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Hoy tengo día tonto. En un par (…o tres) de facetas de mi vida se ha juntado la circunstancia de que un trabajo grande se ve recompensado con… una indiferencia mucho mayor. No es que el trabajo esté mal hecho, ni siquiera que tenga fallos, al contrario, coincide que son tres buenos trabajos, pero esa circunstancia es secreta, sólo la sé yo, porque a quienes el trabajo les debería importar… no les importa. Y es verdad que ya hay una satisfacción en hacer bien un trabajo y en darse cuenta de que se ha hecho bien aunque a nadie le importe pero, a veces, a una le pilla cansada y cae en el desánimo y en el… ¿y de qué sirve si nadie se entera? ¿para qué vale? ¿para qué vale si no se consigue nada? ¿es una pérdida de tiempo? ¿es un trabajo inútil?…

Y, andando yo en esas divagaciones tan desesperantes y poco prácticas, he recordado un vídeo que vi hace un tiempo y, en particular, la argumentación de la protagonista sobre qué es o no un éxito, qué se puede (y se debe) considerar un logro… a pesar de existir el riesgo de no llegar al fin perseguido.

El vídeo (el tercero que aparece en la página del enlace) recoge una entrevista a una científica del INTA, un organismo español investigador en tecnología aeroespacial que ha trabajado con otras cuantas entidades del mismo ramo y de primer nivel (NASA incluida), y durante varios años, para conseguir depositar un vehículo (el Curiosity) en la superficie de Marte que pueda recoger muestras y permitir mediciones y otros experimentos que propiciarían un avance científico muy importante a nivel mundial.  Visto desde ahora, el cohete despegó con éxito y también el amartizaje fue el correcto pero, en el momento de la entrevista, el proyecto era a muy largo plazo y muy arriesgado, años de trabajo se iban a poner en juego en el crítico momento del despegue del cohete, o en el del amartizaje (que creo se dice así) y esa es la pregunta que plantea la entrevistadora, sobre la fragilidad del éxito en algo tan complicado. La respuesta en cambio, en pocas palabras, resume toda una filosofía de vida, al distinguir entre el “éxito final” y los “éxitos del camino”, todos esos logros que se van consiguiendo con el fin de alcanzar un objetivo final pero que, se alcance o no dicho objetivo, van a quedar y van a ser útiles para otras cosas.

Mis tres insatisfacciones de hoy son fracasos sólo porque se juntan en un día tonto, ninguna de ellas por separado lo es. Aplicando la teoría de los “éxitos del camino” son varios los que puedo enumerar en cada una. Supongo que un fracaso sólo lo es realmente si nada útil se puede sacar de él, si no hay ningún resultado, ningún aprendizaje, si nada bueno queda después, eso seguro será un fracaso. Pero cuando las cosas no salen lo bien que uno busca, y se ha trabajado mucho en ello, cuando salen bien pero nadie se entera, cuando salen bien y hay quien se entera pero, siendo el principal interesado, le da igual, cuando, en resumen, el buen trabajo no da lugar a un buen fruto… eso es sólo fracaso en el resultado final, un único fracaso, único frente a los numerosos “exitos del camino”.

Mis tres fracasillos de hoy han dado varios frutos, alguno inesperado, y, como colofón, me han permitido escribir el artículo de hoy… ¡menudo éxito!

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8 pensamientos en “¿Y de qué sirve?

    • Sí, eso también, pero no en todos. No todos nuestros trabajos, al menos los míos, tienen recompensa económica. Bienvenido a los comentarios del blog.

      • Ya no importa lo que haces, sino lo que se gana (por ejemplo, es perfectamente lógico utilizar mano de obra barata hasta el espanto (niños en China o India en condiciones deplorables también de seguridad)) si así ganas más. Cualquier otro planteamiento no es competitivo. No se valoran otros aspectos. Un placer.

    • Sí, Triste Sina, con eso cuento, pero no quita para que, de vez en cuando, una parezca no conformarse sólo con eso… Craso error.

  1. Triste Sina, que no me deja “responderte”: puede que en el mundo global no se valore un trabajo en el que no se gane dinero o más dinero, pero yo hablaba del trabajo de cada uno. En esta parte del mundo tenemos la fortuna de poder elegir algún proyecto no remunerado al que dedicarnos, en China o India con las horas que han de dedicar al (poco) remunerado no les queda opción de hacer otra cosa que sobrevivir.

    • Una cosa es la supervivencia, esa tiene que estar fuera discusión. Pero incluso en ese caso, en el trabajo por encargo hay quien consigue encontrar el placer necesario para trascenderlo y (por paradójico que pueda parecer) volverlo una forma de meditación si quieres. La monetización del esfuerzo u otros reconocimientos, vienen del exterior, la certeza primaria tiene que venir de uno, creo.

      • Estoy de acuerdo. A veces nos perdemos intentando buscar reconocimientos exteriores cuando (una vez garantizada la supervivencia) el disfrute de la actividad o, como tú dices, la certeza por el trabajo realizado, tiene que venir de uno mismo.

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