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Hace poco estuve un fin de semana en Burgos para ir a la boda de un amigo. No conocía la ciudad, así que el poco tiempo libre que permite la envergadura de estos eventos, lo aprovechamos para conocerla y pasearla un poco. Después de visitar la Catedral y dar una vuelta por el casco antiguo nos dirigimos a la parte que da al río Arlanza.  La ribera era un amplio paseo que desbordaba vida: cientos de personas a pie, en bici, en patines…. riadas y riadas de gente disfrutando de una mañana fría y soleada. Al ver eso, en pleno paseo del Espolón, exclamé “¡¡¡mira!!!!, ¡¡¡Burgos Río!!!”.

Y la reflexión me vino sola. Cuidado que somos paletos los madrileños, anda que no presumimos de nuestro flamante y recién estrenado Madrid Río, como si fuéramos los tipos más sesudos del mundo por hacer disfrutables las riberas de ese pequeño afluente, por permitir que la gente las pise, las pasee, las patine y las cicle, por dejar que los árboles crezcan, y los niños corran, los enamorados se besen,  y que los pájaros canten y las nubes se levanten!. Y Madrid Río por aquí, Madrid Río por allá. Y tan pronto sale uno de su ultramoderna y cosmopolita ciudad se da cuenta de que lo normal, en todos aquellos núcleos de población atravesados por un río, es que éste se disfrute. Y que no es algo de ahora, sino desde que el mundo es mundo, que el hecho de que las primeras civilizaciones se gestaran junto a los ríos, hace más de 7.000 años, no es casualidad. Mesopotamia entre el Tigris y el Éufrates, Egipto junto al Nilo… El agua es vida. El río es vida. Y la vida está para cuidarla, respetarla y disfrutarla.  Pero en Madrid, llegar a esta conclusión, a esta ancestral sabiduría, nos ha costado muchas décadas de autovía de circunvalación, de contaminación acústica y ambiental, años de obra faraónica, y unos cuantos miles de millones de euros que conforman una deuda que terminarán de pagar con suerte los hijos de nuestros hijos. Ahora imagino las caras que debía poner todo aquel ser no madrileño escuchando nuestro entusiasmo por lo que se puede hacer ahora a orillas de nuestro río. Sí, exactamente la cara de “estos tíos son tontos del culo y los pobres se creen los descubridores del fuego”.

Pero esta reflexión no la hago en voz alta sólo para dar cuenta de la estupidez colectiva que me atañe, porque no aporta gran cosa salvo la oportunidad para reirse de uno mismo o de otros según sea la procedencia y el sentir del lector. Lo que me parece interesante de veras es la reflexión que le sigue. Y es que, al igual que las imposiciones de la vida ultramoderna nos han alejado de algo tan naturalmente sencillo de entender como era ese rehabilitar, cuidar y disfrutar de un río, ¿cuántos otros errores graves podríamos estar cometiendo sin darnos cuenta siquiera? En toda esta dificultad y complejidad de vida que llevamos, ¿en qué otras muchas cosas podríamos estar alejándonos de soluciones y formas de vida sencillas y óptimas para, en un intento de solucionar y optimizar, equivocarnos estrepitosamente con complicadas estrategias, llenas de tecnología, obra civil, inversiones millonarias, para finalmente terminar dándonos cuenta de que ese óptimo era mucho más natural y sencillo, como en este caso, el ejemplo del río? ¿hasta dónde las soluciones que inventamos para mejorar nuestro día a día lo mejoran realmente o al final terminamos cona forma de vida irracional? ¿hasta dónde toda la complejidad de ésta época -transportes, infraestructuras, tecnología, ciberespacio– nos han ido alejando del equilibrio, de un orden natural en cuya sencillez pudiera estar la respuesta que tanto nos devanamos en buscar?

 

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Un pensamiento en “Beatus ille

  1. Estoy totalmente deacuerdo contigo. A excepción de que el río que baña la capital burgalesa es el Arlanzon. Y el Vena.
    Aunque el Arlanza también baña Burgos, pero a unos 50 km de la capital. Y su ribera deja unos muy buenos caldos al igual que el Duero.

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