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Los atentos seguidores de este blog probablemente notaron que el último lunes no hubo artículo y, con esta forma que tenemos de repartir los artículos, apropiándonos cada una de un día de la semana, esos atentos seguidores habrán asignando la culpa inmediatamente a la que suscribe (o a la que escribe, mejor dicho 😉 ). Pero  resulta que la  culpa no es exclusivamente mía y parece que, para que no se me olvidara, las otras dos coautoras han puesto el dedo en la llaga con sus últimos artículos: con las elecciones griegas y con el hijocentrismo.

Vamos por partes:

Desde el fin de semana yo ya tenía claro que el artículo del lunes vendría condicionado por las elecciones griegas. En un blog sobre temas de actualidad como este, un acontecimiento tan importante en sí y con tantas posibles interpretaciones sobre su trascendencia futura, condiciona la escritura. Porque, aunque no estemos obligadas a escribir sobre un acontecimiento concreto (obligaciones aquí tenemos las justitas), cuando son de tanta relevancia, has de elegir tratarlo o no y esa decisión a veces es difícil de tomar, porque puede implicar una huida. Y algo así me pasó. Durante el fin de semana barajé varias posibilidades para tratar el tema, considerando  preferentemente la posibilidad de huida, porque a mí los temas a veces me vienen demasiado grandes y esa era mi sensación con las elecciones griegas, antes de conocer incluso los resultados del escrutinio pero, a pesar de todo y con una bola de razonamientos múltiples en la cabeza, decidí escribir sobre ello.

A mí me gusta la política (creo que en algún artículo anterior ya he hablado de ello) en cuanto a disciplina que trata sobre los asuntos públicos y la gestión de estos, me interesa conocer las bases en las que se asienta nuestra organización, me planteo qué decisiones serían las sensatas o no, qué tipo de organización me parecería mejor, con qué decisiones estoy de acuerdo o cuáles me disgustan o incluso me espantan, qué tipo de líderes me parecen adecuados, qué tipo de organización estatal o local me parece mejor… no sé, lo que es la política en general. En general, sí, en general.

Porque lo que es la política en particular en estos últimos años me tiene superada. Y no me veo capaz de hacer un análisis válido de la situación política actual, de la victoria de un partido concreto o de las posibles victorias o derrotas en las varias elecciones que se nos avecinan por aquí, porque creo que esto hace ya tiempo que se ha salido de los márgenes de la más mínima racionalidad. Y ahora es cuando sin verme capaz de hacer un análisis válido me temo  voy a hacer uno inválido… 😉

Entiendo que un análisis político debe ser principalmente un análisis ideológico de las candidaturas, porque entiendo también que la base de un sistema democrático es la oferta a los ciudadanos de distintas candidaturas con diferentes ideologías para que cada uno elijamos cuál se parece más a la nuestra, para darle nuestra confianza con nuestro voto  y elegirlas como gobernantes de las organizaciones. Por la suma de los votos se conocerá cuál es la ideología mayoritaria, esa que verá “premiada” su popularidad con la responsabilidad de gobierno en el periodo siguiente. Muy fácil y muy básico, aparentemente.

Pero resulta que ahora mismo observo que hay varios condicionantes que hacen que el margen ideológico a la hora de votar esté muy reducido. A saber:

1. Vivimos en un mundo global en el que varias decisiones vienen tomadas por gobiernos supranacionales, así que, independientemente de lo que votemos aquí, la ideología supranacional decide parte. Siendo optimistas, podemos opinar, probablemente, sobre alrededor de un 60% de las decisiones totales que se toman en nuestro país. Así que para qué vamos a plantearnos una decisión ideológica al 100% si sólo opinamos sobre el 60, pues el peso ideológico de nuestra decisión de votar habrá que reducirlo al 60%.

2. Parece que hay una ideología transversal en todas las organizaciones políticas y sindicales que se llama corrupción. Quiero pensar que no en todos los miembros de ellas pero a veces me cuesta. Y esta ideología transversal perjudica la confianza en que cualquiera de las organizaciones vaya a cumplir con su ideología básica por lo que, si por mucho que la tengan no van a cumplirla… ¿para qué vamos a tenerla en cuenta?. Así que pongamos que esta circunstancia perjudica a la elección ideológica en un 30%, siendo bastante optimistas también, por lo que nos quedaría aún un margen ideológico del 30%, más o menos.

3. Nuestra experiencia electoral nos ha mostrado que ninguno de los partidos políticos que ganan las elecciones cumple con sus programas. Los programas más inamovibles a lo largo de los periodos electorales son los de los partidos minoritarios que, como no cuentan con gobernar, pueden hacer promesas más ambiciosas. Así que, del programa ideológico de un partido, pongamos que nos podemos creer el 50 %, siendo muy optimistas. Aplicando el 50% sobre el 30% que nos quedaba, podemos contar con un 15% de margen ideológico a la hora de votar.

Y no voy a seguir porque se me ocurren más condicionantes que seguirían reduciendo el porcentaje, pero como me parece feo usar números negativos en un análisis político… me voy a callar.

Si a unas elecciones le quitas la base ideológica te queda como mucho la costumbre de voto y la opinión sobre el líder, así que podríamos ahorrarnos la pasta que nos cuestan los procesos electorales y hacer unas cuantas entrevistas a los líderes de cada cual, rularlas por las televisiones, radios, webs de información, etc. y, con eso, nos iríamos apañando.

Con estas premisas anteriores, mi análisis sobre las elecciones griegas, dado que yo allí no tengo ninguna costumbre de voto, tendría que haberse reducido a qué tal me cae Alexis Tsipras, porque el si me parece creíble o no cuando una semana después se haber ganado ya hemos pasado de “no vamos a pagar la deuda” a “sí que la pagamos si nos mejoráis un poquito las condiciones” pasa a ser otra cuestión baladí, como la de la ideología. Y, como resulta que le he visto sólo un par de veces (que hay perfiles de meetic que me sé mejor)… pues no puedo opinar.

Así que mi análisis de las elecciones griegas queda reducido a… a mí es que no me han presentado a Alexis Tsipras.

Y ahora es cuando vamos a llegar al hijocentrismo. Porque yo gran parte del desarrollo mental que he descrito, ya lo tenía hecho el lunes pasado. Hecho mentalmente nada más, y  sólo me quedaba traspasarlo a escritura en el blog. Así que tempranito en la tarde, nada más terminar mis obligaciones, me senté al ordenador, lo encendí…

Y ese preciso momento es el que eligió uno de mis hijocentros para aparecer y contarme que tenía que entregar un trabajo al día siguiente y que por favor, por favor, por favor necesitaba él el ordenador toda la tarde. Así que mi yo analista político recogió velas y dejó el ordenador al hijocentro mayor. A las horas en las que me devolvió el turno mi yo analista político había desaparecido y sólo me quedaba un yo agotado… en gran parte por culpa de las elecciones griegas, Tsipras, Syriza y mi par de hijocentros.

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Un pensamiento en “Por culpa de Tsipras y el hijocentrismo

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