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Y repito foto. Dentro de poco, para poder hacer música por las calles del centro de Madrid va a hacer falta superar unas pruebas de idoneidad. Los argumentos son varios: que los vecinos se quejan y que las calles del centro son un escaparate turístico.

Si bien  el pálpito de asesinar a un acordeonista desafinado deambulando por terrazas y vagones de metro es frecuente, no lo es menos que, normalmente, los músicos del centro que ocupan un lugar fijo son buenos. Supongo que el argumento municipal será que si son buenos, por qué temen.

Otra de las ordenaciones municipales que se van extendiendo en aras del escaparatismo turístico y la imagen en general es la prohibición de mendigar. Primero Barcelona, seguida de Alicante, Oviedo, Cartagena, La Laguna y la última en sumarse, Benicàssim.

Ya sé que es necesario regular ciertos comportamientos para garantizar la buena convivencia. Pero me pregunto si no habremos rebasado el límite cuando hasta el artista callejero debe someterse a exámenes. Pues el artista callejero suele ser callejero porque el sistema no le dejó otro espacio donde poder vivir de su arte, o al menos exhibirlo, o compartirlo.  Además, según las teorías liberales, cuanto mejor sea el músico más dinero ganará, y el propio mercado decidirá si permanece o no en la calle. Pero las teorías están para que cada uno las aplique en cada momento según su conveniencia.

Y el erradicar al excluido por motivos de imagen es un argumento nauseabundo. A mí, particularmente, ese argumento me genera un odio irrefrenable. Saca lo peor de mí. Me convierte en una terrible vecina, y además con muy mal gusto. Si hablamos de motivos de imagen, buen gusto y convivencia, son esos argumentos los que deberían ser prohibidos, o cuanto menos sancionados.

Porque el problema de fondo es el sacar de nuestros ojos aquello que es incómodo de ver, que pudiera incluso llegar a causarnos algún que otro remordimiento de conciencia, y si el problema es ese, esa imagen de mundo perfecto, sin reveses y sin cruces, echo de menos alguna ordenanza municipal que prohíba buscar en las basuras, los informativos, el periodismo de guerra, las ONG siempre con esa monserga de los niños que se mueren de hambre, con toda esa suciedad y esas moscas, documentales sobre barrios marginales, dramas de familias sin trabajo…. por dios santo, qué mal gusto.

http://www.worldpressphoto.org/

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6 pensamientos en “Ojos que no ven y oídos que no oigan

  1. Ya que no solo no acaban con la miseria, sino que la aumentan, al menos hay que tratar de que no se evidencie demasiado, los pobres es lo que tienen, que se empeñan en salir a la calle en vez de pudrirse en casa como exige la situación del país.

    • La mendicidad es un problema complejo de solucionar y además molesto. De modo que si no se puede arreglar se prohíbe. Además siempre están los juicios morales que evita que se sienta ningún tipo de responsabilidad social: se lo han buscado por alcohólicos, drogadictos o vagos. Y además, si están en la calle es porque quieren, porque ya bastante se hace con pagarles albergues y comedores sociales, y los muy desagradables siguen ahí incomodando a los ciudadanos de bien y a los turistas. Por lo menos se les deja irse a pedir y a vivir en las calles de otros municipios y aún no se les encierra en CIEs como a los inmigrantes sin papeles.

      • Si yo te contara que hace bien poco leí eso mismo en un blog… lo de que “se lo merecen”, curiosamente un blog escrito por alguien cuyo blog rezuma catolicismo por los cinco costados, que en cuatro no le caben, debió de saltarse la asignatura de “caridad cristiana”.

        Bueno, al menos ahora no se quema a la gente en la hoguera, algo vamos ganando.

  2. Para variar, tocas varios argumentos que están tan íntimamente relacionados que es difícil separarlos. Pero voy a tratar. En Suiza, que es un país que conozco bastante bien, la “licencia” para los artistas de calle existe desde que yo recuerdo (1991) puede ser que desde hace mucho más. No sé como sea ahora pero servía sólo para garantizar ese mínimo cualitativo. Los suizos son atentos, respetuosos y generoso. Aquello podía convertirse en un caos. Con la licencia, temporal y rotativa respecto horarios y sitios, un poco de democracia estaba garantizada.
    Europa tiene una enorme tradición de artistas de calle y que no necesariamente “no han encontrado espacio en el mercado”… hay casos de quien necesita la calle como espacio. Te podría dar una lista. Pero por seguir con tu línea, las mismísimas Piaf o Amália Rodrigues llegaron a cantar en la calle (la segunda por muy poco tiempo, la primera se ganaba los garbanzos).
    Ahora, la ordenanza de Madrid, tiene más que ver con la ley de peligrosidad social del enano de Ferrol. Es otro paso hacia atrás.Y por supuesto tiene que ver con el quitar de nuestros ojos lo que no queremos ver: como están haciendo en Hungría, como los basureros que nos mostró Almodóvar en “mujeres al borde”. Caminando por Zürich, pregunté al Tzadik (mi chico de entonces) cómo es que Suiza no tenía junkies… me cogió por la mano y me llevó a una estación de trenes abandonada, con todos los accesos cerrados menos uno: un lazareto. Dosis diaria, rancho, mantas. En la estación, cerrada el público. Junkie que se salía, junkie que los polis devolvían… eso sí, todo muy suizamente: sin violencia ni física, ni verbal. “Pero es que a mi conciudadanos” me decía el Tzadik, “les molesta la idea de mirar un junkie por Banhofstrasse… no lo entienden, prefieren removerlo”. Y aquí me corto o mi comentario terminará siendo más largo que tu entrada. Hay que volver a las barricadas.

    • Ya sé que en otras ciudades se otorgan este tipo de licencias. En Nueva York, sin ir más cerca. A mí me generan conflicto por dos motivos: el primero, que fíate tú de los criterios de idoneidad, y de la racionalización de licencias, tiempos y turnos. El segundo, es que es una de las pocas actividades que quedaban al margen del sistema. Uno podía libremente coger su guitarra e irse a tocar donde fuera. Y ahora veremos. La historia es que cada vez se deja menos fuera del sistema. En Madrid nada de músicos sin licencia, en otros sitios nada de mendigos… dentro de poco prohibirán el vagabundeo, el trotamundismo, el eremitismo… Lo que quiero decir es que hay actividades y formas de vida que hasta ahora no vulneraban ninguna ley, pero que estaban al margen del sistema. Y que cada vez son menos. Todo bajo control.

      • Chiquilla. Basta cambiar la ley… no has dicho nada. En Italia… cuando las andanzas con menores de edad del otro enano, comenzaron a poner en peligro su permanencia en el gobierno, los de su cuadrilla propusieron bajar la edad del consentimiento. El problema es que las leyes no se cambian para garantizar espacios al ciudadano si no para quitárnoslos… totalmente de acuerdo.

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