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Como Carmen sigue ocupada y ha vuelto a dejar un espacio en blanco yo me lo voy a tomar como viernes de tema libre.

Estos días he ido viendo cosas un tanto contrapuestas a los mensajes de renacimiento económico que llegan del gobierno. Ayer sin ir más lejos reconozco que contemplé con estupor a los chicos del Racing negándose a jugar. Llevan cuatro meses sin cobrar y uno de ellos ha tenido que dejar su casa y vive en las instalaciones del club. El presidente, responsable en primer término de esta situación, no sólo no dimite y pide disculpas sino que les acusa de traidores. Y se queda tan tranquilo. Eso me recuerda a los políticos en cuyas manos está el evitar que personas que van a perder sus viviendas se queden en la calle y con una deuda inasumible, y que por no hacerlo resultan increpados. La reacción política no es la de vergüenza o disculpa, sino la de tildar las increpaciones de antidemocráticas y a quienes las emiten de nazis. Y si digo que me ha conmovido presenciar el drama humano de los futbolistas no es porque a mí este deporte me seduzca en especial, sino porque si resulta que la crisis no respeta ni al fútbol, que es una de las pocas cosas sagradas y merecedoras de toda protección gubernamental (por debajo de los bancos, eso sí), estamos apañados.

Otro gran símbolo del poderío económico, de potencia multinacional y del cine americano, Coca Cola, también se ha descolgado esta semana con un ERE para 1250 personas. Reubicará a 500 y 750 se irán al paro. Leyendo un poco y para ser exactos, resulta que no es coca cola en sí, sino la empresa que han formado todas sus embotelladoras oficiales en España, que resultan llamarse Coca-Cola Iberian Partners. Debajo de este nombre hay siete embotelladoras con once plantas fusionadas desde hace unos meses. Nuestros embotelladores unidos, había tenido beneficios (vamos, el dinerito ya libre de polvo y paja que les queda a los accionistas) de 60,57 millones de euros entre enero y noviembre. No me extraña que con esa nadería, aunque de ellas tres (Asturbega, CCIT y Norbega) tuvieran pérdidas, hayan optado por la mejor decisión empresarial que podían tomar: cerrar a esas tres que pierden, más otra de propina. Porque el máximo beneficio es así: para qué mantener esas plantas, si cerrándolas en lugar de ganar 60 millones de euros podríamos haber ganado 65. Lástima de coste social. Ese no se cuantifica porque no lo asumen ellos. Lo asume el conjunto de la ciudadanía. Yo, que no lo termino de ver, y que con mi consumo no me gusta apoyar estrategias empresariales disfuncionales, miopes y crueles, voy a dejar de beber Coca Cola. Por mucho mensaje de felicidad y optimismo y de volver al bar que me pongan por la tele. Tomaré cerveza, que ya tengo una edad.

Pero el colmo fue lo que viví ayer en el metro. Según se cierran las puertas se escuchó la voz de un hombre. “Señoras y señores, dejen que les cuente mi situación”. Otro más, pensé ciertamente equivocada. “Yo soy inmortal, y tengo algunos superpoderes” Rediós! Sí, eso pensé al oírlo. ¡Qué manera de comenzar y ganarse la atención, yo no había visto a un inmortal confeso en mi vida! Y el tipo siguó: “Hasta hace poco, ejercía de súper héroe, luchando contra el mal y la injusticia, y me ganaba la vida con ello. Pero a mi empresa la absorbió una multinacional americana, y como ellos ya se dedican a solucionar todos los males que hay en el mundo, mi empresa me despidió. Así que ahora me dedico a vender chocolatinas en el metro. Tres por un euro.” Así nos va.

Y en una misma semana he presenciado la fragilidad del fútbol, la coca cola, y los súper héroes. Nada es invulnerable. Pero también he comprobado que el sentido del humor y el ingenio permanecen, y que igual de imprevisibles que son ciertas derrotas, lo son también las victorias. Porque ¿quién iba a pensar que una marea blanca (en su honor el espacio de Carmen) iba a ganarle el pulso al poder absoluto?

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Un pensamiento en “Lo imprevisible

  1. Más me he asqueado este finde con esa indigna venta de la recuperación económica que han vendido en el PP, que dice Montoro que no entiende por qué no se les felicita por su éxito.

    Somanta de hostias bien dadas, pero en fin.

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