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Es interesante la reflexión que hace Ana sobre su cambio en la percepción del mundo al alterar uno de sus sentidos. Siempre me ha asombrado esa adaptación que tenemos que hacer ante un cambio en cualquiera de nuestros sentidos, y he admirado a quiénes la superan con éxito, sobre todo si ese cambio se debe a la pérdida de uno de ellos.

Precisamente este verano un molesto tapón no me dejó sorda pero si me tuvo durante un par de días con esa fastidiosa amortiguación sonora que me hacía sentir como si tuviera la cabeza dentro de una pecera. Me pase los dos días sin entenderme con el resto del mundo y pidiendo que me repitieran las frases si la frecuencia del interlocutor era demasiado baja. Algo realmente irritante que me hacía pensar en el silencioso mundo de los sordos y en que prefería seguir aguantando exceso de decibelios a cambio de seguir oyendo el mundo exterior.

Supongo que todos lo hemos pensado alguna vez, con esa especie de respeto, admiración y miedo de que nos pase, cuando nos tropezamos con alguien que se desenvuelve a la perfección en el silencio o la oscuridad. Que nos adaptaríamos, pero que sería duro.

Pero no quería hablar tanto del cambio en esa percepción del mundo debido a carencias sensoriales, sino a otras causas, muchas de ellas imperceptibles para nosotros. Porque aunque no sea un sentido físico, el humor y sus consecuentes altibajos pueden hacer que el mundo se convierta en algo armonioso o en un enemigo que quiere acabar contigo.

A veces no me reconozco en ciertos pensamientos inconscientes ante determinados comportamientos ajenos. Hay días en que el mundo que me rodea me parece amistoso, pero otras veces me molesta la gente, es como si la hubieran puesto en mi camino para molestarme, para no dejarme caminar con comodidad. Y me molesta. Reconozco cierta intolerancia a ratos que no creía posible en mí.

Ante los mismos estímulos respondemos de distintas maneras según en que momento anímico nos encontremos. Seguro que hay una explicación científica-psicológica-física, pero me molesta no ser completamente dueña de mis reacciones. Es como cuando creemos que hemos hecho una compra totalmente consciente y si lo analizamos nos hemos dejado llevar totalmente por todos esas técnicas del marketing que ordenan a nuestro cerebro elegir uno u otro producto.

Y hoy es un día de esos, de los que las conversaciones de los demás no te interesan en absoluto y esperas que no se te note en la cara, que piensas en fingir una leve molestia estomacal para irte a casa a encerrarte contigo misma hasta que vuelva el otro yo, el sociable y optimista.

Aunque siempre le puedo echar la culpa al síndrome post-vacacional.

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4 pensamientos en “De sentidos y sensibilidad

  1. A veces parece que se nos ponen los días difíciles, yo siempre pienso que se me esta poniendo a prueba…así como soy cabezona pues intento superarlos aprendiendo qué es lo que me molesta de esa situación. Bueno, igual también le echo la culpa a la vuelta al trabajo 🙂 bonita entrada. Un beso

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