias u opuestas dos manifestaciones de una misma, y única, vida?

Si optamos por contemplar por separado todas nuestras opciones, llegamos a tener casi más vidas que los gatos. Con la ventaja, para ellos, de que los gatos las viven una tras otra pero nosotros las vivimos a la vez: tenemos una vida personal, una vida laboral, una vida familiar, una vida social, una vida íntima, una vida intelectual… pero al final, lo que en realidad tenemos es una vida, una sola vida. Y creo nos hace más daño considerar que sus manifestaciones hayan de entenderse como opuestas o contrarias porque ya los días se hacen cortos para una sóla vida, si encima nos exigimos vivir más a la vez…. llegará a ser imposible, al menos si pretendemos que no queden secuelas.

A mi me encantaría que se cambiaran nuestros horarios, que los trabajos (los de todos) terminaran hacia las cinco, que cenáramos antes, que la peli o la serie guay de la tele la pusieran a una hora sensata para no ir con ojeras al día siguiente, que cambiáramos un poco nuestras costumbres para racionalizar nuestro tiempo. Sí creo que esto serviría para “conciliar” todas esas nuestras vidas que cité antes: la laboral, la familiar, la social, la íntima… Pero para poder hacerlo volveremos a tener que decidir prioridades y optar por dedicar más o menos de nuestro tiempo a una u otra. Porque podemos inventarnos las vidas que queramos pero el tiempo no, el tiempo es limitado.

Es verdad que, puestos a conciliar, la modalidad para mí más importante es una que no se ve afectada con que el gobierno decida o no racionalizar los horarios. Porque no se necesita ni mucho tiempo ni compañía, ,tan sólo uno mismo y, quizá, un espejo. Es esa conciliación de uno consigo mismo, de lo que uno quiere ser con aquello en lo que uno se está convirtiendo. Porque no sé si sólo me pasa a mi pero, a pesar de que con frecuencia tengo claro a dónde quiero llegar, periódicamente me ocurre que compruebo que no estoy dónde debería estar si hubiera seguido la ruta que había creido marcarme claramente. Y a veces me doy cuenta cuando me desvío un poco y, si tengo tiempo para parar y reflexionar un poco, puedo reconvertir el camino pero hay alguna otra vez que metida en no sé qué tipo de inercia, acabo llegando a destinos que ni de lejos coinciden con aquellos a los que yo aspiraba llegar.

Quizá sólo hacen falta diez minutos y un espejo, uno que nos muestre no sólo lo que parecemos sino que nos devuelva la imagen de lo que en realidad somos, para que podamos conciliar (espero no en la versión de partes contrarias) con lo que queremos ser y podamos ir trazando nuevas sendas que nos devuelvan al camino bueno. A ese camino que, tarde o temprano, nos llevará a ser lo que realmente queremos ser.

Es verdad que es importante poder cuadrar ese puzle de vidas en las que hemos dividido la única que tenemos, pero nada será verdaderamente conciliado si no hemos logrado sacar provecho del espejo y hacer nuestra propia conciliación, la más nuestra, la de cada uno consigo mismo. Bien conciliada esta, lo demás vendrá rodado.

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Un pensamiento en “Mi propia conciliación

  1. Es que al final es un poco eso. Tal como lo veo yo, la conciliación de nuestras diferentes vidas/facetas y la conciliación con uno mismo están íntimamente relacionadas. Lo que uno hace determina en gran medida lo que uno es, y viceversa. Precisamente las elecciones de tiempo, puesto que es escaso, ese emplearlo en una cosa en lugar de en otra, esa decisión nos define en gran medida. Nuestro propio yo, el estar a gusto con uno mismo, que lo que soy coincida con lo que quiero ser, tiene muchísimo que ver con el cómo y con el qué empleo mi tiempo, con mis prioridades, con mis decisiones, y con mi hacer.

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