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En Los días del odio se abrió un debate a raíz de la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la doctrina Parot. En este debate se ponen de relieve los fallos de la actual legislación, y se esbozan por encima filosofías de mejora del actual sistema penitenciario en términos de utopía. Y me ha llamado la atención la connoctación que va implícita al término utopía, tanto en los comentarios de ese artículo, como en la mayor parte de las situaciones de comunicación, pues suele ser negativa.

A mí, idear en términos de utopía, ya sea un sistema penitenciario, unos presupuestos generales del estado, un modelo social, o la propia vida, me parece lo suficientemente interesante como para insistir y desarrollar. De hecho, ayer le dediqué un rato a pensar en mi sistema penitenciario ideal. Pero después me decanté por continuar con la utopía en sí.  Y es que lo habitual es que nos dediquemos a destacar y a lamentarnos por todo aquello que nos disgusta. A veces, tratamos de esforzarnos en pensar en algo que mejoraría o podría corregir en parte aquello que suscita nuestras quejas, muy pocas tratamos de poner las mejoras en práctica, pero lo que no solemos hacer es pensar en lo ideal, en lo utópico. Lo que quiero decir es que encontrar mejoras en la realidad existente es casi inevitable, pues el recorrido es amplísimo. Pero hacer el esfuerzo de pensar no en una realidad mejor, sino en la mejor es rarísimo. Y cuando uno se aproxima peligrosamente, se desprestigia .

Pero ¿por qué? ¿De dónde le viene a la utopía esa connotación peyorativa cuando acompaña una idea?

Puede que por el hecho de considerar la utopía como poco realista, de difícil cumplimiento, de nada práctica, de inútil, por tanto. Y lo inútil suele estar mal valorado. Supongo que el argumento es ¿de qué sirve imaginarlo si no es posible hacerlo? Pero yo me pregunto ¿y cómo va a ser posible hacerlo si no somos capaces de imaginarlo?

También puede que influya el miedo. Miedo a que se nos coloque en la cabeza una realidad alternativa que nos guste, que nos guste mucho, demasiado como para que resulte imposible, demasiado como para tratar de encaminarnos hacia ella y fracasar. Mejor no ilusionarse, mejor no intentarlo. Para que la decepción no duela demasiado. A fin de cuentas, a las distopías ya estamos hechos….

Pero no sé quién es más ingenuo, si el que asume el coste de soñar imposibles, o el que asume el que conlleva vivir sin utopías….

PD: Precisamente hoy, mi reader me ha ofrecido esta lectura. Yo me empeño en no creer en las casualidades.

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6 pensamientos en “El (in)útil ejercicio de la utopía

  1. El problema de las utopías, lo que hace complicado cumplirlas, es que al pensarlas no tenemos en cuenta todos los detalles.

    Si yo pensara que lo utópico en este sentido es que todo aquel que lo haga lo pague, que cualquier delito tenga una pena y que la pena se cumpla tal cual, debo considerar que harán falta más prisiones, nadie las quiere cerca, hará falta subir impuestos para pagar más cárceles, funcionarios, comida para los presos, y mil etcéteras, no queremos subir impuestos.

    Si mi utopía es la reinserción debiera estar dispuesto a emplear a un violador cuando sale de cumplir su pena, mas lo que quiero es tenerlo cuanto más alejado de mis hijas mejor, precisamente por eso no quiero las cárceles cerca.

    La utopía no es posible, porque el hombre es hombre, no bajamos la velocidad en la autopista hasta que el detector del radar nos avisa que o lo hacemos o nos cascan multón.

  2. Yo lo enfoco al revés: el mérito de la utopías es que a pesar de todos lo detalles en contra, se siguen pensando. Y el mero hecho de pensarlas ayuda a encaminarse, llegar o no tampoco lo es todo.

    Si seguimos con el ejemplo del sistema penitenciario, a lo largo de los años no hemos llegado a una utopía, pero supongo que en un tiempo habría sido inconcebible pensar en mantener a costa del erario público a los condenados a la pena capital, o que se pensara en mantener en condiciones dignas a los presos -también a costa de impuestos- y no hacinados en celdas, sin apenas comida, sin posibilidad alguna de salir de su celda, sin higiene, con atención sanitaria deficiente… (situaciones que nos resultan aberrantes aquí pero con vigencia en muchos países).

    Hay que pensar más allá de lo que conocemos, porque dentro de nuestra defectuosa condición humana, creo que tenemos mucho margen de mejora. Y para eso están la imaginación y la utopía. Yo creo que está bien marcarse metas bonitas, que al margen de que se cumplan o no, son sumamente útiles.

  3. Yo estoy con Patricia, creo que pensar en las utopias nos acerca a ellas. Es más, muchos de nuestras comodidas y logros actuales seguro que parecían utópicas hace muchos años, y se consiguieron porque alguien soñó con ellas.

  4. Queridas, siento discrepar, bueno, no lo siento, pues creo que disponemos la oportunidad de poder hacerlo y eso de por sí es bueno.

    El que las cosas mejoren no hace ciertas las utopías, mejoran las cosas porque avanzamos como sociedad, bueno, acepto quizá el tomar las cosas como un pensar en un máximo y pensar en lo que conseguimos como si fuera una especie de negociación y/o regateo.

    Pero la utopía como tal, es inalcanzable, porque el ser humano no es utópico, es real, como es real imperfecto, todos tenemos nuestro modelo de sociedad perfecto, que se irá al traste en cuanto lo pongamos en práctica porque no depende de nosotros, ni de cuatro más, depende de todos, siempre habría quien se aprovecharía de la situación y empezarían los problemas.

    Si tomamos como utópicas pequeñas cosas pues cierto, las lograremos, yo estoy seguro que llegará un día en el que la mujer y el hombre tengan de verdad los mismos derechos, y como utopía podrái servirnos. Pero para mí “utopía” es perfección, es algo inmejorable en todo, es una sociedad sin pobres, sin delitos, sin listillos, sin cabrones, donde todos demos lo mejor de nosotros por el bien del resto, esto lo siento, es inalcanzable de todas todas.

    Besos a ambas dos.

    • Si yo creo que no estamos discutiendo el hecho de que la utopía sea o no un concepto realizable o alcanzable, (si nos ceñimos a lo que es utopía según rae : “Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación”), sino la conveniencia de pensar en ellas, de un pensamiento utópico, muy a pesar de que muy probablemente o casi con total seguridad las utopías sean irrealizables.

      • Es que precisamente ahí es donde radica el problema, pensar en pequeñas utopías está bien, el problema es pensar en otras más grandes, porque al no lograrlas la frustración será mucho mayor.

        Se me ocurre un ejemplo la mar de gráfico, pero también la mar de indigno de una señorita como mi admirada Patricia, por lo gorrino digo. 🙂

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