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Ayer domingo tenía yo invitados a comer en casa así que el sábado me fui a reponer las reservas de bebidas, con atención especial al gusto de los agasajados. En media hora como mucho daba yo que iba a resolver el tema líquido de la comida y, cumpliendo el horario previsto, recogí el vino, las cervezas con, las sin, las con limón, los trinas de naranja y limón, todo bien, hasta que llegué a las Coca Colas. Yo no soy cliente habitual de la marca, así que me pilló desprevenida la última campaña publicitaria, porque ahora resulta que cada lata o botella de plástico lleva impreso un nombre y, claro, pues uno no va a comprar para su padre unas coca-colas en las que pone Monserrat y Carolina, así que… a buscar. Para dificultar el asunto, las coca colas se ofrecen en los supermercados (al menos en el que yo fui) envasados en plásticos de doce en doce, o de veinticuatro en veinticuatro según versión. Uno empieza mirando por la ventanita que deja el hueco del plástico y ve Raúl, Rubén…  y decide… este no. Pero en la de abajo se vé que pone Ab… y piensas… ¿no será abuelo? Porque si es abuelo, qué guay que mi padre tome su coca cola Zero en un envase con su “título”, así que rasgas el plástico, miras las veinticuatro una por una y, al resultar que no hay más que un “Abuelo”, abres el siguiente, con la suerte de encontrar otro… y un Diego, que también te viene bien. Pasas después a la Coca Cola normal y, nada más llegar al palé…un Mamá (que qué bonito aunque no te guste la coca cola…) y, a la que abres el tercer pack, encuentras por tercera vez el nombre de uno de tus hijos, sin que haya ni rastro del del otro, así que, aplicando criterio de madre equitativa, no compras ninguno pero… acabas hasta con dos “Ana”, que queda genial en la lata en blanco y rojo pero ya al llegar a la caja dudas que eso te vaya a ser útil para algo ( bebértelo por ejemplo). En resumen, que eché casi hora y media para agenciarme las bebidas del evento y dejé la zona de las Coca-colas un poco más revuelta de lo que me la encontré (nada que no fuera a empeorar el cliente siguiente, por supuesto). Y me dió después por preguntarme… ¿y si el nombre del mayor hubiera estado en el cuarto pack del segundo palé? ¿debería haberlo seguido intentando? ¿puedo ser catalogada ya como persona que se da por vencida antes de conseguir algo? ¿soy una fracasada de las Coca Colas?

A veces, cuando leo o escucho los consejos para animarnos a emprender algo en la coyuntura actual, parece que la conclusión sí debía ser esa. Porque yo me planté, dejé de buscar… ¿fracasé?  ¿cuál es el límite que uno ha de tener en las búsquedas?…

La cuestión es baladí si el tema son las coca colas pero, claro, si extrapolamos, ahora que tanto se nos machaca con el que hay que empeñarse en las cosas hasta conseguirlas… ¿qué ocurre?

Porque parece que el criterio de “no darse por vencido” es de igual aplicación para sueños, trabajo, retos deportivos, profesionales, novios, zapatos cómodos y elegantes a la vez, camisa que parezca de marca pero que cueste barata, coches, casas… cualquier cosa que queramos conseguir. Para todo hay que pelear y no darse por vencido, nunca.

Pero yo sí me planteo una pregunta: ¿de verdad tiene sentido no parar nunca de buscar? ¿no habrá que entender (o explicar si hace falta) que hay que valorar el coste de lo que se invierte (tiempo, emociones, esfuerzo, dinero, soledad, etc. etc. según el objetivo) y lo que se pierde mientras se busca conseguir algo y confrontar esas pérdidas con los beneficios del posible triunfo?

Cada uno tendremos que buscar nuestro límite privado de intentos para según qué asunto, porque, si no, el coste de pasarse la vida peleando en todos tus ámbitos por alcanzar el objetivo soñado… es agotador, y tiene un coste emocional de difícil recuperación. Puede ser tan malo pasarse la vida peleando como no pelear nunca.

En el particular caso de mis Coca Colas… nadie se enteró de que las había, nadie. A los niños les dió por beber agua o Aquarius y a los adultos por esevinitotanbuenoquetienesporaquí… así que, menos mal que me retiré a tiempo, si hubiera decidido seguir buscando lo mismo me hubiera visto obligando a mis comensales a tomar cada uno la cocacolita con su nombre bajo la amenaza de privarles del postre si no cumplían, y animándoles a no desfallecer y alcanzar el fin de la Coca-cola (les gustara o no) para no sentirse fracasados…

Así que menos mal que optaron por el vino… menos mal.

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Un pensamiento en “De lo difícil que es ahora comprar Coca Colas

  1. Jajaja, buena comparación! Quedándome con la anécdota de la coca cola la verdad es que el monton de los dichosos refrescos es ahora el más desordenado de todos los supermercados, así que creo que casi todos acabamos con un nivel medio de frustración al no encontrar nuca el nombre deseado pero si algún otro que además te recuerda a alguien a quien quieres olvidar. 🙂

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