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Termina Patricia su viernes con unos versos de Juan Ramón Jiménez y me hace recordar que hace ya mucho que no escribo versos, y hace ya mucho, lo que es peor, que no los leo.

Esa percepción mía de que cada obra literaria  ha de leerse como pieza individual y dejando tiempo para reposar entre una y otra me hace mala lectora de relatos y de poesías. Porque ellos necesitan su tiempo para ser disfrutados y yo no suelo encontrar ese momento de calma y de desconexión mental que me parece exigen obras tan pequeñas y que tanto han de decir en tan poco espacio. Quizá es raro, pero creo más fácil leer textos largos que textos cortos. Los largos requieren menos atención y, para mentes tan dispersas en intereses, quehaceres y ocupaciones como la mía, me es más fácil optar por ellos, porque si me he dispersado pensando en otra cosa y no me he enterado mucho de una página de una novela, suele tener fácil solución en alguna de las siguientes o, incluso, puedo releer la página y seguir adelante.

Pero si leo un poema y tengo la sensación de que no lo entiendo, me siento peor, porque, si el poema es bueno, no se entiende, se siente. Aunque se escape el significado de una palabra, la cadencia de las letras y el ritmo de los sonidos al leer los versos (porque en voz alta se han de leer aunque no se escuchen)  han de transmitir alguna sensación: soledad, calma, alegría, sosiego…

Así que yo, en general, no leo poesía, no busco leerla, aunque, de vez en cuando, es ella la que me busca a mí y puede que unos versos, en forma de poema o de canción, me encuentren y me hagan tener la sensación de que en el fondo a mí me encanta la poesía. Porque me gusta disfrutar de esa magia de significado y sensaciones en pocas letras, del ritmo de las sílabas o, incluso, del vaivén del mar…

En la intemperie del poema cantan

sirenas y no hay que

hacerles caso. La palabra navega. ¿Y esa mano

qué quiere decir? ¿Quién la puso

aquí mismo en escándalos de

lo bien amado/el odio

a lo que bien se ama? Las criaturas

seguras del abismo parlan,

recuperan la pérdida

para perderla otra vez. Ahora

el color rojo es piedra que

golpea palabras

                              Sirenas. Mundar. Juan Gelman

Hay palabras de fácil verso, porque al entrecruzar de las letras se le unió un significado amigo, y son bonitas al verse escritas, al ser leídas o escuchadas, y ellas solas pueden aspirar a ser pura poesía.

Luego hay palabras, otras palabras, que nunca podrán versarse. Estos últimos meses hay una que se oye, se lee y se pronuncia habitualmente. Tiene una bonita sonoridad, con todas sus vocales abiertas, consonantes suaves, con encanto esdrújulo. Pero a esa hermosa combinación de letras, el significado puso un escalofrío.

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