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Pues hablando acerca de hombres y mujeres, y del misterio insondable que nos resulta siempre el sexo opuesto y el por qué de sus comportamientos, hace un par de semanas leí en un blog -al que no sé muy bien cómo llegué-, que habían inventado algún tipo de realidad virtual o de artilugio neurológico, -un cacharro, en resumidas cuentas-, con el que se conseguía –de alguna extraña manera que soy incapaz de explicar- que una persona consiguiera sentirse en el cuerpo de otra persona. Literalmente una persona experimentaba como propio un cuerpo ajeno. Todo esto está explicado de una forma muy poco precisa, sin rigor científico, y sin ninguna pruebla, y sé que con esta falta de referencias el lector puede creer semejante hallazgo o bien pensar que es pura ficción. Pero en realidad eso poco importa.

La cosa es que adivinad qué fórmula de intercambio se probó: un hombre experimentando las sensaciones de un cuerpo de mujer y viceversa. Por supuesto. Desde luego no creo que yo sea la única en sentir una curiosidad terrible. Hace una semana, tomando una cerveza con Ana, le hablé de este tema, que tenía recién leído, y ella me dijo que a su vez también había leído que había hombres que se habían sometido a electro estímulos con la finalidad de conocer cuáles eran los dolores de parto. A mí esto me dejó anonadada. Supongo que tanto menosprecio de sus propias dolencias, tanto escuchar el manido “a ti te quería ver yo pariendo”, que algún que otro hombre no ha tenido otro remedio para hacer que las personas de sexo femenino le respeten que someterse de forma voluntaria a un dolor semejante. Y la verdad, y en honor a la misma, si un hombre quiere conocer en carnes propias los dolores de parto, sólo tiene que solicitar una anestesia epidural. No entiendo que el respeto se mida en función de los sufrimientos físicos padecidos.

A mí, desde luego, si hay algo que me produce curiosidad acerca del cuerpo masculino, y lo que me gustaría experimentar como propio, es el misterio de la erección. Mientras que para nosotras el mecanismo de la excitación suele ser lento, sutil y progresivo, esa inmediatez y evidencia masculinas me parecen fascinantes. Por otro lado, creo que, si fuera hombre, tendría también claro lo que me gustaría probar del cuerpo femenino… (y no, no es el parto).

Aunque, si me pongo a pensar en curiosidades que pudieran satisfacerse conectándome al sistema neuronal de otro ser para sentirlo como propio, no sé, quizás estaría bien sentir lo que siente un alpinista cuando hace cima en un K8, o una bailarina en plena conexión cuerpo música, o un músico virtuoso interpretando…. de hecho en muchos casos solicitaría el intercambio con personas muy concretas, con su nombre y su apellido. El problema que yo le veo, es que después te sacas los electrodos y vuelves a ser tú o yo. Y quizás, ciertas sensaciones podrían llegar a provocar adicción. Y mejor igual es aprender a generar la adrenalina uno por sí mismo y no depender de que otro te permita enchufarte a su sistema nervioso….

Y además, por otro lado, aunque el conocimiento ayuda a la comprensión, y aunque mi curiosidad sea grande y no sé si podría resistirme en el caso de que me surgiera la oportunidad de ponerme unos electrodos en la cabeza y sentirme un tío por unos instantes, y otras muchas cosas, en cierto modo, la vida es mucho más apasionante cuando es grande la evidencia de que hay un sinfín de misterios por resolver  -incluso imposibles de resolver-, y hay un lugar para el asombro y el descubrimiento…

Vamos, que ese cacharro tan genial, esa posibilidad de intercambios neuronales, de ponerse en cuerpo ajeno, cuya existencia podría tanto ser cierta como un fruto de mi imaginación, hace aguas por todas partes….

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Un pensamiento en “Intercambio de cuerpos

  1. Lo malo es que ni nosotros controlamos las erecciones, van a su bola, en cuanto a los dolores del parto, están sobrevalorados, yo he tenido dos y apenas me dolió 🙂

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