Home

Se hacía eco Carmen el miércoles de unas declaraciones de Julio Anguita en las que este explicaba que “él respeta a los políticos que estudian, porque le demuestran que tienen interés, que pueden no compartir las ideas en cuanto a las soluciones de los mismos problemas, pero que se toman las molestias en buscarlas estudiándolas”.

A mí, como a Carmen, también me gusta, y mucho, esa idea. Y no sólo para los políticos. A mí también me parece respetable, e incluso admirable, el estudio en su sentido más amplio. No sólo como la lectura de sesudos tratados sino como la intención de aprender, de mejorar, de, como dice la RAE, “ejercitar el entendimiento para alcanzar o comprender algo”.

Por cuestiones profesionales me he encontrado a alguna persona que considera que ya llegó donde quería llegar y no piensa mover un dedo (ni una neurona) para aprender nada nuevo. Porque ya consideran saber todo lo que necesitan saber. Y a mí esa actitud, si es cercana, me molesta. Quizá por eso valoro mucho a quienes no dejan de aprender, a quienes se enfrentan a nuevas situaciones con talante abierto, para aprender antes, durante y después de ellas. A quienes recurren a libros, buscadores por internet, opiniones de expertos, conversaciones, meditaciones o, simplemente, al clásico procedimiento de prueba y error. Cualquier método de aprendizaje es bueno, mientras nos haga movernos.

Yo también respeto a los políticos que estudian pero, sobre todo, admiro a quienes no contemplan la posibilidad de dejar nunca de aprender. Por eso admiro a quienes aprendieron a nadar después de la jubilación, a quienes tejieron y confeccionaron vestidos cuando fue necesario sin haber ido nunca a clase de corte y confección, a quienes aprendieron un idioma porque se plantaron en un país sin haberlo aprendido antes, a quienes se reinventan después de un despido, a quienes educan a nuestros hijos sin perder la ilusión por enseñarles cosas nuevas, y buscan nuevos métodos y actividades para aprender de ellos mientras educan a los niños, a quienes no se quedan en un fracaso sentimental (por mucho que haya niños por medio) y tiran para delante con todo, mirando atrás para aprender pero caminando hacia delante, a la gente que monta una banda de música pasados los treinta y compone nuevas canciones, a los que no dejan de leer, a los que escriben, a quienes idean recetas de cocina para que los “torpes” podamos comer variado… a quienes se pasan la vida entera siendo aprendices.

Alguna vez mis hijos, cansados de deberes y exámenes, me preguntan “Pero mamá, ¿cuándo se deja de estudiar?” y yo, invariablemente contesto “nunca, hijo, nunca” y ellos, ignorantes, se creen que es broma…

Anuncios

2 pensamientos en “Los que estudian, los que aprenden

  1. Bueno, la verdad es que muchas veces no se trata de estudiar, sino de leer, aprender ciertas cosas, sin necesidad de empollarte textos, no sé, cada cual lo que le interese o necesite.

    A mí por ejemplo me encanta la historia, leo mucho al respecto, evidentemente suspendería un examen puesto que me quedo con la historia en si, lo que lea, no fechas, ni nombres, sino vivencias.

Los comentarios están cerrados.