Home

Yo ya me he tomado mi tercer café y he terminado las vacaciones con síndrome de abstinencia de escritura, de modo que no respondo de la extensión de mi artículo, que en dos meses da para pensar muchas cosas y además desarrollarlas. Pero creo que voy a empezar por una de las últimas reflexiones, que llegó a raíz de un artículo de una revista de fotografía en el que se daba a los fotógrafos viajeros consejos acerca de cómo tomar buenos retratos de aquellas gentes oriundas de los supuestos exóticos destinos.
No sé muy bien qué esperaba leer, quizás algo de una técnica que yo desconociera por completo, porque las desconozco prácticamente todas, o simplemente no esperaba nada y sólo curioseaba por el mero placer de curiosear, pero, en resumen, lo que venía a decir el artículo era que para hacer un buen retrato, la técnica especializada a emplear consistía en acercarse a la persona a la que se quisiera fotografiar, charlar con ella, preguntarle acerca de su entorno, su barrio, sus costumbres, escucharla, mirarla con atención, establecer un lazo o complicidad, y una vez establecido y tras pedir permiso, tratar de captar su alma.

Yo, entonces, me pongo en la situación de abordar a un ciudadano, con o sin cámara, que podría estar paseando por la calle mirando su móvil, atendiendo en un puesto de verduras, o sentado en un banco mirando una obra… con la finalidad de establecer una conversación partiendo de la NADA (¿cómo se empieza algo así? “pues parece que hace calor…”, “tiene hora?”, “hay que ver cómo está el barrio”¿?¿?), y me resulta una situación tan exótica y bizarra en sí misma que ni me haría falta viajar. Sin embargo, recuerdo que el otro día una señora de cierta edad, me abordó con la mayor de las naturalidades mientras cruzaba la calle con su opinión acerca del grado de educación de los conductores hoy en día, terminamos de cruzar y continuó con el de los conductores versus conductoras, prosiguió con el de la juventud hasta llegar al de los niños, particularizó en sus nietos, y ya de pasada me habló de su afición por la natación y de su caracter activo en general -del hablador no hizo falta que hiciera mención-.

Me quedé pensando en que la solución expuesta al enigma de cómo hacer un buen retrato no fuera tanto técnica, sino de sentido común, que no se tratara tanto de conocimiento y estudio como de ser capaz, simple y sencillamente, de establecer una comunicación con otro ser humano, tener sensibilidad suficiente como para percibir su emoción, la historia, la personalidad de esa persona, y una vez logrado, disparar.

Unos días después, una amiga mía hablaba acerca de los nuevos estudios y libros editados para enseñar nuevos modelos de liderazgo y gestión de trabajos y equipos, todos ellos basados en actitudes relacionadas con la empatía, la escucha, la comunicación, el respeto o la motivación, alejadas de las tradicionales del miedo, la autoridad o la disciplina. Hablaba de ello para ensalzar que estas novedosas actitudes en el mundo empresarial eran típicamente femeninas de toda la vida, y de las virtudes femeninas hablaremos otro día, porque en lo que me hizo pensar fue: primero, que es curioso que cosas como esas, que tienen que ver con la forma de acercarnos y comunicarnos con otros seres humanos, nos las tengan que explicar y enseñar como si se tratara de una lección de física cuántica, o lo que es peor, como si se pudieran aprender y adquirir con lectura y estudio. Y segundo: que si tienen que llamar la atención sobre ellas es claro síntoma de que nos faltan. Y es que, saber acercarse a un ser humano, (incluso si no es un extraño), no es ni tan sencillo ni tan frecuente. Y puesto que físicamente vivimos rodeados de ellos, parece razonable pensar que sería útil el ser capaces de relacionarnos de una forma adecuada.

Hay personas que tienen ese don para interactuar con los demás, conocidos o no, la comunicación les resulta sencillo, no sienten vergüenza o barrera, y son capaces de dirigirse con familiaridad y confianza a personas que no conocen de nada para cualquier cosa: para preguntarles la hora, para hacer una encuesta, para charlar del tiempo, para contar una anécdota, para gestionar un trabajo o tarea común, para conseguir un voto, para emprender un proyecto, para vender una tarjeta de crédito, para compartir una opinión, o una experiencia, para tomar una copa, para practicar sexo, para hacer un retrato… es decir, aunque parezca sorprendente leer esto como si fuera un gran hallazgo científico, hay personas que, fuera de la red, en el contexto físico, SON CAPACES DE INTERACTUAR Y COMUNICARSE DE MANERA FLUIDA CON OTRAS PERSONAS. Y me da la impresión de que disponer de esta habilidad, ya sea de manera innata, ya porque hayamos aprendido a desarrollarla con los años, debe de resultar útil, además de para realizar retratos con alma, para unas cuantas cosas más.

En resumidas cuentas, que no deja de sorprenderme este dejar de lado las habilidades sociales y comunicativas en un entorno físico. Y digo dejar de lado porque un par de generaciones atrás, existía otra soltura y otra naturalidad.  Y no se trata de que hayamos dejado de ser seres sociales, al contrario, ¡si estamos veinticuatro horas del día conectados…! Lo que ocurre es que hay un fenómeno de sustitución y no de complementariedad entre la comunicación física y la virtual. Y yo no desprecio ni denosto estas nuevas formas de relacionarme con otras personas, tantas de ellas desconocidas; de hecho las empleo en algunas ocasiones -como esta misma sin ir más lejos-. Y si he de hacer autocrítica y cuestionar mi forma de relacionarme y mis propias habilidades, reconozco que hay situaciones de comunicación que me cuestan trabajo.

Por seguir el ejemplo, si me diera por coger una cámara de fotos y hacer un retrato a un desconocido, me resultaría incómodo abordarlo, hacerle preguntas, hacer que fluyera el encuentro hasta llegar a la persona. Sin embargo, cuando a mí desconocidos me abordan por la calle, normalmente para contarme sus variopintas vidas, no tengo problemas en escuchar. De hecho me gusta, suelen ser experiencias que de una forma o de otra me dejan alguna huella. Pero sí me veo con claras dificultades a la hora de dar los primeros pasos en los actos de comunicación. No sé si como es septiembre proponerme este punto como mejora para el año….

El caso es que las sociedades cambian, el ser humano también, y la tecnología ayuda en muchas cosas, pero quizás dejamos tan de lado lo directo, lo simple, lo orgánico, lo físico, lo que debería ser más sencillo… como hablar cara a cara con otra persona, para lo que no hay ni que comprar dispositivos, ni recargarlos, ni apretar botones, ni introducir nombres de usuario o contraseñas… que al final vamos a transformar la propia naturaleza de nuestra especie. Que tampoco tiene por qué ser malo…. quién sabe si quizás, como en esa peli, llegue un día en que la necesidad social, incluso la amorosa, se satisfaga recurriendo a sistemas operativos dotados de inteligencia artificial, y quizás nos sintamos más cómodos, menos solos y más seguros que con otras formas de relacionarnos más tradicionales. Pero eso sí, de los retratos con alma nos podemos ir olvidando….

Anuncios

4 pensamientos en “La clave para lograr un retrato con alma (y algunas cosas más)

  1. Me temo que soy de las que entablan conversación con mucha facilidad pero tanto como a capturar el alma de nadie no aspiro, simplemente pasar el rato. Empieza a ser difícil, eso también es verdad, todo el mundo va concentrado en sus cacharritos comunicativos. Me quedan las abuelas, menos mal! (Me alegro que hayas vuelto con ganas de escribir)

  2. ¡Qué bien!¡Hay nuevas generaciones que aún conservan esa capacidad, quizás haya esperanza para la especie tal como la conocemos….Te puedes considerar privilegiada por ese don que tienes 🙂
    Yo, además de pasar el rato, cuando participo en una interactuación con otra persona que es agradable, noto una subida en los niveles de energía. Me pone de buen humor. El efecto contrario cuando la interactuación es tensa. Es curioso cómo pequeñas acidudes de personas que ni siquiera conocemos afectan a los estados de ánimo.
    Contigo da gusto.

    Besos

Los comentarios están cerrados.