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Esos asesores temáticos con los que convivo hoy han zanjado mis dudas sobre mi artículo de hoy con un sorprendente y simple mandato: “escribe sobre Euler”…. y allá voy.

Muchas veces nos habéis preguntado por el nombre del Blog o, ahora que lo resumimos con una sóla palabra… ¿qué es eso de Euler?  Y Euler no es una cosa, era un señor 😉 Un señor eminente, matemático, estudioso que, aparentemente nada tiene que ver con nosotras más que por haber sido el descubridor de la existencia de una línea recta que, en los triángulos, unía a sus tres centros: el ortocentro, o punto en el que coinciden las tres alguras, el circuncentro, o punto en el que se juntan las tres mediatrices y el baricentro, o punto de intersección de las tres medianas. Línea recta que, al conjugar la unión de un trío de puntos que, a su vez, eran la confluencia de otras tres líneas, nos sirvió de inspiración para nombrar al blog.

Y alguien, no matemático seguro (y con un optimismo rondando lo patológico, por otra parte) podría pensar… pues sí que van a hacer estas famoso al tal Euler con su blog… pues no, nada que ver, este señor era ya bien famoso por ser una gran eminencia antes de que le robáramos el nombre de su línea. Es verdad que el ambiente en el que es famoso no es de los que más salen en los medios audiovisuales y que no se suele hablar de él en las tertulias televisivas pero famoso, famoso ya era y  lo era incluso cuando vivía.

Leonhard Euler nació en Basilea en 1707. Era hijo de un pastor calvinista que esperaba que su hijo siguiera sus pasos profesionales pero, mientras tanto, le hizo estudiar matemáticas, medicina, astronomía, teología, física, lenguas orientales… (doy en suponer que también tenía una madre pero, en las biografías que he leído, curiosamente no han dejado constancia de ello).

Trabajó en la Academia de Ciencias de San Petersburgo en Rusia y, a los 26 años, volvió a Basilea para ocupar la cátedra de matemáticas en su universidad. Por entonces también se casó y, entre tratado y tratado, el hombre ayudó a engendrar trece hijos (que seguro hubieron de ser muy educados o su padre un prodigio en las técnicas de la concentración en ambientes adversos). Pasó unos años en Berlín y una segunda temporada en San Petersburgo, sin dejar de trabajar y de escribir artículos, tratados, reseñas o incluso cartas (con lo raro que es eso ahora).

También era un prodigio su memoria, numérica y verbal, porque dicen las crónicas que igual recitaba la Eneida que las potencias de los números primos. Pero lo mejor de lo mejor, que por eso llegaría a ser seguro la eminencia que fue, era su tesón y espíritu de superación, porque, de tanto leer y trabajar, antes de los 30 años ya había perdido la visión de un ojo y en los últimos años de su vida llegó a sufrir una ceguera total. Pero él no dejó de trabajar, en sus fórmulas, en sus polinomios, en sus constantes, en sus integrales, en sus líneas…

Y el caso es que, al leer varias de sus biografías resumidas en diversas webs,  me ha parecido curiosa esa prodigalidad literaria del matemático, y ahí he querido buscar alguna analogía con nosotras, alguna similitud para afianzar la identificación del título del blog con sus autoras.

Así que, después de este trabajo de investigación, bien me parece que nos titule un hombre listo, muy listo, tenaz, creativo, prolífico, con afición casi obsesiva por la publicacion de sus descubrimientos,se parezca o no a nosotras.

En cualquier caso, siendo tan listo y tan estudioso, y con una familia tan amplia, lo que de seguro tenía era una paciencia infinita. Paciencia que seguro le permitiría pasar por alto el que a  tres articulistas unos cuantos siglos después de su muerte les haya dado por robarle una de sus líneas. Una chiquita si eso, maestro.

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3 pensamientos en “De Euler en Euler

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