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Podría decirse que yo soy de los que ayer ganaron las elecciones. Mi opción fue la mayoritaria, por encima incluso de esos que dicen haber ganado. Porque ayer los que “ganamos”, fuimos los que nos quedamos en casa, o no, pero tuvimos planes mejores (o peores, pero otros), la verdadera mayoría ayer correspondió a aquellos que no votamos ¿Y por qué?

Supongo que cada uno tiene sus razones y Patricia el viernes nos ofrecía una de ellas, la del euroescepticismo pero lo mío, me temo, no va por ahí, porque lo mío, si es escepticismo no se restringe al ámbito “euro”.

Yo intenté votar, sobre todo desde que vi un mensaje en twitter que animaba a votar en nombre de aquellos que viven en lugares en los que no tienen opción, y me pareció una razón muy poderosa. Y entonces me armé de valor (y ordenador (:-) ) y fui buscando cada uno de los partidos que se presentaban, con su historia, su programa, sus candidatos… y me fui encontrando de todo: los que ya han tenido opción a gobernar y no merecen mi confianza, los que aún no la tuvieron y presentan unos programas inasumibles con la íntima convicción de que, como no van a ganar, pueden prometer lo que quieran; también había algunos cuyo objetivo es un anti-objetivo (es decir, no ofrecen lo que ellos harían en caso de llegar a tener responsabilidades de gobierno, no, sino que su objetivo es simplemente hacer caer a otros partidos); también están aquellos que juntan ideologías de lo más diverso sin orden ni concierto, de lo cual deduzco que su objetivo no es cumplir un programa común (porque no lo tienen) sino simplemente llegar a ocupar un escaño… y luego ya verán lo que hacen, y así los repasé, uno por uno.

Para cada candidatura yo me iba preguntando ¿a mí me gustaría que estos gobernaran Europa, España o incluso mi barrio? y, cuando la respuesta era negativa, pasaba al siguiente… y así hasta el final. Hasta ese punto en el que no me quedé ninguno y pude dormir una siesta con la conciencia tranquila. Porque yo no habría cumplido con mi deber de votar pero, al menos, lo había intentado.

Lo que hoy me pregunto es ¿no hay nadie a quien le preocupe que la opción mayoritaria haya sido la mía?

Porque está muy bien que en los partidos perdedores (todos lo son para mí) empiecen a remover estructuras y plantearse un futuro electoral incierto, pero a mí me parece que lo verdaderamente preocupante es ese elevado número de “ganadores” como yo (más de la mitad del país).

Lo mismo para las próximas elecciones me da por fundar un partido con el nombre de “No sabe/no contesta” para aglutinarnos a todos, y entonces sí que se pondrían nerviosos los partidos “de verdad”…

… me lo voy a pensar 😉

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9 pensamientos en “¿Y yo por qué no fui?

  1. Bueno, a mí me costó mucho y de hecho la opción que pillé saco 9000 votos en toda España, pero o se vota convencido o mejor no votar, yo te entiendo 🙂

    • Gracias, Dessjuest, yo también te entiendo a ti. Podría decirte que todas las opciones empiezan siendo minoritarias pero resulta que, en nuestro país, no, varias nacieron ya siendo mayoritarias y no se plantean que puedan dejar de serlo 😉

      • Si tienes razón, yo soy muy consciente de que el partido al que voté jamás en la vida pasará de minoritario, pero minoritario de los de abajo, pero sabiéndolo me niego a votar con la nariz tapada, o voto en conciencia o me quedo en casa.

  2. Prefiero dar el voto a alquien que de momento no me ha engañado ni me ha vendido. Que no ha privatizado, que no ha sido imputado, que no ha mentido, que no ha manipulado, que no tiene cuentas en Suiza. Lo prefiero. Y si luego lo hacen mal, en mí está el no volver a darles mi confianza. Ese es el “juego” de la democracia.
    Y sí, es muy triste que no se vote simplemente porque eso le dá más alas a aquellos que lo han hecho rematadamente mal y que no saben ni tan siquiera entonar el “mea culpa”.

  3. Yo entiendo, Mar, que el juego de la democracia está en dar tu confianza a alguien en quien realmente quieres depositarla, no por quitársela a otros. A mi personalmente no me gustan las ideologías “en contra de”, sino las “a favor de” y, si las opciones que se te ofrecen no te merecen confianza o no coinciden con tus opciones personales, lo que debes hacer es no votar, o votar en blanco. El votar simplemente por hacer daño a otros hace que se voten opciones con las que lo único que se tiene en común es el enemigo, y así llegamos a tener un panorama político irreal, que no coincide con la elección mayoritaria de la población y eso sí es la esencia del juego democrático.

    Un beso. Y bienvenida a esta “casa”.

  4. Ana,

    En algún momento llegúe a pensar como tú, el problema es que al menos a mi me ocurre, si tuviera que votar a un partido afín a mis ideas no votaría en la vida, simple y llanamente no existe.

    Dicho lo cual, tendré que votar al que más se acerque a mis valores o forma de pensar. Y decididamente, yo si creo que es necesario votar “contra” alguien, si ese alguien o esos alguien (quienes los han apoyado de alguna manera) hacen una política basada en el enriquecimiento ilícito, la mentira y el obscurantismo a la vez que aprientan la soga al que trata de sobrevivir día a día y seguir siendo honrado. Hace tiempo que se cruzó el límite de lo admisible…

    Yo era de las que no votaba porque no me sentía afín a ningún partido, pero lo dicho, ahora hay partidos minoritarios que de momento no me han “timado” o tomado por “tonta” (el bipartidismo hace tiempo que se ríe en mi cara, me llama imbécil e insulta constantemente mi inteligencia).

    Besos.

  5. Yo tampoco lo tenía muy claro, al final voté, y uno de mis hijos votó a Podemos, ahora los padres deberíamos votar a quienes nos dicen nuestros hijos, hasta eso cambia, antes nosotros aconsejabamos a nuestros hijos.
    besos,

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