Home

Yo me dedico a la política. O, al menos, eso creo yo. No como actividad única, ni principal siquiera, y sin remuneración ninguna.

Como siempre que tengo dudas semánticas voy a recurrir al diccionario de la Real Academia (lástima que para las existenciales no me vale 😉 )

Hay tres acepciones importantes en la palabra “política”:

1. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los estados.

2. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.

3. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto o de cualquier otro modo.

Es verdad que nuestros asuntos públicos se deciden en el Parlamento Europeo, en las Cortes Generales, en las Asambleas autonómicas, en las Corporaciones Locales… en todos estos sitios en los que los políticos son profesionales de su actividad.

Pero también asuntos públicos más cotidianos se dediden en Comunidades de Vecinos, Comités de Empresa, Consejos Escolares, Juntas Vecinales, AMPAs, Delegaciones de Alumnos, … en otros muchos sitios en los que los “políticos” ni son profesionales de esa actividad, ni reciben ninguna remuneración por ello.

Tanto unos como otros desarrollan una actividad política pero sólo a los que la realizan a cambio de una remuneración les consideramos políticos. Y, supongo yo, que la frase de Aznar del otro día se referiría también sólo a los de ese grupo puesto que de los otros no parece que nadie se acuerde.

Supongamos que el camino para llegar al desempeño de la actividad política como actividad única empieza con una pequeña responsabilidad en un ámbito pequeño, por ejemplo, un delegado de clase en primaria que, como lo hace bien, recibe la confianza de los alumnos para ser al año siguiente delegado de curso y, como lo sigue haciendo bien (y además saca buenas notas y tiene un buen comportamiento, que l@s niñ@s al votar no suelen ser tont@s) termina representando a los alumnos en el Consejo Escolar. Su formación académica, humana y política van a la par. En la Universidad, es posible que vuelva a presentarse para delegado, o quizá no, y su actividad política termina antes de ser un adulto.

Es también muy posible que de la Universidad salga algún líder nato, de esos que defienden el bien común sin olvidar sus responsabilidades y obligaciones para consigo mismo. Aprueban cursos, carreras, grados, másteres… y siguen con su actividad política porque esta es complementaria de la otra (no tiene sentido un delegado de alumnos que no sea alumno, por ejemplo).

En las empresas, previo paso o no por la Universidad, también se eligen representantes ante los órganos colegiados, representantes que, si realizan su función a satisfacción de sus electores, volverán a ser elegidos en la siguiente oportunidad que se presente así que su actividad política puede llegar a ser importante, aunque no principal y, normalmente, salvo intervención de los sindicatos, no remunerada.

Tenemos entonces “políticos” nacidos en los colegios, en las universidades y en las empresas. Personas que desarrollan esa actividad de intervención en asuntos públicos como complementaria de la que se refiere a sus asuntos privados, sin más recompensa que la satisfacción de conseguir cosas (cuando se consigue que esta satisfacción supere a las decepciones por todo aquello que se intenta y no se consigue) y ninguna remuneración económica (repito porque parece va a ser lo importante).

¿Qué motivación tendrán esos políticos de andar por casa (cole, facultad o empresa) para dedicarse a esta actividad?

La remuneración económica está claro que no, porque no existe. Así que algo tendrá que ver con un interés en el conocimiento del funcionamiento de las instituciones, una vocación de servicio público, una puesta al servicio del resto de las habilidades propias, quizá un pequeño o gran ego que alimentar, no sé, serán variadas las razones y yo no termino de tener claras las mías propias. Entonces, con estas motivaciones, ¿qué daño puede hacer a la mayoría de estos políticos esa posible hiperregulación que preocupa al antiguo Presidente?

Luego están los políticos de Aznar, esos a los que la hiperregulación contra la corrupción puede hacer que sea imposible que se dediquen a la política ¿por qué?

Pues a mí no se me ocurre otra razón que la diferente motivación con respecto al resto. Si los políticos “menores” pasaran a la política grande manteniendo sus motivaciones, recibirían una remuneración adecuada a su puesto, ya que el tiempo dedicado a mayores responsabilidades impediría que pudieran realizar otra actividad remunerada, pero no tendrían por qué aspirar al enriquecimiento puesto que la económica no era la motivación que les hacía trabajar en asuntos públicos.

Así que el que esa “hiperregulación” imposibilite la actividad política de personas inteligentes (según baremo Aznar) se debería exclusivamente a que la motivación de esas personas (para mí que el adjetivo de inteligentes debería ir acompañado de algún otro menos favorable) es fundamentalmente económica.

Y, para mí, es justo la existencia de esa motivación en más políticos de los que sería recomendable, la razón de que sea imprescindible una regulación estricta de la actividad política remunerada. Es más, si esta regulación imposibilitara que esas personas inteligentes (baremo Aznar) pudieran dedicarse a la política, a mí me darían una alegría.

Así que yo, aunque nadie me va a preguntar, voto por la hiperregulación. A ver si hay suerte y hacemos una limpia.

Anuncios

6 pensamientos en “Imposible dedicarse a la política

  1. El otro día tuve un discusión con una compañera, que sostenía que uno de los principales motivos de la corrupción es la escasa remuneración de nuestros políticos. Sostenía que, en comparación con la empresa privada, nadie en su sano juicio con una cierta valía, aceptaría la responsabilidad y la presión de determinados cargos políticos a cambio de los sueldos que van a percibir.
    Los sueldos públicos se conocen a priori. Estoy de acuerdo en que no sirven para que nadie se haga rico, pero sí me parecen más que dignos. Por no hablar de que muchos de ellos son vitalicios. Si alguien tiene mayores pretensiones económicas que trabaje para el sector privado. La principal motivación, como dices, debe estar en el prestar un servicio público, en trabajar por lo común. El choriceo y el uso de un cargo público para lograr un beneficio personal, a mi juicio no tiene legitimación ni perdón posible. Ojalá ni hiciera falta hiperregular, pero visto lo visto….

  2. Pues si, si sirve para que algunos se alejen de la política bienvenida sea la hiperregulación. Creo que los sueldos de los políticos están sobradamente bien, rallando en el escándalo. Y no me sirve que sean menores que los sueldos del sector privado, que ya me parecen tan escandalosamente disparados que deberían prohibirse. Sobre todo cuando un trabajador de una multinacional cobra un salario mínimo rallando en la miseria y sin el cual la empresa no funcionaria, mientras que un medio o alto directivo de esa misma empresa cobra cien veces mas. Delirante.

    • En la bonanza se desmandaron algunos sueldos, en la recesión se recortan sueldos de aquéllos a los que no se les desmandaron en la bonanza. Muy entendible, sí 😉

  3. Cuando quieres hacer cosas las haces, yo soy secretario del AMPA del cole de mis hijas, dedico un porrón de horas sin cobrar nada, al revés, siempre palmas pasta en viajes para sellar libros y movidas, también participo todos los años en la cabalgata, de lo que toque, hasta de Gaspar 🙂

    La cosa es que normalmente nunca haces eso por vocación, la haces porque ves que si tú no lo haces nadie lo hace, así entra todo el mundo, muy pocos compañeros del AMPA están ahí por vocación, dos concretamente. El resto pues eso, empiezas ayudando un día y acabas hasta las cejas dentro.

    La política con mayúsculas me da que es otro tema, porque el que entra es porque quiere en la mayoría de los casos, si se pelean por un puesto, de lo que sea, ¿Que debe ser renumerado? ¿Por qué? si realmente hay vocación de servir lo haces, ¿que no puedes hacerlo toda la vida? Evidente, pero quizá el problema de la corrupción sea ese, el estar tanto tiempo.

  4. Yo tampoco creo que sea por vocación en la mayoría, Dessjuest, es más bien responsabilidad. Sí creo que, si el político pasa a desarrollar una actividad que exige toda su dedicación, debe recibir un sueldo. Pero un sueldo justo, sin más. Por lo que se ha visto no creo que la corrupción responda a la búsqueda de un sueldo imprescindible para la supervivencia del político o para el complemento de un sueldo escaso, parece más bien que, cuanto más ganan, más quieren. Curiosa regla.

Los comentarios están cerrados.