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Hablaban Ana y Carmen del papel de coach mental de los hijos, y yo lo voy a hilar un poco con otro papel, uno típicamente femenino que me da pie a un análisis recurrente, y que no es otro que el de DIRECTIVA, tan típico de mujer. Al menos en el ámbito doméstico.

Hablo en términos generales, pero en la mayoría de las familias formadas por un hombre y una mujer (en las demás no aplica, porque básicamente trato de establecer una comparativa entre características femeninas y masculinas: sí, vuelve la guerra de sexos) al margen de quién ejecute las tareas, y de lo mejor o peor repartidas que estén entre el hombre y la mujer, en la mayoría, insisto, la cabeza pensante que se encarga de tomar las decisiones de organización y logística suele ser ella.

Ella suele ser la que tiene en la cabeza que el niño ha de ir al cole en chándal martes y viernes, y cuándo hay que poner las lavadoras para que la ropa esté lista los días precisos, y el ballet de la niña es los lunes, que esta tarde hay que hacer compra, qué días que toca verdura, la cantidad de tuppers de comida que quedan en la nevera, cuándo toca descongelar el congelador, la revisión de la caldera, que hay que comprar el abono de transportes, que ha sido el cumpleaños de un sobrino y hay que llamar y llevar un detalle, que toca la revisión de la ortodoncia y que la semana que viene tienes cita con el dermatólogo, que últimamente la niña parece un poco decaída, y el niño se distrae más que de costumbre y requieren observación. Además de todo esto, tendrá en su cabeza el resto de los temas que tiene cualquier ser humano sin logísticas familiares: trabajo, ocio y tiempo libre, cultura, etc…

Él, normalmente, en el ámbito doméstico, pregunta: ¿qué hago? ¿hoy qué toca? Y tras recibir instrucciones, las cumple. Él suele ejercer de EJECUTIVO.

En cierto modo, es lógico que si alguien ya se ha tomado el trabajo de montar una logística y de pensar en todos los aspectos relacionados con el día a día fuera del trabajo, para qué pensar dos veces. Lo primero, porque pensar todo eso supone un esfuerzo y exige tener el cerebro ágil y permanentemente alerta, y es que si bajas la guardia, aunque sea un rato, la cagas. Seguro. Se te pasará una cita médica, llegarás tarde a hablar con el tutor, olvidarás preguntar un examen, o pondrás dos días seguidos verdura… no sé, cualquier cosa de esas que desencadenan un colapso doméstico y que te harán sentir un fracaso de responsable. Y lo segundo, porque dos personas distintas idearán dos logísticas distintas, y llegar al consenso es laborioso y un trabajo extra más. Si una de las dos personas se ha dedicado a pensar y a repartir las responsabilidades, y la cosa funciona, para qué cambiar.

Lo curioso es que normalmente, poniéndonos la hipótesis de que si piensan ambas se duplican esfuerzos, de las dos personas, la que se erige responsable de dirección y de parte de la ejecución es ella (en la mayor parte de los casos por iniciativa propia, y de forma casi siempre inconsciente, para más inri), y el que queda como mero ejecutivo es él.

¿Por qué?

He encontrado tres posibles respuestas, que quizás se complementen.

Una de ellas es la socorrida herencia cultural, la tradición (aunque supongo que el por qué desde el principio la mujer ocupó ese rol debe tener una explicación).

Otra de ellas la he encontrado en el momento clave en el que estos roles se acentúan y consolidan. Y es el momento de la llegada de un hijo. Aunque quizás la dirección hasta ese momento fuera algo más equilibrada y compartida por ambos miembros de la pareja, los meses de baja en los que la madre se queda con el hijo en casa modifican los patrones de conducta. En ese tiempo, y dado que es ella la que ofrece una mayor dedicación, se encarga de ir acumulando en su cabeza la logística. Las visitas al pediatra, la ropa, las costumbres del recién llegado, la solución óptima para resolver los problemas. Y el conocimiento y la experiencia en ese tiempo la llevan a ostentar la dirección. Y aunque se reincorpore al trabajo ya no abandonará ese rol. Y cuando delega ocasionalmente en el ejecutor, y las cosas dejan de hacerse a su manera, considerará que funcionan peor, de manera que, muchas veces, aun a costa de sobrecargar su cabeza de responsabilidades que, como poco, piensa –después ya se verá quién ejecuta- continuará en el cargo.

La tercera que he pensado, es que si normalmente es la mujer la que se dedica a pensar en las cuarenta mil cosas que exige el buen funcionamiento de la familia en el día a día, es porque quizás biológicamente disponemos de algún tipo de ventaja con respecto al hombre. No digo con esto ni mucho menos que ellos no sean capaces, puesto que, de hecho, en algunas ocasiones son ellos quienes desempeñan atípicamente el rol, por no hablar de las familias monoparentales en las que él hace de él y ella, o las ultramodernas en las que son dos papás los que se reparten los cargos de directivo y ejecutor. Pero una cosa es que ellos por supuesto puedan, y otra que nosotras tengamos algún tipo de ventaja competitiva -biológicamente hablando- para desempeñar esta labor. Y parece ser que sí, que en el cerebro de la mujer, aun siendo más pequeño, hay más conexiones neuronales entre hemisferio derecho e izquierdo que hacen que en determinadas tareas seamos más eficientes, tengamos más memoria y más inteligencia emocional. Nuestro cerebro está mejor preparado para las actividades multitarea. Ellos, sin embargo, tienen más conexiones entre la parte anterior y posterior de cada uno de sus hemisferios, pero no conectan tanto el uno con el otro. Eso se traduce en que ellos tienen ventaja para coordinar la vista y el movimiento, y mejor preparación para la acción.

Eso explica muchas cosas, como que ese rol logista y organizativo lo tengamos las mujeres tan desarrollado, y nos salga de forma natural, sin habérnoslo propuesto siquiera. Yo al menos en alguna ocasión me he sorprendido a mí misma haciendo esfuerzos de contención para no ponerme a organizar y a buscar soluciones optimizadoras en vidas ajenas y centrarme exclusivamente en la mía, que ya bastante esfuerzo exige.  Lo que parece paradójico es que, con semejantes dotes e inclinaciones naturales por la dirección, la logística, y la organización, las mujeres ocupemos tantos puestos directivos en los hogares y tan pocos en empresas y gobiernos… y sin embargo, también podría tener explicación. Eso sí, habrá que esperar al siguiente capítulo…

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4 pensamientos en “El tópico de las directivas y los ejecutivos

  1. Quizás tampoco estemos acostumbradas a delegar, y debido a alguna mala experiencia pasada acabamos haciendo a la otra parte de la pareja un poco inútil porque intentamos abarcarlo todo. Algo totalmente agotador y estresante, y si encima tienes un mínimo afán perfeccionista…. 🙂

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