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Prometo que hoy va a ser una entrada rápida, más que nada porque tengo media hora, de modo que ni relecturas ni correcciones, pido disculpas de antemano.

Si bien yo sigo pensando que ante la cuestión de qué va primero, si el corazón o la cabeza, yo sigo en mis trece de que lo primero es lo primero, no estoy menos de acuerdo, tal como decía nuestro lector Chesterton, tan implicado en la reflexión, que el corazón y la cabeza han de ir de la mano, y es que la voluntad a veces es necesario utilizarla para ejercer un control sobre esa emoción primera, porque no siempre es acertada.

Ana decía que con la razón analizábamos si una persona nos conviene para el amor. Si la emoción fuera detrás, siempre nos enamoraríamos de una persona “adecuada” o “conveniente”. Sin embargo no siempre es así. A veces nos enamoramos de una persona que no lo es. Y también a veces, cuando en el transcurso de una relación, los comportamientos de la otra persona nos hacen ver de forma insistente e inequívoca que nos hemos equivocado, que esa persona o esa relación nos hace daño, nos hace sentir mal, seguimos erre que erre, insistiendo en el error y en el dolor, con el argumento “es que lo/a quiero” (como con algunas creencias). como si no hubiera salida. Ese argumento en realidad quiere decir “es que no puedo hacer nada”.

Pero sí. Siempre se puede. Si la razón no fuera necesaria no dispondríamos de ella, o mejor dicho, ya que la tenemos, deberíamos echar mano, porque tan dañino es ir viviendo sólo con la cabeza ignorando las emociones, como sólo dejarnos llevar por estas últimas sin contrastar con la razón (y esto aplica para el odio, uno puede sentir en un momento dado un odio y una ira enormes, pero si nos dejáramos llevar por ellos iríamos ejerciendo la violencia y descargando a golpes esas emociones descontroladas).

No tenemos ojos para ponernos una venda y caminar ciegos y tropezar cien veces y a cada paso, sino para ver, para cuestionarnos si es que lo que vemos entra en conflicto con lo que creemos o sentimos, y para rectificar si es necesario. Y desde luego, lo que es más dañino, no deberíamos tener ojos para mirar sólo aquello que nos interesa y cerrarlos ante una realidad que no nos gusta.

Aunque la emoción vaya primero debe ir de la mano de la razón, y si en un momento se equivoca, tenemos la cabeza para domarla. No podemos olvidarnos tampoco del amor y el respeto a uno mismo, imprescindibles para poder amar y respetar a otros, y para que otros nos amen y nos respeten. Y si un amor nos hace daño,-no me refiero a un día, sino al daño estructural, al que no tiene solución, al importante, al que atenta contra nuestra persona- ejercer la voluntad para poner punto y final, para decirnos con la cabeza tú crees que es amor, pero no lo es.

Siempre se puede hacer algo. Otra cosa muy distinta es lo que cueste, o que pueda doler la misma vida. Pero es la única oportunidad par curar la herida, recomponernos, y aprender que un amor que destruye no es amor.

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Un pensamiento en “Corazón y cabeza

  1. Lo malo de este asunto es que la teoría la sabemos, es decir, de estar ahora buscando pareja tengo muy claro que sería exigente, no tanto ya con el fisico, que también, pero sobre todo con la personalidad, los gustos y aficiones, aspiraciones en la vida, vamos, casi para hacer una entrevista de trabajo.

    Pero teniendo eso claro al final vas y te enamoras, es irremediable, sí que puedes gestionar ese sentimiento, a mí me ha pasado, enamorarme hasta las cachas y pensar en las consecuencias de lanzarme, no hacerlo claro.

    Pero, por otra parte, ¿acaso no vestí la cobardía de razonamiento?

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