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Los cumpleaños no dejan de ser cumpletiempos, y traen consigo muchas veces un ejercicio de balance. Qué he hecho yo en todo este tiempo. El resultado es diferente en cada cual. Así en retrospectiva, yo creo que me ha cundido. Si bien ya he tenido hijos, he plantado plantas y, en la misma línea de lo pequeño, he escrito relatos, parece que he cumplido y ya desde hace tiempo, los grandes hitos que la tradición marca para dar sentido a la existencia. Yo creo que esos hitos son muy poco ambiciosos y echo en falta uno muy importante que quizás debería estar implícito en todos los hitos anteriores y en cada vivencia que se vive en la vida, hasta en el dormir, pero que no necesariamente se da, que es el amor. En todas sus formas. Pero el caso es que no tenía intención de venir a hablar de amor, sino de la gestión de tiempos, pero de los pequeños, de los del día a día, que es una materia que a mí me viene llevando de cabeza últimamente. Considero que me han dado unos días muy cortos para todo lo que quiero hacer, y eso que ya he cumplido con mis hitos.

El otro día, en la media hora que me tomo para comer en la cocina del trabajo y frente a un tupper calentado en microondas (y lo comento porque me parece una imagen muy ilustrativa), filosofaba mi compañera Gema que el tiempo que se le dedica al trabajo le parecía excesivo, y que estaba cansada de hacer planes y de entusiasmarse con actividades para el tiempo libre y que después se quedaran en casi nada. Decía: claro, entre ir y venir y las ocho horas que pasamos aquí, el tiempo de dormir, hacer cosas en casa, y cenar, ¿qué queda? ¡¡¡¡muy poco!!!! Y eso que yo no tengo hijos… Y yo le contestaba que a diario estaba igual. Cuando acabo de hacer lo que tengo que hacer son las once de la noche  y tengo un cuerpo de escombro que quiere pero no puede con planes. Ni con casi nada.

Curiosamente hace poco también, en una tertulia con amigos, hablando del tiempo libre, uno de ellos decía que el ocio era una novedad del siglo XX en el mundo desarrollado, porque hasta aquí y ahora, el ocio no existía salvo para pocos privilegiados, pero el pueblo llano concentraba todos los esfuerzos del día en sobrevivir. Eso continúa pasando, no lo olvidemos, en una gran parte del planeta. Eso quizás explique los bajos niveles de ambición de los hitos.

El caso es que por lo que parece, el hecho de que ahora tengamos tiempo libre en los fines de semana, y con un poco de suerte, rascarle algún momento al diario, es un hecho que si miramos la Historia de la humanidad desde sus inicios puede que sea novedoso, y supongo que muy de agradecer, y más teniendo en cuenta que aún hoy en día continúa siendo un privilegio, pero a mí se me hace manifiestamente insuficiente.

He optado por analizar mi propia gestión del tiempo. El que dedico al trabajo no es negociable porque tengo que comer, pero si mi trabajo me resultaba tolerable hasta ahora era en buena parte porque era capaz de sacarle cierto tiempo para hacer las cosas que me gusta hacer y realizo en solitario, como escribir. Pero eso se ha terminado, al menos por el momento. Por las tardes reparto mi tiempo entre mis hijos y las tareas domésticas. Y por las noches, el tiempo del cuerpo de escombro, -eso sí, en exclusiva- es para mi pareja. ¿Y el tiempo para mí? Ese casi no existe, y cuando lo encuentro a veces es a costa de los demás, y el caso es que también necesito mis ratos de soledad y pensar, ponerme introspectiva, leer, escribir, editar fotos, sacar un arreglo de violín, idear ideas…. que no serán hitos, pero son mis pequeñas cosas y me gustan. Y renunciar se me da fatal: no puedo permitirme el lujo de renunciar a mi trabajo, no quiero renunciar a mis hijos, ni a mi pareja, ni tampoco a mí. Lo de las tareas de la casa me da un poco igual, la verdad. Y parece que digo esto como con sorpresa, como si fuera la única persona en el mundo cuyo día a día le impone un sacrificio de tiempos importantes, pero no, soy muy consciente de que no soy un ser único, y que esto que me pasa a mí nos pasa a muchísimos, por eso le presupongo un tema de interés.

El hecho en la gestión de tiempos, y ya salgo un poco del yo, yo y yo, es que una cosa es que ahora exista esa realidad de tiempo libre que en otras épocas fuera un bien en manos de muy pocos, y otra muy distinta que la mejora, por muy reconocida que sea, nos resulte suficiente (en algún momento será suficiente? y ya no me refiero al tiempo libre sino a todo en general). Pero a mí se me ocurre un hito a incluir en la lista de hitos cuya consecución se está convirtiendo en un pequeño fenómeno social.  Cada vez  son más las personas que se lanzan a por él, que lo dejan todo para alcanzarlo, quizás porque a su vez el nuevo hito posibilita muchos otros hitos, y estoy hablando de lograr una relación más justa y equilibrada entre obligación y devoción. Una relación entre obligación y devoción que no exija renuncias importantes (pareja, hijos, realización personal, la misma identidad). Y que la obligación no implique insatisfacciones ni hastío. Si hasta hace poco muchos optaban por sacrificar la mayor parte del tiempo, y trabajaban mil millones de horas en algo odioso no por necesidad sino para obtener suficiente dinero como para tener casa grande, coche bueno, salir a restaurantes, viajar, tener los últimos gadgets tecnológicos, etc…. ahora veo una corriente de personas que están priorizando su vocación y su tiempo frente a las comodidades. Pero también veo una corriente de personas que trabajan mil millones de horas en algo que les resulta odioso por necesidad y tampoco en ese caso se resignan, y tratan de encontrar una salida – a veces hasta la encuentran – para cubrir sus necesidades en trabajos de menos horas o más ilusionantes. Que quizás pueda resultar frívolo en los tiempos que corren, y por supuesto que la prioridad es tener con qué cubrir las necesidades mínimas, pero yo estoy hablando de hitos vitales, como lo de plantar un árbol o escribir un libro, pero con una gran repercusión en el día a día. A mí me parece uno importante.

Caída libre, dibujo libre, amor libre, trabajo libre, tiempo libre, tiempo vida, vida libre.

Vida.

Libre.

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7 pensamientos en “Tiempo libre

  1. Yo lo poco que tengo libre lo dedico siempre a lo que más me gusta, los niños, cualquier cosa que tenga que ver con ellos, en realidad tengo pocos hobbits de esos 😀 y prefiero meterme en fregados que conlleven estar en contacto con niños, supongo que a medida que mis hijas crezcan me dará más pereza, pero vaya.

    Tu nunca tienes cuerpo de escombro querida, no blasfemes.

      • Duran poco de niñas, de hecho a la mayor cualquier día le crecen las tetas y se jodió el invento de la niña prendada de su aita 😦

        Hay que aprovechar, pero más allá de eso, de disfrutar de tus hijas, me encantan los niños, y con ellas tengo disculpa para estar en el cole en la asociación de padres, de hacer teatrillos con niños, de participar en la cabalgata…

        Ese ir por la calle y escuchar tu nombre de un enano o enana y que te de un beso… vaya, no hay palabras.

        Besotes reina.

  2. Muchas Felicidades por tu cumpleaños, a mi también me resultan una buena oportunidad para hacer balance, creo que es muy complicado en ocasiones tener tiempo libre, en efecto uno termina sacrificando algo, pero para mi ahora ha valido la pena.
    Un fuerte abrazo

  3. Interesante de lo voraz que resulta tener tiempo libre, o intentar colmar los planes que se destine para él. Algo que es también relevante, radica en la utilidad que se le dé a este tiempo. Al parecer no existe, por el trabajo, recorridos a casa y demás, pero de seguro dentro de todo, cada cual, está en la capacidad de reconocer al menos un lapso, con el que podría ayudar a desintoxicarnos de la rutina. Saludos.

    • Absolutamente de acuerdo. Siempre hay alguna manera -lapso-, y toda esta parrafada tenía una finalidad vindicativa de ello; conformarse con la toxicidad y dejar de buscar aire es autocondenarse a una vida tóxica, a ser tóxico… Gracias pro el comentario.

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