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Siguiendo la línea de Carmen que nos hablaba el miércoles de esa otra riqueza de la que disfrutan gentes alejadas de esta parte “civilizada” del mundo, hoy, y sujetándome a la estricta realidad, deportiva además, quiero hablar de una de esas grandes pobrezas (porque me temo que no es sólo una) que sufre nuestro avanzado y moderno mundo: la estrechez de mundo, de miras, de mente que, en resumen, lo mismo es.

Hoy he leído en tuits y en periódicos on line a cerca de un hecho ocurrido ayer en el campo de fútbol del Villarreal mientras el equipo local se enfrentaba al Barcelona. En el momento en el que Dani Alves, un jugador de tez oscura, iba a lanzar un saque de esquina, un aficionado estrecho  mental le lanzó un plátano, porque resulta que el apelativo de “macaco” es de los que Dani Alves ha de escuchar de forma habitual.

Acabo de echar un vistazo a las noticias que se hacían eco de este incidente y he podido leer que insultos de este calibre son habituales en los campos deportivos, de los aficionados a los jugadores de los equipos contrarios, pero también de los aficionados a los jugadores de su propio equipo e, incluso, de los jugadores de fútbol entre ellos.

Parece que hace ya unos años Eto’o en un partido en la Romareda (contra el Zaragoza) llegó a hartarse de lo que escuchaba hasta el punto de decidir salir del campo de juego y no jugar más. El árbitro y su entonces entrenador lo convencieron pero cierto es que al jugador no le faltaba razón.

Cierto es, lo que siempre se dice, que los jugadores de fútbol cobran mucho dinero por hacer su trabajo, pero eso es, su trabajo,a nadie se le puede exigir desarrollar cualquier labor mientras oye insulto tras insulto.

Y esa imagen de lo que ocurre en los campos deportivos es lo que ven de nosotros en algunos sitios del mundo, los insultos, los desprecios de los estrechos mentales hacia quienes consideran, supongo, inferiores.

Me parece lamentable. Por los hechos en sí y por lo que representan, porque si a los jugadores de fútbol, que no dejan de ser una éltite entre los inmigrantes, se les trata así, ¿hasta qué punto están sufriendo ese desprecio quienes ocupan trabajos de menor renombre?

¿Por qué seguiremos siendo tan estrechitos?

Divertida creo ha sido la campaña iniciada por los compañeros brasileños de Dani Alves, ese “todos somos macacos” que inició Neymar con su hijo pequeño en las redes sociales, pero corta me ha parecido, porque no sólo se insulta a Alves o a los brasileños, sino que, al final, creo, se nos insulta a todos. Y aún no he visto a ningún jugador “nativo” de aquí apoyarlo. En un mundo tan amplio como el nuestro, civilizado o no, no hay persona que no pueda sentirse extraña o diferente en algún lugar y, además, hasta los cafres que ofenden y agreden, todos descendemos de monos (aunque sí parece que algunos han alcanzado poca evolución mental), por lo que, al final macacos, macacos, podríamos ser todos. O no.

Porque el seguro macaco sin evolucionar es el que tiró el plátano, y aquél que le rió la gracia (si lo hubo) y aquellos que insultan a quienes vienen de otros países, o de otras razas, o los que insultan en general, los que van a un centro de ocio (deportivo o no) a sentirse grandes insultando a otros. Me diréis que eso no es de macacos, macacos.

Aunque mirándolo bien, los estrechitos son maleducados, incultos, groseros, antideportivos…. pero macacos no, que qué culpa tendrán los monos y no nos vamos a poner nosotros a la altura de algunos otros insultando gratuitamente a otra especie. No, que los estrechitos son de la nuestra… unas joyitas.

 

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2 pensamientos en “Macacos: de la pobreza de miras o la estrechez mental

  1. Teniendo razón, que la tienes, eso de que ninguna persona debería escuchar insultos mientras trabaja… vaya, que los hay quienes los aguantan y yo los aguanté, constantemente, no por mí, por el trabajo, cobrando mucho mucho menos y sin que nadie nos hiciera campaña alguna de apoyo, más bien al contrario.

  2. Sí, esa es la idea. Que si los futbolistas que son privilegiados no se libran de esto, en el resto de los mortales ha de ser mucho peor y, como tú dices, sin ninguna campaña de apoyo. Somos una civilización muy poquito civilizada, me temo.

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