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A pesar de que el viernes no fui a trabajar porque tengo un niño malo, estas son las horas y haciendo un ejercicio de irresponsabilidad, no tengo mi artículo. Podría echarle la culpa al crío -son muy socorridos para estos efectos-, pero lo cierto es que cuando pienso en los temas de interés general me da la impresión de que se repiten semana tras semana. Abro los titulares de los periódicos para ver si hay alguna noticia que me suscite una opinión brillante y original, y me da la impresión de encontrarme en Atrapado en el tiempo, y que me despierto una y otra vez en el día de la marmota. Hace tiempo que los debates que antes me interesaban ahora me aburren, hasta me irritan. Los mismos temas, semana tras semana, con los mismos tertulianos vertiendo las mismas opiniones. Son tan sumamente previsibles que incluso cuando alguna vez sale un tema nuevo no hace falta escuchar lo que cada uno tiene que decir para saber lo que va a salir de su boca.

Y hoy, cuando me he puesto a repasar las noticias y reparo en lo que me ha hecho pensar cada una de ellas, me he sentido como uno de esos tertulianos. Ya he contado tantas veces lo que pienso sobre todo, soy tan previsible, que cualquier opinión que pueda verter carece del más mínimo interés. Pero como esta reflexión no es muy constructiva, y puede incluso abocar a tomar decisiones drásticas que no tengo pensado tomar, voy a hablar de lo único que se me ocurrió cuando mi hijo Miguel, a pesar de sus delirios febriles, me plantó el canal teledeporte y me impuso la ceremonia de apertura de los juegos de Sochi.

La verdad, a mí los deportes me la refanfinflan un poco, no están dentro de mi centro de interés. Pero me pongo y escucho los problemas de seguridad ante las constantes amenazas terroristas y las polémicas en torno a la legislación homófoba de nuestros queridos dirigentes rusos, o las matanzas de animales, por no hablar del dudoso cumplimiento de los derechos humanos que se gastan éstos a la hora de atajar discrepancias políticas e ideológicas. Y si no, que se lo pregunten a las Pussy Riot (que tienen la suerte de poder contarlo).

Al grano, que lo que pensé con todo eso es que, habiendo tantos países con inviernos blancos, y existiendo un comité olímpico que hace duras pruebas hasta determinar la idoneidad de las candidaturas, ¿cómo es posible que no hubiera un candidato más adecuado (en términos de seguridad, libertad y protección de los derechos humanos) que Rusia? ¿Qué clase de criterios son los que el Comité Olímpico prioriza entonces a la hora de conceder unos juegos?

Entonces escucho: “Los juegos de Sochi han sido los más caros de la historia.”

Acabáramos. Parece mentira, Patricia, que sigas siendo tan ingenua, y que todo sea tan aburrido y tan previsible. Porque para variar, aquí volvemos al tema de siempre…. O igual no, que yo de deportes no tengo ni idea. Y además, me la refanfinflan.

(Ojo, que nadie entienda aquí una velada crítica chovinista a la eliminación de Madrid para las olimpiadas 2020. No me cabe ninguna duda de que había candidatos mejores, además de que por estos lares tenemos otras prioridades mucho más prioritarias en las que gastarnos el dinero).

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2 pensamientos en “Sochi, más de lo mismo?

  1. Bueno, le han dado uno mundial de fútbol a Qatar, después de eso no sorprende nada ni me sorprenderá nada.

    Y en ambos casos no es el dinero lo que me parece más escandaloso, sino la discriminación que gays, en Rusia, y mujeres, en Qatar, viven, el hacer grandes eventos allí me parece un poco apoyar esas discriminaciones.

    Besos reina.

    • Claro: la enseñanza que saco yo de todo esto es que da igual cuáles sean tus valores como nación mientras tengas suficiente dinero. Tanto tienes tanto consigues, ya seas nación o individuo… el cómo seas es completamente secundario.

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