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Antes de ayer se conmemoraba (que para según qué cosas, lo de “celebrar” me parece poco apropiado) el Día Internacional de la Niña. Hace tres años, la Asamblea General de la ONU designó este día con el fin de “crear conciencia sobre la situación de las niñas en todo el mundo”, reconociendo, además, que “el empoderamiento de las niñas y la inversión sobre ellas son fundamentales para el crecimiento económico”.

O sea, que por si hay alguien a quien los matrimonios infantiles, la ignorancia obligada (véase Malala), la mutilación genital, la menor alimentación con respecto a sus hermanos varones, la mayor incidencia de abusos… no les parece razón para protegerlas especialmente, las Naciones Unidas ofrecen también un argumento económico. No sólo hay que protegerlas porque es infame no hacerlo, sino también porque el mundo necesita su concurso para el crecimiento económico.

Hace años, leyendo un folleto de una ONG, mis hijos me preguntaban por qué se hablaba de protección de los niños y de las mujeres pero no de los hombres. Yo les expliqué que porque, en cualquier situación difícil, por hambruna, por guerra, por enfermedad… lo de ser niño, o mujer solía añadir una dificultad más. No es que los hombres no sufran discriminaciones, vejaciones o catástrofes varias, es que en esas mismas situaciones el ser niño o mujer les hace estar un poquito peor. Y si ya juntas las dos condiciones en una misma persona… mucho peor.

La violación sistemática sigue usándose como arma de guerra, el acceso a la educación, a la sanidad e, incluso, al alimento, en muchas regiones con recursos limitados se limita para las niñas a favor de los niños, se venden niñas a cambio de una dote… y así barbaridad tras barbaridad.

Pero eso, como diría Patricia, podemos pensar que nos queda bastante lejos.

¿Qué pasa aquí?

Pues que hay campañas para despertar la conciencia de las adolescentes para que no permitan que sus incipientes novios las controlen via móvil o las restrinjan su libertad para vestirse como les convenga, para evitar más adelante males mayores.

Que sigue habiendo profesiones y deportes que se siguen considerando no aptos para las niñas.

Que no logran ver en televisión las gestas deportivas de sus “congéneres” más mayores con lo que no pueden convertirlas en ídolos para el futuro.

Que se considera apto para la venta un cómodo pijama infantil en el que en el azul se estampa la leyenda “listo como papá” y en el rosa “bonita como mamá” (hasta que llegan las protestas y se retira del mercado).

En nuestro afortunado mundo la mayoría de los niños y niñas están bien pero aquí también a ellas les cuestan más las cosas, a veces porque han de enfrentarse a una barrera casi palpable pero otras porque sigue habiendo una gran discriminación sutil y paternalista, una muestra más de que aunque por ventura a nuestros menores la fortuna les sonría más aquí que en otras partes del mundo, ellas siguen estando un poquito peor.

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Un pensamiento en “Un poquito peor

  1. Y es que en gran parte del mundo nacer niña te hace la vida muy dificil, aunque acaben sobreviviendo, a pesar de todo y sobre todo. 🙂

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