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Mi hijo ha empezado a mentir para evitar llevarse broncas o castigos. Pero aún no es muy bueno con los argumentos que emplea para sustentar sus trolas, tan inverosímiles que normalmente logro una confesión completa en segundos. Enseguida le puede la presión. Como el otro día: ¿Por qué estabas en el centro comercial cuando tendrías que estar yendo a natación? Es que como iba tarde me fui a coger el autobús allí. Pero si está más lejos que tu parada normal, justo en el portal de casa. Ya, es que la del centro comercial lleva minutero y así sé lo que falta para que llegue… claro. ¿Y por qué tu toalla no huele a cloro, aunque esté mojada? No hay respuesta. Confiesa: ¿cuánto tiempo llevas sin ir a natación? Baja la cabeza: un mes, es que lo odio. Y ahí la tenemos, confesión completa. En fin, la ingenuidad de las primeras mentiras, ese pensar que el receptor es tonto y se lo va a creer, esa inverosimilitud argumentaria…

Pero eso, con el tiempo hay quien lo va puliendo, y en la edad adulta, hay personas que se han convertido casi en profesionales del engaño, tanto que, en ocasiones, logran durante casi toda su vida pasar por personas respetables, y son capaces de ofrecer argumentos tan sólidos como los siguientes:

Señora de Jordi Pujol, frente al Parlament: Mi hijo no compraba porches, ni lamborginis… mi hijo compraba las piezas sueltas y después lo hacía arreglar.

(lo normal, quién no ha ido alguna vez a algún desguace y ha preguntado ¿tienes un retrovisor de algún Ford Fiesta del 85, o un alerón de un Testa Rosa, que es la única pieza que me falta para completar el modelo).

Señora de Jordi Pujol, frente al Parlament: ¿Dinero nosotros? Si no tenemos ni cinco!!

(esta señora debe encabezar las colas de los comedores sociales)

Hijo mayor de Jordi Pujol: Yo no tengo cuentas en suiza. Los bancos hacen movimientos de los que yo no tengo conocimiento.

(atentos, que los bancos son así, en cuanto te descuidas te cobran comisiones y te abren cuentas en Suiza ….)

Esta familia es un filón. Será cosa de genética. No me extraña que, ante semejante derroche de imaginación y humor los miembros del Parlament no perdieran ni un ápice de interés, cosa que sí pareció ocurrirle a nuestra querida Celia Villalobos en el debate del Estado de la Nación. No me extraña, porque hay que reconocer que Rajoy estuvo bastante más soso a la hora de explicarse con historias. Alguien debería darle alguna idea más creativa, o al menos con un algún toque de humor, lo que sea con tal de ayudar mantener la atención del congreso. Menos más que existe el Candy Crush…. Por supuesto, doña Celia insiste en decir que leía la prensa.

A mí todo esto me irrita casi tanto como que me expliquen un chiste por el mero hecho de que no me haya hecho gracia. ¿Pero es que se piensan que somos imbéciles?

Es evidente que sí.

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4 pensamientos en “Ahora que vamos despacio

  1. Todavía me acuerdo de la primera y casi única mentira voluntaria de mi hijo, o mejor dicho, me acuerdo de mi disgusto porque me mintiera, la mentira en sí no era importante, fue una dolorosa pérdida de la inocencia, la mía. Menos mal que no le cogió gusto. A diferencia de otros 🙂

    • Pues a mí no me sienta muy mal. Me hace gracia que mienta, y me produce ternura que lo haga tan mal. Me irrita que piense que me lo vaya a creer. Yo también las he dicho, como el clásico hoy me quedo a dormir en casa de una amiga….

  2. Sí, tienes razón, lo que más rabia da ya no es tanto que mientan como que las mentiras sean tan malas. Como diría tu amigo pérez, es todo muy delirante.

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