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Hoy por fin leí tranquila el comienzo de curso de Patricia, su reflexión sobre los actos de comunicación y su posible objetivo para el nuevo curso. Y me ha dado envidia.

Es verdad que parece haber gente creada expresamente para moverse como pez en el agua en cualquier ambiente, siempre cordiales, comunicativos, siempre sociables. Parece.

Esos peces, afortunados peces, es posible que consideren siempre que su mar les es favorable, y por eso su comportamiento será siempre tranquilo, relajado, cordial… Pero existe también la versión contraria,  hay especies marinas insensibles a las señales del mar, por lo que su actitud y su forma de comunicación serán inmutables siempre, no porque el ambiente les sea cordial, no, sino porque el ambiente (el mar) a ellos les trae al fresco, y no se adaptan porque no, y punto.  Hay seguro de estas especies, y algunas otras más raras incluso, pero en general, la mayoría de los peces (salvo  los reyes del mar o los pobres plancton a los que ya nada les importa y sólo han de esperar a ser zampados por cualquier pez, por mínimo que sea) la mayoría, entonces, hemos de adaptarnos al mar que nos toca en cada momento..

Si hay algo que influye en nuestras posibilidades de comunicación y nuestras aptitudes previas y actitudes consecuentes es nuestra percepción del mundo. No tanto del grande y único, como de esos pequeños que nos rodean, esos mares en los que como peces hemos de movernos.

Así que la mayoría de los mortales, esos que no reinamos en ningún mar pero nos resistimos a abandonarnos para ser mero plancton, usamos nuestros sentidos estratégicamente para evaluar el mar y responder a él.

Lo que nuestros sentidos perciben nos hace formarnos nuestra idea del mar: frío, cálido, calmo, enervado, acogedor u hostil. Y, según lo que los sentidos transmiten a nuestro cerebro, así será la respuesta que este envíe. Y estaremos tranquilos en un mar en calma, conversadores si nos da confianza, ariscos si lo sentimos hostil, tensos si prevemos marejada, silenciosos si su temperatura no nos es agradable o simpáticos y sociables si las condiciones del mar son las óptimas (para cada pez en particular).

En estos días, por cambio importante en uno de mis sentidos, mi percepción del mundo ha cambiado. Y mares que me eran cordiales me resultan ahora hostiles, y algunos demasiado fríos antes, los he descubierto más apropiados para mi flotación y supervivencia ahora (la mental, al menos).

Queda por ver qué tiempo tardo en asumir la nueva situación, qué efectos tendrá esa novedad en la percepción de cada uno de mis mundos/mares y cómo modificaré mi actitud ante ellos, porque lo que sí he marcado es el objetivo final, el de llegar a surcar cada mar con esa cadencia tranquila, relajada, inteligente, compartida y juguetona que tienen los delfines. No me voy a conformar con menos.

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Un pensamiento en “Como los delfines

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