Home

La epidemia está aquí, y en realidad no se fue nunca. Del brote de ébola podría decir que llevo leyendo reseñas y buscándolas yo misma desde principios de año. Ya se alertaba desde ONGs de que esta vez el brote era distinto a los demás, pero apenas ocupaba en prensa un par de párrafos en lugares pocos destacados, sólo para hipocondríacos o lectores de rarezas. Minorías. No sé muy bien en qué grupo encuadrarme, pero el caso es que yo las buscaba. Y después leía los comentarios. En los periódicos digitales, de todo signo, abundaban los comentarios que encontraban en el ébola otro argumento más para el refuerzo de fronteras ante la amenaza de que el virus pudiera cruzar el estrecho, ya fuera en patera o a través de una valla. Muchos meses más tarde, ironías del destino, el ébola logró cruzar, pero no en patera sino en avión medicalizado. Los comentarios, que hace unos meses tildaría de mezquinos, de aquellos tan preocupados por la salvaguarda de la frontera, se asemejan bastante a los que actualmente encuentran la causa del mal en el traslado de los dos médicos en esos aviones.

Efectivamente la epidemia está aquí. Ha estado siempre. Mientras nos creímos a salvo, ningún gobierno consideró necesario enviar fondos a los países de origen para tratar de controlar el brote. A pesar de las advertencias de las ONGs que veían la situación en primera línea de fuego, completamente desbordadas, a pesar de las peticiones de ayuda de los gobiernos locales. Ningún gobierno consideró necesario el envío de ayuda o efectivos a unos países que por sí mismos carecen por completo de medios para hacer frente a nada. No pueden hacer frente a la malaria, al VIH, a la analfabetización, a la pobreza, a los huérfanos, al hambre, ni tampoco al ébola. Pero en occidente pensábamos que nuestras fronteras eran seguras. Mientras a mí no me toque… Mientras el problema se redujera a esos países del continente del que los países occidentales, esos que nos hacemos llamar civilizados, primer mundo, etc… hemos estado abusando…

Sí, hablo de África, cuya población se usó como mano de obra esclava como impulso necesario para el florecimiento económico de la que sería la mayor potencia mundial, y cuyas consecuencias aún se palpan en una enorme brecha racial en los Estados Unidos. África, saqueada (colonización es un eufemismo) después por Europa, se extrajeron sus recursos y riquezas naturales, se repartieron su territorio trazando las fronteras con reglas en acuerdos de despacho. Se colocaron gobiernos que permitieran continuar con el expolio, se arrasó la cultura local, sus valores, se les impuso nuestra civilización, enfrentando tribus y pueblos, fomentando interminables guerras civiles, infectando con nuestra codicia ese continente, y después se le abandonó. Lo abandonamos. Allí sólo acuden algunos voluntarios (religiosos o no), para tratar de vaciar el océano con un cubo. Ahora, una vez extraído el diamante, que sirva África como cementerio de residuos nucleares, y de coto de caza privado para lso dueños de las grandes fortunas. Y pobrecitos esos negros que se mueren de hambre, pero que no traspasen las fronteras a comerse nuestro bienestar. Ni mucho menos a traernos sus enfermedades. Por cierto, tú qué eres, de windows o de mac?

El miedo nos llena de mezquindad, el mientras mi culo esté a salvo nos llena de mezquindad, y ahora mismo hay tanta que a veces me siento con ganas de vomitar sangre de puro asco, de pura vergüenza. Mientras siguen muriendo a miles, mientras esa pobre enfermera lucha por su vida, aquellos que nos gobiernan eluden sus responsabilidades, se escuchan acusaciones vergonzosas, nadie se quiere arriesgar a ser parte activa de los cuidados, se fuerza a quienes se encuentran en la situación más vulnerable y están menos preparados a ser quienes lo hagan, por miedo, por miedo, por mantener el culo propio a salvo. Por miedo nos convertimos en monstruos. A veces creo que si hay que sobrevivir y ponerse a salvo a costa de toda esta mezquindad, casi es mejor estar muerto.

África es la vergüenza misma de nuestra vida occidental. Es la cara más visible y más flagrante del sufrimiento a costa del cual nosotros sostenemos nuestra sociedad del despilfarro. Somos responsables. ¡Todos! Porque si los distintos gobiernos no incluyen a África como prioridad en sus presupuestos generales es porque esa partida presupuestaria no supone votos. Si no existe esa sensibilidad ni esa exigencia ciudadana, ningún gobierno moverá un dedo. También como ciudadanos, dentro de nuestra pequeña potestad, debemos hacer frente y reconocer nuestra propia responsabilidad.

Y es que a nadie nos importó el ébola hasta que comenzó a existir el riesgo de que cruzara las fronteras, hasta que, como era previsible desde hace meses, y sin que institucionalmente se invirtiera en ayudar en origen, se descontroló la epidemia. No se ha comenzado a investigar en vacunas ni en sueros curativos hasta que no ha habido enfermos procedentes de países que pudieran pagar a las industrias farmacéuticas, que se frotan ahora las manos. La partida más importante gastada en occidente ha sido la de repatriar a sus enfermos y acondicionar sus hospitales, deprisa y corriendo. Como si no hubiera sido posible preverlo. Como si el brote no llevara meses evolucionando hasta la situación actual.

A nadie nos asustó ni exigimos responsabilidades por todos los muertos que ya hay, ni actuaciones, ni un control, ni inversiones en salud pública hasta que la salud pública afectada fue la nuestra, la circunscrita a una frontera, ¡una frontera!, que no olvidemos no deja de ser un artificio político, ingenuo y estrecho de mente.

¿De verdad pensamos que el hecho de traer o no a dos enfermos es el motivo por el cual está el virus aquí? Si no hubiera sido de esa forma habría sido de otra. Es cuestión de tiempo. Y seguirá llegando. Y el motivo no es otro que el que nadie ayudó a combatir la epidemia a quien no podía hacerlo por sí mismo. Las fronteras son absurdas, porque el sufrimiento de un pueblo, incluso si sufre al otro lado del mundo, nos termina afectando  de una manera o de otra, y este caso concreto del ébola es de lo más ilustrativo. .

Así que si no se colabora por solucionar los problemas y las desigualdades de una manera global, desde las instituciones, a partir del clamor y la exigencia ciudadana por motivos de humanidad, que de eso entendemos poco, deberíamos hacerlo por propio egoísmo. El mientras a mí no me toque es ingenuo y miope, es egoísta y rastrero, es mezquino. Es humano también. El mientras a mí no me toque es la gran epidemia, está aquí, y nos ha infectado a todos.

Anuncios

3 pensamientos en “La gran epidemia

  1. me entristece decir que tienes la razón y que existen en el mundo miles de situaciones en las que: mientras a mí no me toque.

    te abrazo en esta total desesperación, de muertes por contagio de lo que sea, de muertes por ignorancia, de desaparecidos y de muertos por intoxicación de bala y aún así con toda esta complejidad todos los días la gente se repite, mientras a mí no me toque.

    • Gracias Carlos. Lo peor de todo es que, aún sabiéndolo, aún viéndolo, aún siendo consciente, aún doliéndome, no soy mejor que nadie. En situación de miedo, me imagino mezquina como el que más, para que a mí no me toque. No le niego aspectos hermosos a la naturaleza humana, pero de otros siento una profunda vergüenza.
      Otro abrazo.

  2. Totalmente de acuerdo. La situación de África es responsabilidad de los gobiernos occidentales y de su saqueo histórico y sistemático. Es una vergüenza seguir dando la espalda a ese continente como si no fuera con nosotros. Tendríamos que poner todos los medios posibles para acabar no solo con el ebola, sino con todas las demás enfermedades para las que en Europa tenemos remedio, y con el hambre, y la miseria. Se lo debemos.

Los comentarios están cerrados.