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El artículo de Ana es un alegato al respeto y la sensatez, pero un detalle, que si bien no afecta al fondo de lo que ella quería decir sí que creo que tiene consecuencias importantes, me ha suscitado réplica, y es cuando dice que “la fe es un acto de voluntad”; no estoy de acuerdo.

La voluntad se utiliza para levantarse de la cama un viernes a las 7 am cuando suena el despertador y has dormido cuatro horas, y te mueres de sueño y te pesa el mundo, y aunque sea viernes no te sientes con fuerzas para afrontar el día, pero entonces aparece el pensamiento, y muy racionalmente uno se dice “te apetezca o no, tienes que salir de la cama, tienes que hacer el desayuno, ir a trabajar, ir a vivir” y entonces, haciendo uso de la voluntad, uno coge y contraviniendo sus apetencias, descubre el edredón, mueve la pierna izquierda, y después la derecha, y empieza.

La voluntad se utiliza cuando uno tiene elevados los niveles de azúcar en sangre y aunque te apetece comerte un trozo de pastel de chocolate, que es tu dulce preferido, en el cumpleaños de tu cuñado, como justo premio por haber aguantado con tu mejor sonrisa un tostón de ágape familiar, aunque te mueres por probarlo, piensas racionalmente en tus niveles de azúcar y en lo perjudicial que resulta, y, con la lágrima en el ojo, rechazas tu porción.

La voluntad se utiliza para emplear un fin de semana de mayo, ¡de mayo! cuando en la calle hace una temperatura estupenda, y huele a flores, a césped recién cortado, y fuera de casa parece que ha nacido el mundo porque desde la ventana todo resplandece y bulle, para emplearlo decía, estudiando encerrado en una cuarto para hacer bien los exámenes finales.

O para salir a correr nada más levantarse, o para tender la ropa al llegar a casa, o para ponerse a hacer croquetas y darle un capricho a la prole en lugar de leer en el sillón, o para no fumarse ese cigarro, o…

Esos son actos de voluntad. La fe no. La fe pertenece al mundo de lo emocional. Como el amor. Un amigo me dijo hace algunos años que el amor era un acto de voluntad. Y tampoco estuve de acuerdo.
La fe ocurre o no. Después, con la cabeza, empleando la racionalidad, te intentas explicar el por qué. Y con la experiencia, con las vivencias, con los aprendizajes y el conocimiento, las creencias pueden sostenerse, variar, destruirse. En el momento en que la fe pasa al plano de lo racional dejamos de hablar de una creencia. Tendremos una evidencia, de modo que ya no es cuestión de fe, sino de conocimiento. La fe tiene su espacio cuando la racionalidad, el conocimiento, la ciencia, han dejado un vacío, y es que aún no lo explican todo. Somos muy malos aceptando misterios o incertidumbres, nos resulta terriblemente difícil convivir con ellos, así que desarrollamos nuestras hipótesis para rellenar.

Si no sabemos qué va a ocurrir después de la muerte hacemos nuestras apuestas: yo creo que hay un paraíso de bondad y justicia, y yo también, pero un paraíso lleno de vírgenes, pues yo creo que no hay nada, y que nos comerán los gusanos, yo creo que pasamos a formar parte de la energía cósmica, y yo que me voy a reencarnar en un pajarillo, pues a mí me da lo mismo…

Si no sabemos si somos capaces de hacer algo hacemos nuestras apuestas: pues yo creo que sí, y entonces lo intento. Pues yo creo que no, luego pasaré a ocuparme de otros asuntos.

Como no sabemos si una persona de la que nos hemos enamorado va a ser la persona con la que ser feliz compartiendo la vida hacemos nuestra apuesta: yo creo que sí, y entonces probarás a compartirla, o yo creo que no, y entonces no.

Por eso, nuestra fe, nuestras creencias, condicionan nuestra vida, porque muchas veces las decisiones que tomamos se plantean en entornos de incertidumbre y duda, que es el terreno en el que se mueve la fe.
Pero la hipótesis no es racional. El resultado es algo que sientes. ¿Por qué crees eso y no lo otro?
No puede haber respuesta, porque si la hubiera, si hubiera una respuesta racional, científica, argumentada, no habría lugar para la duda. Ni para la fe.

¿Por qué te has enamorado de esta persona y no de la otra?
¿Por qué te gusta más el color verde que el azul?
¿Por qué te emociona Chopin y los Rolling te dejan frío?
¿Por qué crees en lo que crees y no en esto otro?
Estas cuestiones afectan el terreno de la emoción, y de la esencia.

Pero como siempre, en nuestra esencia interviene nuestro entorno, ofreciéndonos vivencias, experiencia, conocimiento. Y también, en nuestra esencia, actuamos nosotros mismos. Vía razón: con nuestra voluntad.

Porque lo que sí es una cuestión de voluntad es el cultivo de la fe. Como el de cualquier cultivo. Como el del amor. Si creo en mí, pero con mi voluntad no hago aquello que me había propuesto, mi fe se debilita. Quizás yo no era tan merecedora de ella. Igual que si amo a una persona, y con mi voluntad no me preocupo por cuidarla, por hablar con ella, por saber cómo se siente, por hacer que sea feliz, el amor se debilita.

Y no creer en nada es como no amar nada, como no emocionarse con nada, como estar muerto. Saber que el hecho de que todo eso no se debilite, no enferme y no muera depende de cada uno y de su particular ejercicio de la voluntad, es esperanzador. Y no es que lo crea, es que lo sé.

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3 pensamientos en “Lo que creo y lo que soy

  1. Pues mira que tras leerte detenidamente ahora sí que pienso que ana tenía razón, el hecho de tener fe en ciertas cosas me requeriría mucha más voluntad que el madrugar tras una noche de mal dormir.

    Ahora, escribes como los ángeles, ¿eso del paraiso lleno de vírgenes hemos quedado que era bola no?

  2. Me hago un lío con los tres ‘centros’: vengo de la entrada siguiente, porque ésta me la había perdido, y después de leerla, estoy más de acuerdo con ésta.
    Estoy totalmente de acuerdo contigo en la teoría de la voluntad, a diferencia de la entrada siguiente: la voluntad manda, pero la voluntad manda guiada por el corazón y por la cabeza, las dos a la vez, si estamos bien compensados. Esto ya lo planteó Platón.
    Sin embargo, considero (iba a decir ‘creo’) que la fe tiene algo emocional, pero no es lo principal. No hay nada de emocional en creer que el hombre ha estado en la luna, simplemente nos fiamos de la palabra de otro. Nos fiamos de la palabra del médico o de nuestros amigos, en razón de la fuente, no del contenido.
    La fe como apuesta era el argumento de Pascal para creer en Dios, y en algunos momentos, precisamente cuando falta fe, es el momento de decir: yo aposté por esto, no me voy a echar para atrás.
    En lo que estoy muy de acuerdo es que la fe puede cultivarse, y de hecho, la teología -que es una de las ramas del conocimiento que fundaron la universidad- con la filosofía, el derecho y la medicina- es la profundización racional en la verdad religiosa, la palabra de Dios y la tradición, al menos según el pensamiento católico. Mucha gente ‘pierde’ la fe porque no la cultivó, se quedó a nivel de primera comunión. Hay libros fantásticos sobre el tema, como Mero cristianismo, de CS Lewis.

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