Home

Hablaba Karmen acerca de los candidatos, y claro, en el último día de campaña no me queda otra que disertar acerca de las elecciones en sí.

En esta campaña he escuchado hasta la saciedad un término, que supongo que hasta ahora podría considerarse neologismo, pero que a mi juicio se ha gastado a fuerza de abuso, y es el siguiente: euroescepticismo.

Por lo visto, en las elecciones del domingo, las previsiones de participación son de un 40%. Yo no he hecho una encuesta, pero la semana pasada fui al dentista. Me explico. Mi dentista es la antítesis del prototipo temible que ocupa el imaginario colectivo. Es joven, alta, delgada, rubia, guapa, cariñosa, delicada, atenta, profesional, rigurosa, y creo que también euroescéptica… la cosa es que mientras estaban ella y la higienista
trabajando dentro de mi boca, la higienista le estuvo preguntando acerca de los políticos. Parecía bastante perdida ante el paisaje de carteles electorales. Hacía preguntas del tipo ¿y Rajoy de qué partido es? ¿Y
la mujer de las fotos? La habría contestado yo misma encantada si no llega a ser porque tenía la boca llena de manos e instrumentos. Achaqué esas dudas, por el acento, a que la higienista no es de aquí (no sé en qué país nació, pero pensé que no debía de ser de ninguno en este planeta). El caso es que la dentista le contestó, “es que yo no veo la tele, y no sé nada”. La higienista le dijo “debe de haber elecciones”. Y la dentista replicó “pues ni me había enterado. No sé ni qué día son ni para elegir qué”. En ese momento pensé que mi dentista era guapa, cariñosa y extraterrestre, igual que la higienista, sólo que tenía el acento más pulido. 
Supongo que ese podría ser un ejemplo de euroescepticismo. O de escepticismo en general. Sé que no es una muestra representativa para respaldar porcentajes, pero sí una evidencia de que existen ciudadanos completamente ajenos a la política. Y hablamos de ciudadanos que no están aislados del mundo, trabajan, y además se les presupone un cierto nivel cultural.

También existe otro grupo de euroescépticos y son aquellos que se sienten atraídos por los partidos nacionalistas de extrema derecha.

Y a su vez se asocia al euroescéptico con el antisistema, y  a los antisistema con radicales violentos, y también con la extrema izquierda.

De todo esto se deduce que si tenemos que hacer un juicio acerca de si el ser euroescéptico es bueno o malo, nos encontramos con que un euroescéptico es o bien un fascista de extrema derecha, o bien un violento radical de izquierdas, o bien un extraterrestre que vive al margen de la política. Así que la única opción que le queda a un ciudadano de bien, comprometido con la política y la situación económica de su país, que no sea un fascista ni un violento radical es ir a votar a una de las dos únicas opciones que no implican el euroescepticismo: vota a los rojos o a los azules.

Y entonces pienso ¿y yo qué soy? Porque soy euroescéptica pero quiero votar (siempre quejándome de la poca democracia de la que gozamos como para no ejercer la única y esmirriosa opción de la que dispongo). Soy euroescéptica y no me siento identificada con partidos de extrema derecha, y soy euroescéptica y no soy una radical de izquierdas, ni quemo contenedores, ni nada.

Y además, no sólo soy euroescéptica sino que además no estoy muy conforme con el sistema actual (de hecho me pregunto por qué se sienten tan orgullosos aquellos que sí lo están, vistas las realidades que ofrece), no sé si el hecho de considerar la constitución obsoleta, la democracia que vivimos como terriblemente insuficiente, los mecanismos de control y fiscalización tanto de poderes públicos como del mercado ineficaces e insuficientes, el modelo económico insostenible (al margen de consideraciones morales, donde podría tildarlo como injusto), si todo eso, me coloca bajo en paraguas del antisistemismo. 

Ah, así que eres de esas… ¿y qué puede haber para ti? Bueno, pues parece ser que en estas elecciones han brotado -igual es la primavera- un montón de partidos nuevos, con ideas novedosas como otra idea de democracia y de desarrollo sostenible. Bueno, pues para eso también hay argumentos por parte de los rojos y los azulesel del voto útil. Que da igual en lo que creas, da igual hacia dónde te gustaría ir, tu modelo ideal, da igual. Porque ya nos hemos arrogado una ley que nos garantice que los votos que no sean para el  modelo rojo o el azul, se diluyan en el limbo de los votos que no cuentan. De modo que no dilapides tu oportunidad, vota rojo, o vota azul. Eso dicen. Quiénes? Pues los rojos y los azules :-).

Y yo, que me niego a pensar que no haya nada que yo pueda hacer salvo rojo o azul, no me quedo con ese argumento. La utilidad a veces es repugnante. Prefiero algo inútil que tenga algo que ver con lo que creo, con lo que pienso, conmigo. Igual que es inútil jugar, o sonreír, o cantar… no sirve para nada, no es productivo, pero hace feliz.

Pues eso.

Anuncios

2 pensamientos en “De las elecciones, el euroescepticismo y la utilidad.

  1. Vota a quien te salga de las narices, es lo importante, no hay que votar pensando en quién va a ganar, menos en estas elecciones donde está claro que da igual quien gane, hay que hacerlo en conciencia, al menos es mi opinión claro.

    Besotes querida, me gusta tu dentista.

  2. Pues eso. Que cada cual vote en lo que crea. Al margen de que pueda o no ser útil. Y sí, mi dentista es encantadora. Acabaría con ese gran miedo colectivo a golpe de sonrisa. Besos.

Los comentarios están cerrados.