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Aprovechando el tirón de que esta semana en Euler hemos hablado de los estados de ánimo, los periódicos de todo el mundo se han hecho eco de unos documentos presentados en la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos por los que Apple solicita la patente de un sistema por el que dirigiría la publicidad a sus usuarios según su comportamiento y estado de ánimo.

Para poder saber el estado de ánimo de una persona, la patente describe que se recopilaría información física de la persona, como su ritmo cardíaco, su presión sanguínea, el nivel de adrenalina, el sudor, la temperatura corporal y la modulación de su voz.. Toda esta información sería almacenada en perfiles de usuario y, por medio de algoritmos, la compañía podría dirigir publicidad específica a sus clientes.

Parece que Apple dedica parte de su documento de solicitud a explicar que la información recopilada no será utilizada con propósitos negativos, pues el sistema está pensado para generar una mejor experiencia al usuario.

Hasta aquí la noticia.

Y ahora ya viene la inquietud y el temblor…

Eso de que Apple explique que la información recopilada “no será utilizada con propósitos negativos” es admitir que perfectamente podría hacerse. Además ese propósito positivo de “generar una mejor experiencia al usuario” me parece  inquietante.

Supongamos que, por el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, el nivel de adrenalina, el sudor, la temperatura corporal y la modulación de la voz, el sistema detecta que el usuario está en ese momento viviendo un estado de ánimo de éxtasis total (místico, espiritual, deportivo o sexual) ¿cuál es la mejor experiencia para el usuario? ¿presentarle publicidad que le rompa el éxtasis y le calme un poco? (vaya gracia) ¿o fomentar ese éxtasis y arriesgarse a que al “usuario” le reviente el corazón? (vaya desgracia).

Supongamos también que, por el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, el nivel de adrenalina, el sudor, la temperatura corporal y la modulación de la voz, el sistema detecta que el usuario está en ese momento viviendo un estado de ánimo de depresión profunda y de desesperación máxima que le ha llevado a plantearse el suicidio como actividad inminente ¿cual será la mejor experiencia para este usuario? ¿que la publicidad le ofrezca el mejor sistema para terminar cuanto antes? ¿o que le transmita alguna imagen o sonido ilusionante que le permita agarrarse a la vida?

Cualquier persona adulta ejerce un poder, mayor o menor, sobre sus emociones. Lo que sentimos no es decisión nuestra, pero el qué hacemos con esas emociones sí puede ser controlado con nuestras decisiones. Si el día se presenta gris, hay veces que uno decide dejarse llevar por la melancolía y, otras veces, procura realizar alguna actividad que le entretenga para cambiar su ánimo y procurar tender a la alegría o, cuando menos, a la calma. Ni siquiera las emociones o estados de ánimo “buenos” pueden permitirse en cualquier situación. Nada más inapropiado que cantar de alegría en un funeral, tener un arrebato de pasión sexual en la antesala de una consulta médica o ponerse melos@ con la pareja cuando mantiene una conversación profesional en la que se juega el puesto de trabajo del que depende su subsistencia.

Cada día tomamos decisiones, no siempre conscientes, sobre cómo manejar nuestros estados de ánimo. Por eso, mi principal temor ante la flamante idea de los ingenieros de turno es ¿quién va a decidir cuál es esa “mejor experiencia para el estado de ánimo del usuario”? ¿podrá hacerlo el usuario? ¿o será Apple?

Y, avanzando un poco más… Eso de que alguien, o algo, pueda tomar decisiones sobre nuestros estados de ánimo, con la excusa de proporcionarnos la publicidad adecuada… ¿no es como para temblar sin medida?

A mí, al menos, me asusta. Yo quiero seguir pudiendo controlar (o aspirando a controlar, más bien) mis propios estados de ánimo y, si alguna vez necesito ayuda para bregar con ellos, no puedo evitar preferir que el “objeto” controlador disponga de su propio ritmo cardíaco, su presión sanguínea, su nivel de adrenalina, sus sudores, una temperatura corporal cálida (y no como los anfibios) y una modulación de voz que yo reconozca. Lo que probablemente los informáticos denominen un ser humano conocido y que, para el resto de los mortales, es un amig@. De los de toda la vida.

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4 pensamientos en “Los estados de ánimo y… Apple

  1. el otro día hablaban acerca de que gmail tiene un sistema por el cual registra el contenido de todos los mensajes, y por eso la publicidad personalizada. Ese registro permite que la vida que contenga una cuenta de correo pueda en un momento dado ser leída y aprehendida e incluso utilizada por terceros (de momento del grupo google). Qué tranquilizador, verdad? Al menos con apple, con no proporcionarles los datos físicos (ritmo cardíaco, tensión y no sé qué más) que requiere, se evitará, entiendo, que ellos nos proporcionen lo que según ellos es una mejor experiencia para uno (quién mejor que apple para saber lo que es mejor…. ).

    • Sí, Patricia, da repelús que en google tengan más información para acertar, por ejemplo, con un regalo de cumpleaños, que tu propia familia. El concepto de intimidad está cambiando.

  2. Lo divertido del asunto puede ser que en personas de estados de ánimo muy volubles o fácilmente influenciables el programa en cuestión que analiza y sugiere acabe cortocircuitándose. 🙂
    Por lo demás yo todavía estoy pensandome si me gusta o no que me analizen.

  3. Pues ¡que vivan los volubles! Yo ya lo he pensado, a mí no me gusta que me analicen. Y pánico me da el autoanálisis, aunque a veces aún sucumbo a él 😉

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