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Pues andaba yo pensando en volver a rebatir a Ana sobre si hace falta la voluntad o no para creer o amar, cuando se me cruzó por delante la sabia reflexión de Chema sobre el último acontecimiento mediático y acabé preguntándome si también había que tener voluntad para odiar o una serie de circunstancias te pueden llevar a esa terrible y obsesiva espiral de rencor y amargura que te hace desear la muerte de alguien por encima de todas las cosas.

Como apunta Chema el asesinato de Isabel Carrasco está generando ríos de tinta y sobre todo, mucha mala leche. Porque hay que tener mala leche para desear la muerte a alguien, por muy presidenta de la Diputación que sea. Yo siempre he sido contraria a la pena de muerte, y sigo siéndolo, aunque cada vez comprendo más el regocijo que debieron sentir algunos revolucionarios franceses cortando determinadas cabezas (esto es broma y no se me tenga en cuenta que tal y como está el país igual me tachan de violenta antisistema y nos cierran el blog).

Creo además que el anonimato que ofrecen las redes sociales a la hora de dejar comentarios de mal gusto que muchos se abstendrían de hacer frente a una cámara (aunque de todo hay) hace que se exagere el “clima de violencia y exasperación social” que hoy determinados políticos y algunos periodistas se empeñan en agrandar. Lo más gracioso es que los más escandalizados suelen ser los que más odio e intolerancia suelen mostrar en sus tertulias.

El absurdo asesinato ha sido una venganza personal de alguien obsesionado. No tiene que ver con la política, y aunque muchos descerebrados lo celebren, como otros celebraban la muerte del hijo de Pilar Manjón, de algún político abertzale, o directamente le desean la muerte al arbitro del último partido de la liga, o a su entrenador, no creo que sea motivo para empezar a darle vueltas a la criminalización de las redes sociales, o a un endurecimiento de la ley (¿mas todavía?).

Tenemos leyes de sobra, lo único que hay que hacer es que se cumplan. ¿Que se insulta o amenaza por cualquier medio? El ofendido tiene derecho a denunciar y sentirse protegido. ¿Qué algún cargo público roba o defrauda? La sociedad tiene derecho a que se le aplique la misma ley que al resto de ciudadanos y contribuyentes. Sobre todo para no desearle la muerte a nadie.

En lo del fútbol lo veo más difícil. Creo que ahí las bajas pasiones mandan y poco se puede hacer por disminuir el nivel de insultos. Bueno si, aumentar un poco la educación.

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2 pensamientos en “De la voluntad de odiar

  1. El fútbol es un deporte de mucho fanatismo, yo, aficionado al ciclismo, siempre pongo el mismo ejemplo, cuando estamos en las cunetas por nuestro lado pasan los que nos gustan y los que no nos gustan, el ídolo y el gran enemigo de nuestro ídolo, ¿alguna vez un hincha ha atacado al rival de su ídolo? Nunda, imagina si les pones a los ultrasur de turno a tiro qué se yo, al que más manía tengan del Barça.

    sé que no tiene mucho que ver con el fondo de lo que dices, pero vaya, es que como estoy de acuerdo tampoco sé qué añadir.

    • Te entiendo, es que el futbol mueve unas pasiones tan viscerales que nunca creo que las llegue a comprender. Ya sea por querer matar al contrario como por pillar berrinche (literal de llorar) porque pierda tu equipo. 🙂

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