Home

Hablábamos esta semana de nuestra percepción del mundo, de las circunstancias que pueden cambiar estas percepciones, de los estados de ánimo, de las actitudes ante ellos… Al final, quizá lo único que nos pasa es que hemos de enfrentarnos a un mundo frecuentemente extraño desde una mente y un cuerpo que, no por ser nuestros, no nos son menos desconocidos. Un “enemigo” ignoto al que hay que enfrentarse con armas que ni siquiera sabemos si tenemos o no. Valiente aventura.

Esto de vivir es un aprendizaje continuo, del mundo y de nuestras armas. A poco que salgas de tu casa, las situaciones personales, familiares, sociales, etc. que te toca vivir (a veces es verdad que porque compras demasiadas papeletas en determinadas rifas) te obligan a aprender de ti, de los otros y del mundo en general. Además, si eres un poco listo y no esperas a aprenderlo todo por experiencia propia, leer, escuchar y mirar con ojos de ver también ayudan bastante.

Luego ocurre que, con más o menos conciencia de ello, algunos nos embarcamos en una aventura añadida de “coach mental” de otros.

Mis secuaces tienen frecuentemente dudas sobre lo que en su mundo pasa y la forma de enfrentarse a ello y a mí, como su coach mental que soy (que queda como mucho más culto y profesional que decir que soy su madre) me toca explicarles a veces las posibles razones del comportamiento de otros y darles estrategias para que se manejen en esas situaciones a las que, con frecuencia directamente progresiva a su edad, se enfrentan solos. Y eso de tener que analizar situaciones para explicárselas a ellos, a mí me ayuda a seguir aprendiendo.

Como en todas las disciplinas, no hay mejor forma de aprender que enseñando. La mejor manera de comprobar el completo conocimiento de cualquier asunto es el ser capaz de explicarlo claramente a otros, el poder conseguir que otros lo aprendan. ¿Y cómo vamos a explicarles de qué va el mundo si nosotros mismos no lo sabemos?

Pues no nos queda otra.

Aunque esta labor de “coach” que desempeñamos todos los que educamos menores nos exige un esfuerzo especial de conocimiento de lo que nos rodea para procurar movernos con soltura y ser al menos capaces de explicar las líneas básicas a quienes han de aprenderlo de nosotros, no hay manera de llegar a un conocimiento total ni de nosotros mismos ni del mundo, porque uno y otros no dejamos de sorprendernos, para bien y para mal.

Así que, al final, siempre seremos aprendices. Aprendices que han de enseñar a otros… qué peligro 😉

Anuncios

2 pensamientos en “Aprendices

  1. En esas me encuentro yo también, intentando ayudar a mis dos secuaces adolescentes a moverse por este mundo tan complicado. Y si a mi me cuesta… 😛

Los comentarios están cerrados.