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Si la evolución hubiera terminado su trabajo sobre estos animalillos humanos que poblamos la tierra, es fácil que hubiéramos llegado a ser seres perfectos. Dotados de todas aquéllas cualidades que podrían hacernos sentir continuamente orgullosos de pertenecer a esta especie. Estaríamos hechos de las dosis justas de bondad, fuerza, valor, empatía, solidaridad indiscriminada, compasión, inteligencia, sabiduría… Y viviríamos en un mundo fácil, sorprendidos de vez en cuando por desastres naturales pero a salvo siempre de cualquier agresión entre iguales.

Pero no ha habido suerte, y aquí estamos, a medio camino, sorprendidos de vez en cuando por desastres naturales pero acostumbrados ya a que las agresiones entre iguales sean contínuas.

Es mentalmente inabarcable el número de personas que cada día mueren a manos de otros, el de las que sufren torturas o castigos físicos, el de las que mueren o sufren de hambre. Hay un grado tal de sufrimiento gratuito en este planeta que no sería de extrañar que, algún día, desde el espacio exterior no sólo se vean las siluetas de luces de los países, sino que se lleguen a oír gritos encadenados de los que sufren.

O quizá algún día pueda escucharse uno solo, un único y desgarrador grito de dolor que haga temblar al universo.

Y a ver si entonces espabilamos.

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2 pensamientos en “Un grito en el universo

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