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“Debería poderse todo” , decía Patricia el viernes. Pues claro que sí.

Hemos aprendido que nuestra vida ha de estar llena de renuncias, porque cada elección implica una o varias de ellas. Y eso está claro cuando hemos de elegir una opción entre varias incompatibles, pero ¿por qué nuestro progreso intelectual y profesional, el cuidado de nuestra familia y nuestras inquietudes personales son incompatibles?

Como Patricia, opino que los horarios laborales tienen ahí mucho que ver, son mayoría los adultos que han de enfrentarse a horarios extensivos que no dejan conciliar el trabajo con nada: ni vida familiar, ni personal, ni tan siquiera el descanso suficiente para poder afrontar esas largas jornadas. Pero también es verdad que sigue siendo mayoritario el que la conciliación masculina sea más fácil que la femenina y ahí tenemos culpa todos. Porque es verdad que las chicas optamos más por horarios reducidos para compatibilizar nuestra responsabilidad de madres con la del trabajo y con la aspiración de arañar minutos para eso que se dice “nosotras mismas” porque nuestras prioridades parecen ser diferentes, pero también es verdad que no son del todo raras parejas en las que él tiene un horario más reducido y/o flexible y, aún así, la dirección y gestión de la vida familiar sigue siendo exclusiva de ella. Y ahí volveríamos a lo de las directivas y los ejecutivos… y así, en disertaciones en círculo, es como suelen terminar estos interrogantes sobre las cualidades de los distintos sexos y la aplicación práctica a cada una de nuestras vidas.

Hay algo que a mí me preocupa cada vez que se trata esta cuestión de las diferentes opciones de vida de mujeres y hombres y es el punto de vista que suele aplicarse, como si la mujer que decide asumir mayor carga familiar sea menos madura, inteligente o preparada para tomar decisiones. En cambio, si la decisión es optar por renunciar al cuidado de la familia o a tenerla siquiera, se deduce que la mujer es inteligente, decidida y valiente. El dedicarse al cuidado de los hijos se ve como opción de perdedor. El que no veas a tus hijos más que los fines de semana y estén al cuidado de otros mientras tienes una intensa vida profesional, es opción de triunfador, pero la contraria no, porque ese resultado de “construir” personas educadas, responsables, con adecuada autoestima y espíritu de esfuerzo, trabajadoras y alegres, no se mide, no se  ve en nuestra civilización como el éxito que realmente es.

Coincide que la profesión de educador tampoco está entre las más valoradas (de educador de seres humanos, digo, porque si a alguien le da por explicar que se dedica a educar chimpancés, eso si se percibe como profesión interesante donde las haya), así que, mientras asumimos como exitosas otras muchas profesiones de gran importancia , la formación de nuestros “cachorros” sigue siendo una ocupación poco de moda (que digo yo que si construir edificios es algo muy importante, más lo debiera ser construir gente ¿no?) .

Además, como civilización, eso de que el cuidado y educación de la prole (por adultos familiares o profesionales) sea una cuestión menor dice muy poco a nuestro favor, porque nos da muy poquitas probabilidades de verdadero progreso.

Menos mal que, a pesar de no estar de moda, sigue habiendo una legión de hombres y mujeres que dedican, o dedicamos, de forma remunerada o no, gran parte de nuestro tiempo al cuidado y formación de niños y adolescentes con el importante objetivo de que lleguen a ser hombres y mujeres “de bien”.

Menos mal, sí. Ahora sólo falta que la suerte nos acompañe… y nos salga 🙂

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3 pensamientos en “Construir gente

  1. Completamente de acuerdo contigo, Ana. En general, las labores sociales en nuestra sociedad están poco valoradas. Se tiene poca percepción de que sean valiosas. Quienes cuidan a ancianos, a niños, quienes educan… en general quienes lo hacen a sueldo es por poquísimo dinero, y socialmente no están consideradas tareas de prestigio sino todo lo contrario. Y ese problema de valoración es terrible. Porque sólo se valora como de prestigio aquella tarea económicamente exitosa (es decir, aquella que te hace ganar mucho dinero a tí, y si te hace ganar mucho dinero a tí es porque hace ganar mucho dinero a tu empresa). Aunque en esa tarea no haya nada social, ni humano, o incluso aunque tenga mucho de antisocial e inhumano. Y así vamos, valorando positivamente conductas que destruyen nuestra sociedad y la hacen más injusta, y despreciando aquellas que ayudan a sostenerla.

  2. Pero, Patricia, nuestro mundo es tan absurdo que si, de pronto, y por cualquier milagro existencial, un educador cobrara lo que un jugador de fútbol de primera (ni siquera hace falta que sea un crack) en ese mismo momento pasaría a ser muy valorado. Se piensa más en la remuneración del trabajo que en el resultado del trabajo en sí. Es insensato.

  3. Pero y por qué un jugador gana tanto? ¿Porque su trabajo es muy importante? No, porque a su vez hace ganar mucho dinero, porque el fútbol mueve millones. Mientras que un educador no. Va a conseguir que una futura sociedad sea mejor dando recursos intelectuales a los pequeños. Pero directamente, no produce dinero. El problema es que el resultado de un trabajo sólo se mide en términos económicos y de rentabilidad, y a muy corto plazo. Quiero obtener dinero y además lo quiero ya. Y cuanto más, mejor. Y no se mira más allá. Ni nada más. Absolutamente insensato.

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