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Cuando se plantea Patricia la baja calidad de las argumentaciones que se nos presentan para explicar decisiones relevantes y que nos afectan a la mayoría, estoy de acuerdo con ella en que de nada sirven aquellas que se quedan en dar la relación de terceros que hicieron lo mismo. Una pésima argumentación que no explica en ningún modo la decisión tomada. ¿Para qué una argumentación entonces? Sería más práctico volver a la argumentación paterna clásica ante cualquier orden que fuera puesta en duda por sus descendientes: “porque lo digo yo”.  Y se acaba el perder el tiempo oyendo aclaraciones de dirigentes políticos, económicos o sociales.

Pero más allá de la baja calidad de las argumentaciones a mí lo que  más me preocupa es lo que ello puede reflejar de la baja calidad de las meditaciones anteriores a la decisión. Porque si uno en su vida privada intenta no tomar decisiones importantes sin meditarlas de forma adecuada, lo lógico es suponer que quienes toman decisiones en nuestro nombre no dejarán de hacer lo mismo. El problema es que, si uno no es capaz de argumentar su decisión posteriormente, a mí me parece que es bien difícil que haya habido una mínima meditación anterior.

Si yo medito algo, haré por ver los pros y los contras y, del análisis de ellos, llegaré a la decisión que me parece más acertada. Si entonces alguien me pregunta el porqué de la decisión yo tendré la respuesta muy fácil porque todo mi pensamiento anterior ha ido destinado a que sean sólidas las bases sobre las que se asiente mi resolución final. Por tanto, si contemplo que les cuesta explicar las bases de su deducción, tiemblo al pensar que la realidad es que esta no se ha producido.

Y volvemos a lo de siempre… ¿en manos de quienes estamos?

No sería fácil que quienquiera que fuese que decidió mantener las concertinas en Melilla hiciera una explicación somera y clara de por qué. Qué otros métodos disuasorios se contemplaron, qué riesgos se asumen y qué riesgos se “ahorran”. Porque se me ocurre a mí, que de esto no tengo ni idea, que con lo que ha avanzado la química de materiales seguro hay alguno que permite construir una valla imposible de saltar o trepar, con algún material que resbale, pero que, sobre todo, no haga daño. Es verdad que parece que alguien en su sano juicio sólo con ver las cuchillas desistiría de subir pero, es muy difícil mantenerse en un juicio sano, cuando la desesperación por tu situación vital te obliga a salir de tu continente “como sea”. En esa situación, si llega a ser planteable meterte en una barca para cruzar el estrecho con decenas de personas, entre ellas tus niños, los cortes de la cuchilla pueden parecerte un mal menor, porque seguro que piensas que, si llegas al otro lado, aunque sea magullado, alguien te curará y te salvará de paso de esa vida de mierda que parece que el destino te está reservando.

Así que a mí, que me dan vergüenza ajena las explicaciones peregrinas a las que pretenden acostumbrarnos (por las concertinas, las contabilidades B de los partidos, los tesoreros corruptos, la malversación o el desvío de fondos públicos, etc.) lo que de verdad me preocupa hasta poder quitarme el sueño es la sensación de que, si no saben explicarlas es porque no las meditaron antes. Y al buen tuntún uno puede decidir si desayuna té o café, si se viste de malva o de gris o qué candidato quiere que gane en cualquiera de los concursos televisivos que nos piden la participación para decidir un ganador, pero me gustaría pensar que todo aquello que atañe a nuestra vida presente y futura, todo eso se va meditar profundamente para que, aunque se caiga en un error, al menos quien tomó la decisión inicial sea capaz de explicar ante sus “afectados” el cómo y el porqué de sus acciones. Yo creo que sería la mejor forma de que ellos durmieran tranquilos. Y nosotros… también.

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Un pensamiento en “Meditación previa

  1. Pues yo creo, Ana, que no se trata de que no lo hayan meditado, sino de que los argumentos reales, las motivaciones de fondo, son inenarrables al público. Y como no hay justificación admisible (imagina: las concertinas para que sea más difícil que se nos llene el país de muertosdehambre porque para todos no hay y nosotros llegamos primero, las contabilidades b para poder manejar sobresueldos y financiación ilegales, que mantener a un partido y a sus ínclitos miembros como se merecen no es moco de pavo, el tesorero es corrupto porque le pareció bien y fácil incrementar su patrimonio, etc….) pues el único argumento que les queda es el manido “y los otros también” y el “y tú más”. Cuando dicen eso están reconociendo que algo no están haciendo bien.
    Cuando no meditan es en el momento crucial, el de decidir si actuar de una manera correcta o reprobable. (Incluso si lo correcto para cada cual es diferente, hay una explicación razonada de fondo, lo que viene siendo un argumento, con el que se puede estar o no de acuerdo, pero lo hay).

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