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El otro día, en una conversación de cocina en el trabajo, me acordé de lo que escribió Ana acerca de la construcción de personas. La que hablaba era una mujer, nueva compañera, que tiene dos hijos pequeños, y cuya jornada laboral finaliza a las 16 de forma que le permite dedicar su tarde para ayudar en esa construcción. Es posible que en su entorno se menosprecie esta opción, y se considere de poco éxito y falta de ambición versus otras posibilidades más productivas (donde productividad se mide en función de cuánto dinero haces ganar y cuánto ganas).

La compañera comentaba, muy volcada en la tarea de construir a sus hijos, su preocupación por los mediocres niveles de inglés en la escuela. Que el colegio de sus hijos era teóricamente bilingüe pero en la práctica no, y que ya había apuntado al mayor (5 años) a extraescolares dos tardes a la semana, para que no se quedara por debajo de la media en el dominio del idioma. Y comentaba también que se sentía culpable porque al hijo no le gustaba, que le había dicho que prefería ir a jugar al parque.

Yo le dije que quizás no era tan urgente el tema del inglés, que siempre tendría tiempo cuando fuera mayor para irse un año a trabajar a algún país de habla inglesa y perfeccionar el idioma. Y me contestó que el problema es que con esa carencia, mientras su hijo estuviera perdiendo un año de su vida en aprenderlo fuera, los niños que ya fueran bilingües podrían directamente ir a una universidad en el extranjero, o estar haciendo un doctorado, o directamente optar a trabajar en alguna empresa puntera y no como camarero mientras aprende el idioma.

Me quedé un poco aturdida. Me di cuenta de que este entorno de fiera competitividad nos obliga a construir personas altamente productivas para que no sean excluidas del sistema. Las personas como medio de producción. Y yo mientras tan tranquila…quejándome incluso de las cargas escolares. De modo que es necesario arrebatarles parte de la niñez y sustituir los juegos por un pesado bagaje de idiomas, conceptos y competencias en nuevas tecnologías….

Bueno, la cosa es que me pareció que la mujer estaba altamente angustiada, pues por un lado siente la responsabilidad de preparar lo mejor posible a su hijo, y por otro, le apena sacrificar su infancia. ¿Qué es mejor para él? ¿Cómo lo construyo? Yo traté de quitarle importancia. En realidad, yo creo que respetando los talentos naturales del niño, él mismo, por vocación, por puro gusto, irá aprendiendo sin problemas todo aquello extracurricular que necesite para poder ser bueno en aquello que le gusta. 

Me contestó que eso era sencillo en algunos casos, pero que hay quienes lo tienen muy claro. Que su hijo, por ejemplo, no sabía lo que le gustaba, necesitaba actividades dirigidas, que no tenía ninguna vocación ni afición especial, que estaba muy preocupada.

Me dije a mí misma que de momento ese niño sabe y le ha dicho que le gusta jugar en el parque, pero lo que él quiere da igual porque tiene que ir a clases complementarias de inglés. A ella sólo me atreví a decirle que con cinco años es posible que fuera normal no tener una vocación clara.

Por la tarde, en casa, mi hijo mayor tenía deberes de Educación para la Ciudadanía. Tenía que contestar a una serie de preguntas: ¿a qué te gustaría dedicarte? ¿por qué? ¿qué opinas acerca de ti mismo? ¿cuáles crees que son tus virtudes y cuáles tus defectos? ¿por qué consideras que es importante la autoestima? Estuvo contestando contento y con mucho interés. Esto es altamente infrecuente, normalmente los deberes le resultan nada motivadores y aburridos. Me dijo que le gustaba la asignatura. Y que no podía leer sus respuestas porque era privado.

Lo cierto es que me parecieron unas cuestiones de lo más necesarias, más que el estudio de las valencias de la tabla periódica, o que el repaso del cálculo de las raíces cuadradas. A mí nadie me instó a hacerme estas cuestiones en su día. Y eso que son cuestiones de una gran importancia. El autoconocimiento, los deseos de futuro, la autoestima, la valoración personal… Creo que tienen mucho más que ver con la construcción de personas que con el llenar a una persona de conocimientos de cara a su futura productividad, a hacer de esa persona un medio para obtener un fin. Sin embargo, esta asignatura está en vías de extinción. De hecho, este es el último año que se imparte, porque se considera adoctrinante.

Nuestra sociedad adolece de preocupación por las personas, y es que está demasiado preocupada por hacer dinero: producir y consumir. La percepción social que hay acerca de las profesiones o labores sociales/humanas es pobre. Salvo contadas excepciones, se trata de profesiones de segunda. O de tercera. Pero es que los formadores, incluidos los propios padres, vamos dirigiendo a los pequeños, enseñándoles de una forma indirecta e inconsciente pero muy clara, cuál es la escala de valores que impera, y que a ella deben someterse. A qué se le llama éxito y a qué fracaso. Lo que han de hacer para recibir reconocimiento y lo que no. Al margen de quiénes sean, de sus talentos, de sus vocaciones, de sus deseos. Desde el propio seno del hogar sacrificamos a la persona para esculpir una pieza que le venga bien a la máquina. Cuando precisamente, ese sería el mejor lugar para comenzar a replantear otros valores. Como el del ser humano como fin en sí mismo.

El hombre

debiera poder ser lo que desea,

debiera poder ser en la medida

de su ilusión y su deseo

Juan Ramón Jiménez

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2 pensamientos en “en la medida de la ilusión y los deseos

  1. Corea del Sur es el país líder mundial en educación y formación de sus alumnos, según el informe Pisa pero también está en primer lugar en tasa de suicidios de menores de 24 años. Ningún padre quiere que sus hijos se queden atrás pero la felicidad también es importante y el juego y el ser niño cuando toca serlo.

  2. Supongo que también se podría revisar qué valores se están teniendo en cuenta a la hora de considerar el sistema educativo líder.
    Yo creo que la educación, si está enfrentada con la felicidad, falla. Pero a veces es difícil no dejarse llevar por el sistema de valores que impera, y olvidar lo importante, y el respeto por el propio niño (como también olvidamos el respeto propio). Así que para que no se me olvide llevo escrito el verso de Juan Ramón en la funda del móvil 🙂
    Gracias por comentar conmigo 🙂 y buen fin de semana!
    Besos

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