Home

A veces parece que cada día nos aflora un famoso nuevo, sin llegar casi a saber de dónde salió el anterior, los medios de comunicación se pueblan con fotos, declaraciones y entrevistas de un nuevo personaje. Como la mayoría ya habrá entendido, yo no me refiero a los famosos por méritos propios (por ejemplo las chicas triunfadoras en múltiples deportes que ahora aprendemos a conocer y, espero que, a admirar) sino a aquellos a los que en el curriculum, como mucho, pueden citar un parentesco.

Y muy en esa facción veo yo en estos días a Javier Limón, el marido de Teresa Romero, nuestra flamante superviviente al Ébola. Este señor, por lo que a mí me ha llegado de los medios informativos, estuvo un poco desaparecido al principio, hasta que defendió por carta la vida de su perro (mientras su mujer y todo el equipo médico asignado al caso peleaban por salvar la suya), durante unos días dijo no haber hablado con su mujer (de forma un poco incomprensible cuando ella sí había hablado con Cuatro y había hecho unas declaraciones por teléfono) y ya casi al final de la crisis se erigió en el defensor indignado de los derechos de ella.

Es verdad que todo parece indicar que hubo algún error en la gestión del virus: quizá en el cuidado que Teresa puso al desvestirse, quizá en el protocolo a seguir fijado, quizá en el no advertir a cada persona que se acercaba a ella de que era una posible enferma de Ébola (porque parece que a su hermano sí le dijo que no pasara por su casa), muy probablemente en la gestión administrativa del problema aunque, por los resultados, no parece que lo hubiera en la gestión médica, casi seguro en la gestión política (varias meteduras de pata algo impresentables de varios responsables) y no sé en cuántas cosas más. Aunque como auxiliar clínica presentada voluntaria para un trabajo de atención a pacientes con enfermedades con riesgo alto de contagio  el que este se concrete no parece deba dar lugar a grandes discusiones ni a acalorados debates sobre la responsabilidad política del tema. Y mucho menos cuando todos los esfuerzos han de concentrarse en salvar la vida de la paciente y facilitarle la recuperación física y mental y su regreso a la normalidad cuanto antes.

Porque yo lo que veo ahora es que esta mujer va a salir del hospital débil, cansada, sin haberse recuperado del todo, y lo que se va a encontrar es, aparte de la ausencia de su perro que seguro le duele pero ya está avisada, con un marido al que curiosamente nada contagió en varios días de convivencia antes del ingreso hospitalario y que ha recorrido varios platós televisivos contando su historia, su objetivo de limpiar el nombre de su mujer y presentar demandas a diestro y siniestro y cercenando de raíz cualquier posibilidad de que Teresa Romero pueda asumir su anterior vida discreta cuanto antes. Yo, por menos de eso, iniciaría mi vuelta a la “normaildad marital” con una bronca de tres pares de narices.

Doy por supuesto que, si hay sospechas o indicios de que alguien haya tenido alguna responsabilidad en algún hecho que cause daños a otros, hay que denunciarlo. No por venganza, sino por averiguar qué ha pasado y por que cada palo aguante su vela. Por eso creo que Teresa Romero se merece que se investigue qué culpas puede haber habido en su contagio y se aprenda para próximos casos. Pero los cauces lícitos para la denuncia no suelen pasar por los platós televisivos.

A mí me parece perfecto que el marido de la paciente quiera reclamar lo que él considere reclamable pero el que las demandas múltiples que parece quiere presentar sean anunciadas previamente en entrevistas en medios que, probablemente, remuneren su presencia me hace  pensar que la intención va más allá de la reclamación y se acerca peligrosamente a lo que vulgarmente se llama “sacar tajada”. Y eso sí que no creo que se lo merezca Teresa ni ninguno de los que, arriesgando su vida, la han tratado y atendido. Y, si me apuras, ni siquiera nos lo merecemos el resto de los españoles que estamos ya hartos de que el “sacar tajada” se esté convirtiendo en objetivo soterrado de individuos de toda condición social y profesión.

Yo preferiría que el “caso Teresa Romero” terminara con final feliz: con ella en casa, restablecida y con ganas de volver a trabajar en ese trabajo suyo tan arriesgado, tan útil y tan importante para los demás. Pero no tengo claro que el marido sea capaz de permitir ese final. Ya veremos.

Anuncios

Un pensamiento en “Una cosa es reclamar y otra sacar tajada

  1. Pues si, yo creo que lo peor para Teresa no ha sido sobrevivir al ébola, si no que va a ser poder superar la presión mediática a la que los medios de comunicaciones sensacionalistas que ahora llenas las horas de los telediarios la van a someter, y parece que su marido no la está ayudando en la transición. 😦

Los comentarios están cerrados.