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A mí, ante estas cuestiones de la forma de percibir el mundo exterior y de actitudes y reacciones ante él, y la influencia del estado de ánimo, tengo siempre dudas.

Cuando tengo uno de esos días de estado de ánimo gris, en los que todo sale del revés, en el que el mundo que me rodea es hostil, y en los que no soy capaz del optimismo y la alegría, suelo ponerme a analizar el por qué. Quizás es un análisis ingenuo, pero claro, yo pienso que si consigo detectar qué cosa ha motivado ese estado de ánimo, tendré en mis manos la potestad de evitar que vuelva, y convertirme así en un ser estable, constante en la alegría y el optimismo. Dando por hecho, quizás, que es algo de ahí fuera me pone mal por ahí dentro, y como ando mal por ahí dentro también percibo mal lo de ahí fuera, desencadenándese entonces una especie de reacción en cadena, un desastre holístico.

El caso es que me he pasado un montón de años reflexionando sobre mis estados de ánimo en situaciones concretas, tratando de alcanzar el autoconocimiento. Pero despuyés de todo este tiempo no tengo respuestas concluyentes. Si acaso más preguntas.

Si sé que, según esté en pico o en valle en mi ciclo anímico, seré enérgica, alegre, optimista, divertida, emprendedora y sociable, o bien lánguida, melancólica, triste, apática, misántropa y con anhelos anacoretas.

Sé que hay situaciones del mundo exterior, y experiencias con personas del mundo exterior que muchas veces desencadenan un cambio de ciclo, y que me ponen arriba o abajo, sé también que muchas veces es el estar arriba o abajo la causa de mi armonía o malestar con el mundo y sus habitantes. A veces el mundo es causa, a veces el mundo es efecto. A veces yo soy causa, y a veces soy efecto.

También tengo una idea acerca de comportamientos, decisiones y actitudes que me puedan ayudar y otras que no me sientan nada bien. Pero sin embargo, me declaro absolutamente incapaz para establecer leyes, o un detalle de relaciones causa efecto que me permitan controlar por completo mis reacciones, mi forma de ver el mundo, ni por supuesto mis estados de ánimo.

He aprendido cosas, como por ejemplo a reconocer inseguridades, malas gestiones de expectativas, miedos, imprudencia a la hora de tomar en cuenta anticipaciones….

Pero últimamente estoy por aceptar el hecho de que existen unos ciclos anímicos, de la misma forma que existe el invierno y el verano, y resignarme al misterio de los porqués, al misterio de qué es la causa y qué el efecto, a la imposibilidad del conocimiento absoluto  y del control.

Y sencillamente, aceptarlo y fluir.

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4 pensamientos en “Causa efecto

  1. pues me parece sabia tu actitud. nosotros los (psico)analizados a veces llegamos un poco más allá en la comprensión de los porqueses, causas y efectos, pero no siempre. Un beso

    • sí, algunas veces he leído tus más allás, y sí, tú vas más allá, eres una genia. lo que a veces me da la impresión es que los análisis sólo ayudan a la comprensión a posteriori, pero no evitan que de nuevo haya malos momentos. como mucho, ayudan a enfrentarlos. cuando llega uno malo, a mí al menos, me coge por sorpresa. me da igual quizás saber o tener teorías, o racionalizar. sigue siendo malo igualmente, nada de eso evita el dolor, que supongo que al final es lo que tratamos de evitar de todas las maneras. pero forma parte. eso sí, cuanto menos, mejor :-). un beso fuerte, qué ilusión verte por aquí….

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