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Celebraba Patricia el viernes el amor a su manera. A esa manera a la que ha de celebrarse siempre el amor, que no es otra que amando. Y no es que, como también decía ella, esté mal recibir regalos o, incluso, enviar mensajes públicos (que qué pegajositas estaban las redes sociales el viernes 😉 ) para que el mundo entero tenga conocimiento de tu celebración, no, lo que ocurre es que esas celebraciones no tienen ningún sentido si no existe la pura celebración de base.

Es verdad que el amor es un sentimiento pródigo, en cualquiera de sus facetas pero, como sentimiento que es, no goza de características invariables y puede ser igual mudable que duradero, igual sólido que efímero, igual intenso que volátil.

Pero el amor (el clásico, al que se suele vivir de dos en dos) en nuestra cultura no suele ir sólo. Porque, con el tiempo, se termina compartiendo, además del amor, una relación física, y tiempos de ocio y, por tanto, amigos, también bienes muebles e inmuebles, familia, hijos… Y se asumen compromisos de vida en común, que no de amor, porque el amor no puede comprometerse. Y a veces (por ventura no siempre) llega un punto en el que el amor se da por supuesto,  y se vive el ocio, los amigos, la administración y disfrute de los bienes, la familia, los hijos… e incluso la relación física, durante mucho tiempo, sin pasar revista a ver si el amor sigue por ahí. Puede ocurrir que, durante mucho tiempo (o incluso toda la vida), ninguno de los dos amantes se sienta intrigado y la situación se perpetúe en el tiempo, celebrando incluso los San Valentines como es de rigor (con bombones, cena, flores y un polvo rápido), pero si a uno de los amantes se le ocurre echar un vistazo atrás y ver qué soporta su vida en común no es fácil continuar con el tinglado. Aunque, a veces, no hay más remedio, porque lo que al principio acompañaba al amor y después lo sustituyó, puede tener un tamaño tan grande, que es imposible de deshacer. Lo que sí está claro es que, o se deshace el tinglado, o lo harán los amantes por dentro. Porque la convivencia con amor es dura pero la convivencia sin amor es devastadora.

Era el viernes día de celebrar el amor, claro que sí. Pero también un día delicado, por ser propicio para mirarse el ombligo y pasar lista. En cuántas listas del viernes el amor no habrá levantado su mano…

Quizá es por esto que, al menos en mi mundo cercano, esta semana es pródiga en… rupturas. No de las escandalosas, no, sólo de aquéllas en las que lo único que han de hacer los amantes (aunque suele ser uno de ellos) es firmar el certificado de defunción, porque su amor, aunque no se hubieran dado cuenta, ya estaba muerto tiempo antes.

Lo único que hay que hacer (bueno, lo único después de liquidar sociedades gananciales, afrontar vidas a solas, paliar los daños en los menores implicados, dar explicaciones a las familias, amigos, trabajos, colegios, bancos y hasta a El Corte Inglés… ) Lo único, digo, que hay que hacer es aprender que, en aquéllas nuevas relaciones que vendrán(que siempre vienen, a pesar incluso de que uno se resista) , hay que acordarse de pasar lista de vez en cuando. Y, si en ese momento, el amor respondió “presente”… celebrarlo. Porque no hay mejor motivo que ese, diga lo que diga el calendario.

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6 pensamientos en “¡Presente!

  1. Genial! Soy de la misma opinión, muchas veces no nos preguntamos estas cosas por miedo a las respuestas, que sobradamente conocemos. Lo peor es acostumbrarse a dejar de sentir.

  2. Tambien lo veo yo como tu lo has descrito, por cierto, estupendamente. La convivencia con amor es difícil, sin amor es devastadora.

  3. “firmar el certificado de defunción, porque su amor, aunque no se hubieran dado cuenta, ya estaba muerto tiempo antes” creo que a veces esa es la parte mas complicada, el reconocer que ha muerto.
    Me gustó mucho tu reflexión
    Abrazos..

  4. Es complicada, Shira, por difícil de asumir. Que hayas podido construir tanto “tinglado” y pueda venirse todo abajo es difícil de asimilar y es fácil que te haga negártelo durante mucho tiempo. Gracias por venir. Un abrazo.

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