Home

Desde que tengo uso de razón, que fue más o menos en la adolescencia, (antes de ese periodo crítico, contestatario y complicado crees en los reyes magos, el ratoncito Pérez, el ángel de la guarda y tus padres sin necesidad de prueba evidente) soy pacifista y antibelicista. Cuando todavía la mili era obligatoria acudía a las reuniones del MOC (Movimiento Objetor de Conciencia) y me manifestaba contra cualquier guerra o invasión. Me parecía tremendamente injusto y discriminatorio que por el hecho de ser hombre tuvieras que regalarle un año y media de tu vida al Estado, y tenía muy claro que si fuera hombre no iría.

Mi padre era militar, con lo que conozco de cerca lo que podríamos llamar los privilegios de la casta militar, los veraneos casi regalados en residencias militares a lo largo de todo el territorio español, cuyo personal de limpieza, mantenimiento, cocina, etc. eran los soldados que en ese momento hacían la mili (por barata que fuera la estancia, más barato eran los costes de personal, no era mal negocio), los hospitales militares, colegios, centros recreativos… Cualquier hombre de cierta edad que haya hecho la mili sabe que al oficial de alto rango se le arreglaba el chalet con mano de obra gratis, o que el encargado de las compras para los comedores se llevaba pasta a costa de servir mala calidad y se de lo que hablo por que en el colegio al que iba (para hijos de militares) se servía la misma comida que a los soldados de la base cercana.

Pero eso fue hace muchos años. El ejército se modernizó, se profesionalizó, casi toda la vieja guardia paso a la reserva, la mujer se incorporó a las fuerzas armadas, sus actuaciones en desastres naturales, salvamentos y para salvaguardar a la población civil es ejemplar…

Pues no, Zaida (como otras) ha demostrado que no ha cambiado tanto, y no por el acoso sexual, que existiendo en el mundo laboral civil, sorprendería que no se diera en el militar, sino por la respuesta posterior, por ese cerrar filas en torno al mando “ultrajado” por una mujer, por el juicio público, por una oficial inferior. Ese mobbing atroz tras la sentencia, cuando todo debería haber pasado, porque ella había ganado, ella tenía la razón. Reconozco que me impactó su temblor en la voz, la ansiedad que le causaba el teniente coronel Lezcano a alguien acostumbrada a situaciones de conflicto real.

La declararon en el juicio del teniente coronel Lezcano solo me produjo asco y una profunda indignación.

Que la comandante Cantera escribiera personalmente al ministro pidiendo ayuda, y que éste ayer se limitara a saludarla cortésmente sin darle ninguna respuesta concreta excepto frases preparadas y leídas como “Tenemos una política de tolerancia cero frente al acoso” y “es nuestra intención promover la igualdad entre hombres y mujeres” da muestras de lo que importa realmente a nuestro ministro de Defensa, y no es precisamente la igualdad real ni la justicia en las Fuerzas Armadas, esas de las que le acusa de mancillar su imagen.

Como escuché ayer en varias declaraciones, hay faltas y delitos que deben ser juzgados por tribunales militares en cuanto corresponden a actos relacionados con lo militar, pero hay delitos como el que ocupa este caso que deberían ser juzgados por la Justicia Ordinaria, fuera de la jurisdicción militar, sin rangos ni jerarquía entre fiscal, juez, acusado, testigos y víctima que puedan perjudicar el proceso.

Volviendo a mi reflexión del principio, sigo pensando lo mismo del ejército, (de todos los ejércitos), es una institución que anula al individuo como persona y que utiliza muchas veces mecanismos de manipulación psicológica para perpetuar jerarquías y abusos, que a su vez puede producir soldados desnaturalizados que en momentos de conflicto actúen de manera cruel, creo además que es el gran cliente de la industria armamentística y que determinados grupos y corporaciones por puro interés financiero, económico y geo-político manejan conflictos y los utilizan en guerras innecesarias que destruyen vidas, recursos y países.

Y de eso debe saber mucho nuestro ministro de Defensa, Morenés, fuertemente vinculado a empresas del sector armamentístico.

Como dijo Groucho Marx: la justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”.

Paz y amor

Anuncios