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En su artículo del miércoles Carmen nos contaba que, a pesar de ser socia de una sociedad limitada y tener contratados a varios trabajadores, ella no se consideraba empresaria. Las razones que alegaba eran “no porque seamos pocos, sino porque sobre todo los considero compañeros, porque sin ellos mi empresa no podría funcionar, porque todos somos necesarios y cuando alguno falta la mesa cojea, aunque no se caiga”.

Y a mi me parece una pena que Carmen no se considere empresaria. Durante los últimos años, persiguiendo las supuestas sinergias que se producen cuando las empresas crecen, hemos sido espectadores de un crecimiento desmedido en el tamaño de las sociedades empresariales y, unido al fenómeno de la globalización, hemos llegado a un punto en el que las decisiones que afectan a trabajadores de una delegación de una sociedad en un país se toman en despachos a miles de kilómetros de distancia. Directivos o ejecutivos que ni de lejos conocen las circunstancias personales de los trabajadores y probablemente tampoco las circunstancias concretas del lugar en el que radica la delegación (nada más allá de unos estados mensuales o unos cuadros llenos de colorines pero con poca vida) son los que deciden sobre la producción, la contratación de personal, los ritmos de trabajo, las condiciones de dicho trabajo… todo. Acostumbrados a esta nueva configuración empresarial mayoritaria hemos llegado a identificar al empresario con ese ejecutivo que dirige sociedades a cientos de kilómetros de distancia, ejecutivos que pueden no tener ninguna participación societaria en la entidad (por lo que realmente no serían empresarios)  pero que se distinguen por tomar decisiones rápidas en inglés que afectan a cientos o miles de trabajadores. Y, como eso está feo, resulta que terminamos por concluir que está muy feo ser empresario y… no es así. Empresario es todo aquél que es titular de una industria, negocio o empresa. Son empresarios los socios de cualquier sociedad mercantil, son empresarios los dueños de los pequeños comercios, son empresarios los que contratan personal (incluso para el servicio doméstico), los vendedores en puestos ambulantes… todo aquel que sea titular de una “empresa” es empresario.

Cada día saludamos a varios empresarios de pequeños comercios, y el tamaño de sus negocios no los hace peores empresarios. Todos lo son, los de grandes negocios y los de pequeños y, el ser buenos o no, no depende tanto del tamaño de su empresa como de su conciencia y su personalidad. Hay miles de empresarios “buenos”, hay muchos que pelean por sacar adelante su negocio codo con codo con sus trabajadores, sin menospreciar el trabajo de nadie y repartiendo los posibles beneficios de manera justa. Hay miles de estos, y ahora necesitamos muchos más.

Está difícil la cosa ahora para emprender nuevos negocios, pero hay un montón de gente que no tiene más remedio que reinventarse para volver al mundo laboral. Es más, creo que nuestro mundo económico entero (y no digamos del social o del político) debería reinventarse, y, en ese proceso, nos vendría de perlas que los nuevos empresarios respondieran a la tercera acepción de las definiciones que el diccionario de la RAE  asigna a la palabra, esa que lo identifica con la palabra patrono (persona que emplea obreros) porque, si buscamos la palabra “patrono”, la primera acepción lo define como “defensor, protector, amparador”. La coincidencia de esas tres cualidades (esas que es imposible que tenga alguien que dirige a miles de kilómetros de distancia) en los empresarios que surjan o se forjen en esta coyuntura económica actual serían la garantía de que, de verdad, hemos sacado algún provecho de los malos tiempos para reinventar nuestro tejido empresarial.

Poco podemos hacer por conseguir el objetivo global pero si, en cada casa o en cada negocio (pequeño o grande), nos hacemos “buenos” empresarios añadiremos un granito de arena para la construcción del objetivo final. Y, ya se sabe, grano a grano…

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2 pensamientos en “Grano a grano

  1. Tienes razón, pero quizás sea porque los “empresarios” y dirigentes de la patronal que salen por las noticias son precisamente aquellos con los que no me identifico para nada y de los que tiendo a huir. Además siempre me pregunto como se elige y donde a los representantes de los empresarios, porque si hay que pertenecer a determinada asociación empresarial entonces no representan a todos los empresarios del pais… en fin, es que acaba siendo todo política…

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