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Hoy es martes. A pesar de que yo “soy” lunes, resulta que hoy es martes y el día de ayer, mi lunes, se me pasó sin escribir. Podría alegar la ajetreada vida habitual de los adultos trabajadores y progenitores de hoy o falta de inspiración o un imaginario dolor de cabeza tan socorrido para múltiples ocasiones… pero no sería cierto. Si yo no escribí ayer no fue por falta de tiempo o de inspiración, no, si no escribí fue porque no quise.

Todos escribimos nuestra propia vida. Es verdad que son muchas las historias que nos ocurren sin que nosotros podamos elegir pero, aunque a veces no podamos elegir qué contamos, sí solemos poder elegir al menos cómo lo contamos.

Ayer me ocurrió algo que llenó mis pensamientos con fuerza suficiente para que no pudiera escribir sobre otra cosa. Alguien muy querido me llamó por teléfono y me contó un hecho, una situación, una sensación que invadieron mi privacidad de elección de tema y hasta me obligaban a usar un tono concreto al narrarlo, un tono triste, desanimado, desesperado, un tono de los que nunca querría usar, porque cuando oímos una narración que nos transmiten otros con un punto de vista muy marcado, es muy difícil cambiarlo sobre la marcha.

Si hubiera escrito ayer, el tema me hubiera sido dado (sin poder elegirlo) y el punto de vista desde el que habría de narrarlo también, así que la única rebeldía posible, era no escribir. Y así lo hice.

Hoy ya me siento liberada, afectada pero con distancia, con capacidad para elegir qué historias de las que protagonizo, veo, oigo o leo, quiero contar, y desde qué punto de vista.

Quizá esto que me pasa en la vida que escribo pueda también trasladarlo a la vida que vivo. Porque a veces hay historias que me pasan que me gustaría que no me pasaran, pero no puedo evitarlas, y ellas solas deciden formar parte de mi historia, sin contar conmigo. Y es verdad que formarán parte de ella quiera yo o no pero sí puedo elegir escribirlas, y fijarlas en mis recuerdos, o no, dejando que el tiempo se ocupe de convertirlas en un vago recuerdo de dudosa realidad. A ver si me sale.

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