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Cada año, en septiembre, comienza el curso. No sólo para los niños.

Hay quien justo ahora vuelve de vacaciones, pero hay quien no pudo irse o ni siquiera las tuvo, o no las tuvo porque ni trabajo tiene, pero el verano suele relajar los ritmos, las obligaciones, los agobios y las prisas, nos permitimos un aplazamiento hasta septiembre. Porque, si recargamos pilas, septiembre nos pillará con ánimo, con fuerza, en lo mejor de nosotros mismos.

Septiembre huele a principios, a proyectos, a voluntades firmes y a ilusiones.

A cambios.

Huele a nervios, a reencuentros.

Huele a vida.

Hoy a mí me toca dar una gran bienvenida: al mes y al curso en este blog, a mis co-autoras y a nuestros lectores.

Porque nosotras volvemos con todas las de la ley: con proyectos, con la firme voluntad de ser constantes en nuestra presencia, con la aspiración de que nuestras musas no nos abandonen, con la ilusión de ir construyendo, semana a semana, otro gran curso en esta, ya larga, Línea de Euler.

Así empezamos, como debe ser.

Y, quizá, después venga octubre para desmentirnos, pero, mientras tanto, disfrutemos de septiembre y, como en cada nueva historia, disfrutemos también de esa emoción que, a los que gustamos de las buenas historias (leídas o vividas) da poder decir, en este caso al nuevo curso, como cada año…

Érase una vez…

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