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Me pilla Carmen calentita con un tema también de claro sexismo para mi gusto aunque quizá menor en sus efectos al compararlo con gran parte de lo que ella cuenta. Eso no quita para que a mí me indigne (reconozco ser de fácil indignación en determinados temas).

Me refiero a la diferencia en el saludo profesional entre hombres y mujeres. En la parte profesional digo, no en la personal, que en la personal cada uno decide en función de la relación o situación si se decanta por el apretón de manos, apretón de manos con abrazo, dos besos, beso único… o morreo directamente si la circunstancia y los sujetos implicados lo requieren, allá cada cual.

Mi indignación nace de cuando, acompañada de compañeros de sexo masculino, has de presentarte a nuevos compañeros, acudir a una reunión con un jefe no habitual, con nuevos clientes en una comida, o en cualquier otra situación laboral en la que se mezclen hombres y mujeres y, a los varones se les salude con un apretón de manos y a las mujeres, a pesar de que claramente puedas interponer tu mano en posición de saludo, el susodicho jefe, cliente, compañero… la usa para acercarte y plantarte dos besos. Pues a mi esto me indigna.

Y si ya llegamos al jefe que te larga gran parte de su trabajo mientras te exige premura y parece considerar que la alta gracia de ser besada por él debe ser pago suficiente… me indigna más.

O, que en plena reunión de trabajo, para distender el ambiente, a una mujer se le pregunte por sus hijos o su vida personal, algo que nunca se haría con sus compañeros masculinos… pues me indigna también.

Y me indigna en general ese machismo sutil que se envuelve de halago, de confianza y de intimidad.

Yo creo que cada uno tenemos a nuestro alrededor algo así como una “distancia de seguridad” ante el resto de las personas y, según los grados de confianza, esa distancia es mayor o menor. Si, yendo en un vagón vacío del metro, vemos entrar a un desconocido o una desconocida y se nos planta a diez centímetros, es raro, y es incómodo porque invade ese espacio tuyo no regulado en ningún sitio. En cambio, si llegas a casa y tus convivientes te saludan con un gruñido o un silencio a diez metros de ti, también es raro (salvo que tus convivientes sean adolescentes, claro) porque tu distancia “de seguridad” con ellos es menor (mientras se dejan).

Con amigos, familia, conocidos, compañeros de trabajo, desconocidos… según personas y situaciones hay distintas “distancias de seguridad” y, a veces, hay que llegar a acuerdos tácitos para que nadie se sienta incómodo. Y esa distancia incluye espacio físico y espacio vital, porque ni tu cuerpo ni tu vida personal tiene por qué estar expuesta a cualquiera si tú no has decidido exponerlos.

Pues una vez aclarada mi teoría de las distancias de seguridad, paso a concretar mi opinión. Yo creo que los dos besos, como saludo en el trabajo, es una absoluta infracción de las distancias de seguridad preceptivas en una relación laboral. Y las preguntas personales en momentos de clara dedicación profesional, pues a mi me parece que también. Es más, empiezo a considerar que es una lástima que no haya un código de conducta laboral asimilable al código de circulación en las carreteras, porque así quizá algunos, temiendo la sanción de retirada de puntos, aprenderían a conducirse como es debido y, para los reincidentes, siempre quedaría la opción de retirarles el carné y ser apartados de la circulación, hasta que aprendan.

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2 pensamientos en “La distancia de seguridad

  1. Totalmente de acuerdo! Siempre me ha molestado esa diferencia de trato en el ámbito profesional. Lo de los dos besos, determinados comentarios supuestamente halagadores que jamás se harían a un hombre… Genial el concepto de distancia de seguridad. ☺️

    • Gracias. Lo difícil es que los otros aprendan a respetar tu distancia. Y, para eso, me temo habrá que pasar por “sieso” 😉

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